21 de julio de 2014

Una mancha en la camisa y otras






el último de la fila en la senda que regresa
a la casilla de madera.
El pudor no resistió la embestida.
El último de la fila, mojado,
y, en la zozobra,
a favor, el cielo gris, aplastante,
niebla que indiferencia o desdibuja los eucaliptus
y a una pared en el medio de ninguna otra.
Se me ocurre, un ladrido afónico
y algunas sentencias simples
que omitiría porque el alma no está para bollos.

Una mancha en la camisa,
esta otra
y la más indeleble, sin domicilio, que huele a antisépticos

Hubiera pedido permiso
a la continuidad infinita de una pierna tras otra
y librar lo incontenible bajo las gradas.
No sucedió. Ahí estoy,
esperando a la vez
al payaso y al Expendedor de Permisos.



© Pedro Donangelo



Imagen: www.caminoalasestrellas.wordpress.com


20 de julio de 2014

Milo de Angelis
















Contar los segundos, los vagones del Eurostar, verte
bajar del número nueve, el carro, la sonrisa,
la ansiedad, la noticia, la gran noticia.
Esto ocurrió, en 1990. Ocurrió, sin duda
ocurrió. Y antes aún, la zambullida en el Ticino,
mientras la pelota desaparecía. Ocurrió.
Vimos lo abierto y lo escondido de un instante.
Las hadas regresaban a las viviendas, el huracán
llenaba un cielo alucinado. Cada cosa estaba allí,
desierta y llena, para nosotros que aguardamos



//



En el verano del tiempo humano, en el último verano,
existían todas las carreteras. La Prenestina
con sus cinturones de ronda alcanzaba el mar
de Tarento viejo y los jardines de Puerta Venecia,
geografía de uniones inesperadas, tiempo que no se pierde,
todas las carreteras, todos los amores sumergidos en uno sólo
y renacidos, todos los pasos delante del portal, las miradas
en el portero automático, todas las voces, los acentos, las sílabas,
tú que salías sonriente con tu gorra de pelo
y caminabas decidida hacia un autobús.





Contare i secondi, i vagoni dell’Eurostar, vederti
scendere dal numero nove, il carrello, il sorriso,
il batticuore, la notizia, la grande notizia.
Questo è avvenuto, nel 1990. È avvenuto, certamente
è avvenuto. E prima ancora, il tuffo nel Ticino,
mentre il pallone scompariva. È avvenuto.
Abbiamo visto l’aperto e il nascosto di un attimo.
Le fate tornavano negli alloggi popolari, l’uragano
riempiva un cielo allucinato. Ogni cosa era lì,
deserta e piena, per noi che attendiamo.



//



Nell’estate del tempo umano, nell’ultima estate,
c’erano tutte le strade. La Prenestina
con le sue tangenziali raggiungeva il mare
di Taranto vecchia e i giardini di Porta Venezia,
geografia di unioni insperate, tempo che non si perde,
tutte le strade, tutti gli amori immersi in uno solo
e rinati, tutti i passi davanti al portone, gli sguardi 
sul citofono, tutte le voci, gli accenti, le sillabe, 
tu che uscivi sorridente con il tuo colbacco 
e camminavi decisa verso un autobus.






Contare i secondi, i vagoni dell’Eurostar, vederti
scendere dal numero nove, il carrello, il sorriso,
il batticuore, la notizia, la grande notizia.
Questo è avvenuto, nel 1990. È avvenuto, certamente
è avvenuto. E prima ancora, il tuffo nel Ticino,
mentre il pallone scompariva. È avvenuto.
Abbiamo visto l’aperto e il nascosto di un attimo.
Le fate tornavano negli alloggi popolari, l’uragano
riempiva un cielo allucinato. Ogni cosa era lì,
deserta e piena, per noi che attendiamo.



//



Nell’estate del tempo umano, nell’ultima estate,
c’erano tutte le strade. La Prenestina
con le sue tangenziali raggiungeva il mare
di Taranto vecchia e i giardini di Porta Venezia,
geografia di unioni insperate, tempo che non si perde,
tutte le strade, tutti gli amori immersi in uno solo
e rinati, tutti i passi davanti al portone, gli sguardi 
sul citofono, tutte le voci, gli accenti, le sillabe, 
tu che uscivi sorridente con il tuo colbacco 
e camminavi decisa verso un autobus.




Milo de Angelis (1951, Milán, Italia)
Fuente: www.panoramacultural.net
Traducción: Emilio Coco

Imagen: www.poetsatwork.org



19 de julio de 2014

Valery Larbaud



La rue Soufflot (Paris)


Romance para el abanico de Madame Marie Laurencin



Nuestra breve jornada pronto habrá terminado: los últimos
años se abren ante nosotros como estas calles;
y el colegio sigue estando allí, y esta plaza
en cuadrículas, y la vieja iglesia en la que hemos visto
entrar muerto a Verlaine. En el fondo, a pesar del mar
y de tantos caminos, jamás hemos salido
de aquí, y toda nuestra vida habrá sido
un pequeño viaje en círculos y zigzags por París.
E incluso después, aquí nos quedaremos,
invisibles, olvidados, pero siempre habitando
la ciudad de la infancia y del primer amor,
con el asombro de los doce años y del encuentro,
que aún nos hace murmurar entre el gentío:
“Porque sabes que siempre te he querido.”
y un transeúnte, que me ha oído, se da vuelta.





Valery Larbaud (1881 / 1957, Vichy, Francia)
Fuente: www.literaturaytraducciones.blogspot.com
Traducción: Fernando Ilucik y Emmanuelle Briere
Imagen: www.ville-vichy.fr


La rue Soufllot



Notre petite journée sera bientôt finie: les dernières
Années s'ouvrent devant nous comme ces rues;
Et le collège est toujours là, et cette place
Quadrillée, et la vieille église où nous avons vu
Entrer Verlaine mort. Au fond, malgré la mer
Et tant de courses, nous ne sommes jamais sorti
D'ici, et toute notre vie aura été
Un petit voyage en rond et en zigzag dans Paris.
Et même après, nous resterons encore ici,
Invisible, oublié, mais habitant toujours
La ville de l'enfance et du premier amour,
Avec l'étonnement des douze ans et de la rencontre,
Qui nous fait murmurer encore dans la foule:
“Porque sabes que siempre te he querido.”
Et un passant, qui m'a entendu, se retourne.


13 de julio de 2014

Valerio Magrelli




Si para llamarte tengo...




Si para llamarte tengo que discar un número,
dispones los lineamientos
en la combinación a la que respondes.
El tres que se repite,
el nueve en tercer lugar,
indican algo de tu rostro.
Cuando te busco
tengo que dibujar tu figura,
debo hacer nacer las siete cifras
análogas a tu nombre
hasta que se abra la caja-
fuerte de la viva voz.

De pronto, mientras te estoy llamando,
la interferencia alterna el diálogo,
la multiplica, abre una perspectiva
dentro del espacio oscuro
del oído.
Me veo vertical, sonámbulo,
en equilibrio sobre una fuga de voces
gemelas, enlazadas una con la otra,
sorprendidas por el contacto.
Siento la lengua del animal ctonio,
la horrible trenza de palabras, frases, el monstruo
policéfalo y deforme que me llama
desde las profundidades.




Valerio Magrelli (1957, Roma, Italia)
De: "Nature e venature" (Mondadori, 1987)
Traducción: Guillermo Piro

imagen: www.italian-poetry.org




Se per chiamarti devo fare un numero/tu ti transformi in numero,/disponi i lineamenti./Il tre che si ripete,/il nove al terzo posto,/indicano qualcosa del tuo volto./Quando ti cerco/devo designare la tua figura,/devo fare nascere le sette cifre/analoghe al tuo nome/finché non si dischiuda la cassa-/forte della viva voce.//Di colpo, mentre sto telefonando,/l'interferenza altera il dialogo,/ lo moltiplica, apre una prospetivva/dentro lo spazio buio/dell'udito./Mi vedo verticale, sonnambolicco,/in bilico su una fuga si voce/gemelle, allacciate una all'altra,/sorprese nel contatto./Sento la lingua della bestia ctónia,/lórrida treccia di parole, frasi, il mostro/policefalo e difforme che chiama me/dalle profonditá.




11 de julio de 2014

Cacofonía


Empiezo a leer "Tres veces al amanecer", de Alessandro Barrico (Editorial Anagrama), y antes de pasar a la  siguiente página, el primer cortocircuito: "Tenía así una forma de caminar un si es no es cansado, y de sujetar...". Dependencia, libros importados, traductores importados.
Cada día me cuesta más leer prosa, sometido por la poesía, por el televisor y la pereza de atender sucesos en el tiempo. A veces, empiezo un libro de poesía por la ultima página. 

10 de julio de 2014

Vladimir Amaya


Como tú, viene





Viene como canción
de agosto en martes sin voces,

como viaje intermitente
de sobresaltos y llagas abiertas,

como aroma
que arde hasta el tuétano,
bajo los ojos.

Es una avalancha
de acusaciones sin motivo,
como viene.

Viene y fantasea triturarme,
al acercarme a ella lo consigue.

Escudriña los costados del vencido,
desvalija algunos mentones.
Pinta misterios y calabozos, cuando viene.

Sabe, y no conoce
del amor que comprime al mundo.
Viene como oración olvidada.
A cada pecho llega como latido inmóvil.

Viene como lágrima desmesurada lejos de su gruta.
Con la indiferencia de una nube que se marcha,
es como ella siempre viene.

Excedida por el encanto de los atardeceres,
penetrada de un sabor peregrino
a musgo y anillo recuperado.

Va estirando los hilos de una muerte advertida.
Recortando distancias entre las columnas.
Viene como sed de mayo
en viernes de colmena agitada.

Como se dan las cartas de oros
Y como piedra tallada en el recuerdo,
como fruto prohibido tan cerca
de mi pecado ¡Viene!.
Viene como grillo de pálida orquesta.
Como excusa espesa de lo no dicho antes.

Después de todo, es por mí
que desde el centro de los horizontes
cabalgando sobre ella misma viene.

Como mar desbocado.
Como ciudad alarmada.
Como sueño recurrente…

Viene después de nada,
a dejarme las huellas


de su eterno retorno…




Vladimir Amaya (1985, San Salvador, El Salvador)
Fuente: www.artepoetica.net
Enlaces: Poetas salvadoreños, aquí

Imagen: www.artepoetica.net



9 de julio de 2014

Bei Dao














Este día





el viento sabe lo que el amor es
el verano del día destella majestuosos colores
un solitario pescador examina
la herida del mundo
una campana oscila violenta y se inflama
gente corretea en la tarde
asumiendo las consecuencias del tiempo
alguien se inclina hacia el piano
alguien carga la escalera del pasado
el adormecimiento se pospone unos minutos
sólo unos minutos
el sol indaga la sombra
y bebiendo agua de un espejo lustroso
veo al enemigo

en medio de un viejo buque petrolero
la canción del tenor enfurece al mar
a las tres de la madrugada abro una lata
y pongo al fuego algunos peces




Bei Dao (Seudónimo de  Zhao Zhenkai, 1949, Beijing, República Popular China)
Fuente: www.festivalinternacionaldemedellin.org

Imagen: www.thechinaastory.org


8 de julio de 2014

Viaje urbano




la voz

del ánfora azul a contraluz,
la voz propia

que perdí.

El ascensor
me deposita en el 3er. piso
como
una caja ambulante
y semivacía.

La voz que perdí

de las cosas.

Pavor
al último número del tablero.

Ud. viaja

directo al Paraíso.


©Pedro Donangelo

5 de julio de 2014

Liliane Wouters























Para vivir, hay que plantar un árbol,
tener un hijo, construir una casa.

Yo solamente he mirado el agua
que corre diciéndonos que todo fluye.

Yo solamente he buscado el fuego
que arde diciéndonos que todo se extingue.

Yo solamente he seguido el viento
que huye diciéndonos que todo se pierde.

Yo no he sembrado nada en la tierra
que aguarda diciéndonos: yo los espero.




Liliane Wouters (1930, Bruselas, Belgica)
Fuente: www.circulodepoesia.com




Pour vivre, il faut planter un arbre, il faut
faire un enfant, bâtir une maison.

J’ai seulement regardé l’eau

qui passe en nous disant que tout s’écoule.

J’ai seulement cherché le feu

qui brûle en nous disant que tout s’éteint.

J’ai seulement suivi le vent

qui fuit en nous disant que tout se perd.

Je n’ai rien semé dans la terre

qui reste en nous disant : je vous attends.




Imagen: www.dbnl.org

4 de julio de 2014

Zhivka Baltadzhieva



Fotografía digital





Sentada en un banco en la sombra,
en la plaza empedrada de la iglesia de San Demetrio,
en Sliven, mi сiudad, mi paisaje genético,
siento el sol y el aguacero
de lo que ya ha pasado, de lo que pasará.
Aunque nunca pudo ser pronunciado mi amor
y tampoco mi amargura,
las nubes, los árboles, las blancas paredes de las casas de antaño,
los nuevos edificios de cristal y plásticos inteligentes,
las pequeñas flores que burlan el pavimento,
los sobresaltados pájaros del horizonte,
los transeúntes y los ausentes
silabean su fervor sin darse cuenta.
Solo que la piel de la vida y de la muerte se eriza.
Y entonces, el aire sopla levemente
y apacigua el paisaje.




Zhivka Baltadzhieva (1947, Sofía, Bulgaria)
De: Fuga a lo Real, Amargord Ediciones, Madrid, 2012
Fuente: www.verbanent.blogspot.com

Imagen: www.casabalcanes.com




1 de julio de 2014

Martín Moureu




Nacimiento del agua





Sin motivo aparente se interrumpe
la trasmisión de Direct TV dejando
un fondo lluvioso de pantalla.
Otra vez un documental de ballenas
que no termina como uno quiere.
Quizás una respuesta nos observe
desde la repisa. Agua: anunciaba
la virgencita que cambia de color
según el clima. ¿Quién podría
rechazar esa verdad revelada?
Por lo pronto, resignarse a una noche
sin tele, no queda otra, recalentar
los fideos a baño maría,
acostarse temprano en la cama
esa, herencia de mamá, placentera,
debe afectarte de un modo
parecido a la gravitación
del mar cuando dormimos
a dos cuadras de la playa.
Agua: un vaso junto a la alarma
del celular. Ponés la radio
sin sintonizar ninguna estación,
sumergirse en una lluvia
finita que te hace dormir.
Como las ballenas, la realidad muere
aplastada por su propio peso.
Conforme tu cuerpo se concentra
en posición fetal, entrás a soñar,
a recordar en sueños la placenta,
el nado prenatal, lo que sueñan
los bebés entre la panza.
.........................................Pero
no llores si despertás, de golpe
extraviado, tomate el vaso de agua
mineral, asomate a la superficie
y respirá hondo, tomátelo
con calma que esas interferencias
no significan una tormenta eléctrica,
apenas un mensaje de texto
cae atravesando la radio,
con una cadenita de la virgen
maría desatanudos o una de esas
que te conceden los tres deseos.





Otros poemas de Martín Moureu, aquí
Imagen: Facebook




28 de junio de 2014

Juan José Saer

Lesconil





Lo otro viene en esos barcos livianos
desde el crepúsculo, hacia el puerto, en el sol
de invierno:
                 lo otro -lo que tiene nombre,
moviéndose fuera de tu silencio
                                               innominado:
más allá, afuera, afuera, en la intemperie
sin pensamiento, sin recuerdos, sin en sí,
como un toldo de feria
                                  en la plaza del mercado
que un viajante contempla, una mañana,
desde su cuarto de hotel, en la planta alta.
Los otros son esos barcos, ese mar, esas caras
de sal y sangre, que vuelven, cada día,
a contemplar, en tierra firme, su naufragio.
Visión rugosa
que atraviesa tu mar liso;
máquinas de oro duro
que lo indeterminado, adentro, aniquila.





Juan José Saer (1937, Serodino, Santa Fe, Argentina / 2005, París, Francia)
De: "El arte de narrar", Universidad Nacional del Litoral,1988

Imagen: www.marianelaalegre.blogspot.com