21 octubre 2018

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Derek Walcott


Si estuviese aquí, en este cuarto blanco, en este hotel...



Si estuviese aquí, en este cuarto blanco, en este hotel,
cuyas bisagras permanecen calientes, incluso bajo el viento marino,
te repanchigarías, dejado inconsciente por la hora de siesta;
no podría levantarte la campana de la resurrección
ni el gong del mar con su retintín plateado, seguirías echado.
Si te tocaran sólo cambiarías esa posición por la de un corredor en el
maratón del sonámbulo. Y te dejaría dormir. Las cosas se desploman
gradualmente
cuando el despertador, con su batuta de director,
empieza a la una: las reses doblan las rodillas
en los pastos tranquilos, sólo el rabo de la yegua se menea,
dándole con el plumero alas moscas, melones borrachos caen rodando
a las cunetas, y los mosquitos siguen volando en espiral a su paraíso.
Ahora el primer jardinero, bajo el árbol de la sabiduría,
olvida que es Adán. En el aire acostillado
cada parche de sombra se dilata como un oasis
por la fatigada mariposa, una laguna verde para fondear.
Playa blanca abajo, calmada como una frente
que ha sentido el viento, un estatismo sacramental
te traería el sueño, que es la corona del verano,
el sueño que divide sin rencor a sus amantes,
el sudor sin pecado, el horno sin fuego,
el sosiego sin el auto, el agonizante sin miedo,
mientras la tarde retira esas barras de la ventana
que rayaron tu sueño como el de un gatito, o el de un prisionero.



Una vez les di a mis hijas...



Una vez les di a mis hijas, por separado, dos caracolas
extraídas del arrecife, o vendidas en la playa, no me acuerdo.
Las usan como topes de puerta o reposalibros, pero sus paladares,
húmedos y rosados, son el canto insonoro de ángeles.
Una vez escribí un poema llamado «El Cementerio Amarillo»
cuando tenía diecinueve. La edad de Lizzie. Tengo cincuenta y tres.
Esos poemas que he alzado no se vinculan a traducción alguna
como si fueran hitos musgosos; cada uno baja como una piedra
al fondo del mar, asentándose, pero déjalos yacer, con suerte,
donde las piedras están profundas, en la memoria marina.
Déjalos estar, en agua, como mi padre, que hacía acuarelas
se adentraba en su trabajo. Llegó a ser una de sus sombras,
dubitante y difícil de ver bajo la luz solar del verano.
Se llamaba Warwick Walcott. A veces creo
que su padre, por amor o bendición amarga
lo llamó así en honor de Warwickshire. Las ironías
se mueven. Ahora, cuando reescribo un verso,
o esbozo en el papel que se seca rápido las frondas de cocos
que él hizo tan tenuemente, las manos de mi hija se mueven en las mías.
Las caracolas se mueven por el fondo marino. Acostumbraba a mudar
la tumba de mi padre de las ennegrecidas lápidas anglicanas
en Castries adonde pudiera amar a los dos a la vez-
el mar y su ausencia. La juventud es más fuerte que la ficción.



Otros poemas de Derek Walcott, 
Traducción: Vicente Araguas
Enlaces: http://www.ddooss.org/documentos/poesia/Derek_Walcott.htm
Imagen: Global Voices


18 octubre 2018

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Ciclo de poesía en la Biblioteca


Mónica Tracey 


Hay ramas que se yerguen rectas
para beberse toda la luz y todo el cielo
cuando nada ni nadie las distrae
son voraces con lo abierto
beben el néctar gloriosas lo muestran
vivas como nunca nunca tan bellas
bellas hojas oxidadas
bellas ramas desnudas
bellos troncos encendidos
bello el amor de los árboles y el tiempo.


Densa niebla blanca
sobre el campo
corredores de luz entre la niebla
dicen que sólo se ve lo que espeja
lo que llevamos dentro
corredores de luz entre la niebla.


Integró los grupos de poesía “El sonido y la furia” y “Nosferatu”, fue fundadora de la revista de poesía Último Reino. Ha publicado en poesía A pesar de los dioses (1980), Celebración errante (1987), Hablar de lo que se ama (1990), Hablo en lenguas (1999), Sobre la espalda del cielo (1999) y Hay que dejar de ser hermosa (2018).


Eugenia Straccali


Fedra

(Pintura sutil)

Miro:
los huesos dispersos del monstruo
la sangre también
es del Minotauro
¿la ves?
Yo pude verla
sobrevolando el laberinto.
Ningún dios escuchó los gritos
ni evitó el rapto a plena luz del día.
Ariadna se lamenta
está pálida
puedo verla
mientras huele
los restos del animal,
y su hombre se va
sin retrato
es
una silueta leve
se oscurece la imagen
ya no se ve
no
no.
Ahora sí soy la elegida:
Fedra.
El cazador
es el asesino
estoy quieta
sombra inmóvil
¿me ven?


Fedra cincelada

(Grabado sobre metal)

Fedra
está sentada ahora
en el límite del cielo
que la cubre
(ningún dios respira sobre el mundo)
su cabeza cae sobre sus manos
teñidas de vino
de su boca entreabierta
sale una respiración sonora.
Como si durmiera despierta.
Mientras…
Hipólito está cruzando el bosque
en sus ojos
ha herido a un siervo
Artemisa y sus ninfas lo escoltan
Fedra se cubre la cara
no puedo llorar, dice
Yo tampoco te digo
si llegan pesadillas
despertame
(no cuento todo lo que sueño).
Si me quitan las imágenes
y quedo muerta
¿cómo?
¿es él?
no
no
puede desvanecerse
detrás de las lámparas
viendo mi espalda
tatuaje letal.
Ya llega
otra vez
el séquito espectral de Hécate.
No
soy yo
tampoco
la que lo persigue
mirándolo
su caballo negro
está muerto
iluminado
es una extraña visión
como este poema que ella escribe.
De todos modos
estoy abismada.
Soy Fedra.


Eugenia Straccali (La Plata-Argentina, 1970). Poeta, actriz, dramaturga y crítica de poesía. Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). En la actualidad se desempeña como profesora de Teoría literaria e investigadora en el Centro de estudios de Teoría y crítica Literaria de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la misma universidad; y trabaja en su tesis doctoral “Experiencia e imagen en la poética de Raúl González Tuñón”. Ha publicado en poesía Abismadas (2016), Ninfas (no musas) (2017) y El abecedario de los árboles (inédito); y en obras de dramaturgia Electra, ¿es posible matar a un muerto? (2010) y Antígona, ningún dios respira por el mundo (inédito).


Graciela Batticuore 


31 de Diciembre


Veo a mi padre
frente a la parrilla enorme del patio de su casa
en una noche estrellada como ésta,
esperábamos que dieran las doce
para brindar.
Ahora la noche es profunda
en medio de otro patio,
mi hijo sonríe. Esta tarde
cocinamos galletas él y yo
con forma de estrellas,
las pintamos de plateado,
las servimos en fuentes de loza blanca
junto a las copas de champagne más altas.
La mesa se iluminó, de pronto,
como entonces,
el mundo volvió a girar
y ya no hubo antes ni después,
solo presente ahora.


Enero


El agua golpea sobre el cuerpo
de mi hijo.
Tiene doce años y ríe
sin parar, semidesnudo en la mitad del patio.
Nos rodea el verde,
la hiedra en los muros,
la tierra en los canteros de cada esquina.
De pronto el agua es una bendición,
y en este cuadrante del mundo
que nos contiene a los dos,
todo lo demás se escurre.
Sólo su risa
irrefrenable
sacude mi corazón como campanas
en lo alto de una iglesia.
Su risa es sagrada,
el agua brillante sobre la piel morena.
Yo me quedo sorda y ciega hasta saciarme
nada más contemplándolo.

Ahora mi hijo baila de felicidad
y me pide que le arroje otro balde,
y después otro más y otro que lleno hasta el tope.
Estamos solos
él y yo, bajo el fulgor
de este día de verano.
Ya descendieron los dioses
para saludarme, lo sé.
Es el año nuevo.



Graciela Batticuore nació en Buenos Aires, el 23 de agosto de 1966. Publicó en 2014 su primer libro de poesía: "Cuaderno de espera" (Del Pétalo), siguieron "Sol de Enero", en 2015 y "La noche", en 2016 (Ediciones del Dock) y el "Fin de la noche". También es autora de ensayos de crítica literaria, entre otros: Lectoras del siglo XIX. Imaginarios y prácticas en la Argentina (2017, Ampersand), Mariquita Sánchez bajo el signo de la Revolución (Edhasa, 2011), La mujer romántica. Lectoras, escritoras y autores en la Argentina (Edhasa, 2005), El Taller de la escritora. Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti: Lima-Buenos Aires (Beatriz Viterbo, 1999)

Ciclo de poesía en la Biblioteca San Isidro, 9 de julio 501, San Isidro, Provincia de Buenos Aires
OCT 19 19:30 


16 octubre 2018

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El laberinto según quien recorre estos días

Pedro Donangelo



Me dice la red:
"No habrá nunca una puerta" (hasta aquí
Borges)
y aquí,
el pensamiento que rema insistente
sobre el reflejo de una ventanilla
Dueto de luces de los autos avanzando
hacia un punto cardinal incierto
¿reverso del sur me aproxima Borges?
Un hilo, la cuadrícula de la ciudad
no me aproximan
al deseo de mis días,
inconformes en un cuerpo casi abatido
que tropieza con otros
entre las estanterías y casetas de un supermercado



Pedro Donangelo


15 octubre 2018

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Matthew Sweeney


La casa-sombra 



Mientras su hija lo mira desde la puerta
ella no puede darse cuenta exactamente
si lo entiende bien – cómo cada vez
que él carga su mochila hasta el ómnibus
acabará el día en otra casa
donde otra hija lo espera.
Y otra esposa lo va a abrazar,
como su madre lo hizo ahora,
y los tres entrarán a la casa.
Lo que no sabe, su hija, es dónde –
en algún rincón de Connecticut,
en alguna isla atlántica – no hay guías,
y ella no preguntará nunca.
¿Y su hermana-sombra se le parece?
¿Es rubia, es su madre rubia,
hablan inglés, acaso su padre
ha ocultado un idioma durante años?
¿Y lleva a su otra hija
 a largos paseos por los bosques
y le cuenta de sus viajes,
de la gente con la que se ha encontrado, de sí mismo?
Hay tanto sobre su padre
que ella ignora y tan poco tiempo
entre sus ausencias, como para aprenderlo.
¿Sabe su hermana-sombra algo de ella
o está empezando a sospechar?
¿Cuál de las dos es la casa-sombra?



The Shadow Home

As his daughter watches from the doorway 
she can’t realise how exactly 
she has got him right – how each time 
he carries his kitbag to the bus 
he will end his journey at another house 
where another daughter will wait for him. 
And another wife will embrace him, 
as her mother did just now, 
and all three will go inside. 
what she doesn’t know, his daughter, is where – 
some corner of Connecticut, 
some Atlantic island – there are no leads, 
and she would never ask. 
And does her shadow-sister look like her? 
Is she blonde, is her mother blonde, 
do they speak English, has her father 
hidden a language for years? 
And does he take his other daughter 
on long walks through the pines, 
and tell her about his travels, 
about the people he’s met, about himself? 
There is so much about her father 
she does not know, and so little time 
between his absences to learn it. 
Does her shadow-sister know about her, 
or does she begin to suspect? 
Which of the two is the shadow home?



Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Matthew Sweeney, aquí
Imagen: Iris News


14 octubre 2018

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Marcelo Díaz: Es cierto: hay flores.



Flores

a Sonia Scarabelli

Es cierto: hay flores
que prefieren abrirse sobre aguas oscuras
los pensamientos
también son flores
de algún modo soy el tallo
que alguien arrancó
sin miedo
arrastrado
por el río de la culpa
y cuando las hojas
lleguen a la orilla
digo, cuando el barro
las devuelva a su primera forma
no sé en qué lugar
estaré
y si así no fuera
si el barro
si las hojas
no se encontraran
en lo real
sino aquí
donde confundimos
agujeros con faltas
al unísono
con el canto de las chicharras
tampoco sé
lo que sucederá
con los lirios
y los ojos
maravillados
por el resplandor de los peces,
mi padre todavía lleva una tacuara
en su corazón
silbando, yéndose
en el viento
y qué de los errores del paisaje
reunidos
en la palma de tu mano
si aún desordenados
te recuerdan
una tarde familiar
donde las risas parecen extenderse
por todas partes
hasta que como un remanente
de vaya uno a saber qué
la circunferencia
de la alegría regresa
sin darnos cuenta
decía: hay flores
que prefieren abrirse
sobre aguas oscuras
pero hay otras
que buscan
no el contacto del aire
sino los claros
de la luz.



Otra forma de decir árbol



Antes confiaba en el aprendizaje
de los árboles, dije álamo, dije alerce, dije acacia
y así, nada que tenga sentido
puede prescindir de un nombre,
de mí se dirá: fuiste el barro
arrojado al vacío
y fuiste el vacío,
estuviste solo, fruto
de la nada, arraigado en el humus
como la lluvia,
¿vamos a dudar de aquello
que nos contaron? ¿de la narración
de las hojas muertas,
de la materia donde anudaste
el canto de los pájaros?
¿fuiste acaso el pájaro indiferente
que requiere otro cuidado?
¿o fuiste la soga para retener al pájaro
roto por dentro en la trampa
del presente? ¿quién
recuerda el filo
y quién recuerda la herida
cuando no quiere otra cosa
más que esclarecer el olvido?
¿te aprendiste la fábula
de los que partieron?
¿podemos amar aquello
que no tuvimos,
si es cierto que todo al final
se enciende?
Lo tuyo fue, y lo tuyo será,
recordar el mínimo efecto de la claridad
la voz del relámpago
con sus raíces a la intemperie,
y que no hay nada romántico
en lo que se precipita
a la primera luz del día.
En el interior de mi árbol
dejé un anillo
y en el interior del anillo
dejé un collar de oro
en esta formación de la lírica
como los racimos
y los frutales de los árboles
que todavía en la oscuridad
te alumbran
como si te hubiese tocado un rayo
o como si hubieses sido el rayo
antes que el ángulo de la sombra
creciendo desde la oscuridad
brotando desde la nada,
esta otra manera de decir
soy yo el contorno de las hojas
cuando arden, el árbol perfecto,
mudo, incandescente, labrado
en el aprendizaje inverso
de lo que es irreparable
y que aun así puede desatar un pájaro
de sus ramas
y que aun incompleto
puede reparar
cualquier daño anterior
perdurable como los milagros.


Otros poemas de Marcelo Díaz, aquí


13 octubre 2018

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Walt Whitman

Walt Whitman


“Canto a mí mismo"  (Traducción de Jorge Luis Borges)



Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás;
me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti,
Y tú no te rebajarás ante él.

Tiéndete en el pasto conmigo, desembaraza tu garganta,
No son palabras, ni música, ni versos lo que preciso, ni hábitos, ni
discursos ni aun los mejores,
Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave.

Recuerdo cómo nos acostamos una mañana transparente de estío,
Cómo apoyaste la cabeza sobre mis caderas y la volviste a mí dulcemente,
Y abriste mi camisa sobre el pecho y hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón desnudo,
Y te estiraste hasta tocarme la barba, y luego hasta tocarme los pies.

Velozmente se irguieron y me rodearon el conocimiento y la paz que
trascienden todas las discusiones de la tierra,
Y desde entonces sé que la mano de Dios ha sido prometida a la mía,
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío,
Y que todos los hombres que han nacido son mis hermanos, y las
mujeres mis hermanas y mis amantes,
Y que el sostén de la creación es el amor,
Y que son innumerables las hojas rígidas o que se curvan en los campos,
Y las negras hormigas en las grietas bajo las hojas,

Y las mohosas costras del seto, las piedras hacinadas, el saúco, la
candelaria y la cizaña.

Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo,
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los
traduzco a un nuevo idioma.

Soy el poeta de la mujer no menos que el poeta del hombre,
Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre,
Y digo que nada es mayor que ser la madre de los hombres.
Entono el canto de la exaltación o de la soberbia,
Ya estamos hartos de plegarias y de zalanderías,
Muestro que el tamaño no es más que crecimiento.
¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el presidente?
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá adelante.
Soy el que camina con la tierra y creciente noche,
Llamo a la tierra y al mar que abraza la noche.
Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda,
Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas,
Noche serena que me llama, loca y desnuda noche de estío.

Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,
Tierra de los árboles dormidos y húmedos,
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa,
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,
Tierra del brillo y de la sombra manchando la corriente del río,
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran
para que yo no las vea,
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares
Sonríe, porque llega tu amante.

Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor,
Mi apasionado amor indecible.

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndome superior a otros hombres y mujeres,
ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!

El que degrada a otro me degrada,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.
A través de mí surge y surge la voluntad creadora, a través de mí, el
torrente y el índice.
Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia,
¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás
en iguales condiciones.

Muchas voces largo tiempo calladas brotan de mí,
Voces de las interminables generaciones de prisioneros y de esclavos,

Voces de los enfermos y de los inconsolables, de los ladrones y de los enanos,
Voces de ciclos de preparación y de crecimiento,
De los hilos que unen a las estrellas, y de los vientres, y de la
simiente paterna,
Y del derecho de aquellos a quienes oprimen los otros,
De los deformes, triviales, simples, tontos y despreciados,
De neblina en el aire, de escarabajos arrastrando bolas de estiércol.
Brotan de mí voces prohibidas,
Voces del sexo y del apetito, voces veladas y yo aparto el velo,
Voces indecentes clarificadas y transfiguradas por mí.
Yo me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.

Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros, y cada parte de mí es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.

Si algo hay que yo venero más que las otras cosas, ese algo es la
extensión de mi cuerpo y cada una de sus partes,
Traslúcida arcilla de mi cuerpo, ¡tú lo serás!
Sombreados bordes y bases, ¡vosotros lo seréis!
Firme reja viril, ¡tú lo serás!
Tú, mi rica sangre, tú líquido lechoso, pálido extracto de mi vida.
Pecho que oprimes otros pechos, ¡tú lo serás!
¡Cerebro serán tus circunvoluciones ocultas!
Raíz lavada del junco oloroso, becada medrosa, nido recatado de los
huevos gemelos, ¡vosotros lo seréis!
Heno mezclado y revuelto de la cabeza, barba, cejas, ¡vosotros lo seréis!
Savia que goteas del arce, fibra del noble trigo, ¡vosotros lo seréis!
Sol generoso, ¡tú lo serás!
Nubes que ilumináis y oscurecéis mi rostro, ¡vosotros lo seréis!
Sudorosos arroyos y rocíos, ¡vosotros lo seréis!
Vientos que me rozáis, frotando contra mí vuestros genitales,
¡vosotros lo seréis!
Amplios campos musculares, ramas de encina, amoroso holgazán de
mi sendero tortuoso ¡vosotros lo seréis!
Manos que he tomado, rostros que he besado, mortal a quien toqué
alguna vez, ¡vosotros lo seréis!

Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas,
Cada momento y todo lo que ocurre me llena de alegría,
No sé cómo se doblan mis tobillos, ni la causa del más leve de mis deseos,
Ni de la amistad que suscito, ni de las amistades que me devuelven.

Al subir por las escaleras me detengo a reflexionar si no estoy soñando,
La madreselva en la ventana me satisface más que la metafísica de los libros.

¡Contemplar el amanecer!
La escasa luz que va borrando las sombras inmensas y diáfanas,
El sabor del aire es grato a mi paladar.

Retoños del cambiante mundo ascienden silenciosos en un juego
inocente, fresco sudor,
Oblicuamente errando por todos lados.

Algo invisible está proyectando libidinosos dardos,
Torrentes de brillante zumo inundan el cielo.

La tierra por el cielo invadida, la cotidiana consumación de su boda,
El desafío del oriente sobre mi cabeza,
La burla mordaz: ¡Ya veremos quién es el amo!

Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas,
Y que la hormiga es perfecta, y que también lo son el grano de
arena y el huevo del zorzal,
Y que la rana es una obra maestra, digna de las más altas,
Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas,
Y que la vaca paciendo con la cabeza baja supera a todas las estatuas,
Y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.

Siento que en mi ser se incorporan el gneis, el carbón, el musgo de
largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy hecho de cuadrúpedos y de pájaros,
Y que puedo recuperar cuanto he dejado atrás,
Pero que puedo hacerlo volver cuando se me antoje.

En vano la timidez o la prisa,
En vano las rocas incandescentes arrojan sobre mí su antiguo calor,
En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos,
En vano los objetos se alejan leguas y leguas y toman muchas formas,
En vano el mar se oculta en las cavernas donde tienen su guarida los monstruos,
En vano el buitre tiene por morada el cielo,
En vano la serpiente se desliza entre las lianas y los troncos,
En vano el alce busca las honduras recónditas de la selva,
En vano el cuervo marino tiende el vuelo hacia el norte,
hacia el Labrador,
Lo sigo velozmente, trepo al nido que está en la grieta del peñasco.
¿Quién es este salvaje amistoso y gárrulo?
¿Espera la civilización, o la ha dejado atrás y la ha dominado?
¿Es un hombre del sudoeste y ha sido criado a la intemperie? ¿Es un canadiense?
¿Viene de las tierras del Mississippi, de Iowa, de Oregon, de California?
¿De la montaña, de las praderas, de los bosques, o un marino del mar?
Dondequiera que vaya, los hombres y las mujeres lo desean y lo aceptan,
Quieren que los quiera, que los toque, que les hable, que se quede con ellos.

Obra sin ley, como los copos de nieve, sus palabras son simples
como la hierba, el pelo despeinado, risas e ingenuidad.
Lento el andar, comunes las facciones, emanando sencillez y modestia,
Brotan de un modo nuevo desde las puntas de los dedos,
Flotan en el aire con el olor de su cuerpo o de su aliento, salen de
la mirada de sus ojos.

Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio;
nunca he sido medido y no seré medido jamás.

El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un
bastón cortado en el bosque,
En mi silla no sestean los amigos,
No tengo cátedra ni iglesia ni filosofía,
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa,
Pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,
Mi brazo izquierdo ciñe tu cintura,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.

Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.

No queda lejos, está a tu alcance,
Quizá estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,
Quizá esté en todas partes, en mar y en tierra.

Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos;
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.

Si te cansas, dame las dos cargas y apoya tu mano en mi cadera,
Y a su debido tiempo me devolverás el mismo servicio,
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.

Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: cuando abarquemos esos mundos, y el
conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.
Tú también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso
con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.

Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido a una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que
reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el
agua con tus cabellos.

Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral
envuelto en su propia mortaja;
Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra,
Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden la
sabiduría de todos los tiempos,
Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no
pueda ser un héroe,
Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo,

Y digo a cualquier hombre o mujer: que tu alma esté serena y en
paz ante millones de universos.
Y digo a la Humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la muerte.)
Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo,
Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.
¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,
Otras llegarán puntualmente.





09 octubre 2018

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Lucian Blaga

Morada



Habría señales de que vivo en alguna parte
en la ciudad, en una calle
con nombre de proscrito de balada.
Pero no me albergo en la ciudad,
me perseguiría la maldición del arroyo y del árbol.
Mi forma de ser desmiente el rumor.

Dirían que mi morada está
en una aldea con techo de paja,
con nombre de una vieja historia.
Pero no vivo
en el campo o en un cuarto.
Vivo en un canto de pájaro.



Heráclito junto al lago



Junto a las verdes aguas se encuentran los senderos.
Hay silencios aquí, pesados silencios abandonados por el hombre.
Calla perro, que husmeas el viento con la nariz, calla.
No ahuyentes los recuerdos que llegan
llorando a enterrar los rostros en su propia ceniza.

Apoyado en los troncos adivino mi suerte
en la palma de una hoja otoñal.
Tiempo, cuando quieres emprender el camino más corto
¿por dónde te encaminas?

Mis pasos resuenan en la sombra
como si fueran unos frutos podridos
que caen de un árbol invisible.
¡Oh, cómo enronqueció de vejez la voz del manantial!

Toda mano que se alza
es una duda más, sólo eso.
Los dolores insisten
hacia el misterio oculto de la tierra.

Arrojo espinas desde la orilla al lago,
con ellas en círculos me deshago.



Lăcaş


Semne-ar fi că locuiesc undeva 
La oraş, într-o stradă 
cu nume de haiduc de baladă. 
Dar nu sălăşluiesc la oraş, 
m-ar blestema pârâul şi pomul. 
Felul meu dezminte zvonul.

S-ar spune că lăcaşul îmi este 
într-un sat cu streşini de paie, 
cu nume de veche poveste. 
Dar nu locuiesc 
la sat şi-n nici o odaie. 
Locuiesc într-un cântec de pasăre.


Heraclit Lânga lac


Lângă ape verzi s-adună cărările. 
Sunt linişti pe-aici, grele şi părăsite de om. 
Taci, câne care-ncerci vântul cu nările, taci. 
Nu alunga amintirile ce vin 
plângând să-şi îngroape feţele-n cenuşa lor.

Sprijinit de butuci îmi ghicesc soarta 
din palma unei frunze tomnatice. 
Vreme, când vrei să iei drumul cel mai scurt, 
pe unde apuci?

Paşii mei răsună în umbră, 
parc-ar fi nişte roade putrede 
ce cad dintr-un pom nevăzut. 
O, cum a răguşit de bătrâneţe glasul izvorului!

Orice ridicare a mânii 
nu e decât o îndoială mai mult. 
Durerile se cer 
spre taina joasă a ţărânii.

Spini azvârl de pe ţărm în lac, 
cu ei în cercuri mă desfac.



Lucian Blaga
Lucian Blaga (1895, Lancrăm / 1961, Cluj-Napoca, Rumania)
Traducción: Omar Lara
Fuente:
http://www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=1269
Imagen: Viziteaza Alba Iulia.ro

08 octubre 2018

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Anne Carson se presentará en la 10º edición de FILBA

Eros borrascoso, por Mariana Enriquez


La semana que viene empieza el FILBA y, en su edición N° 10 invitó a varias celebridades literarias. Entre los invitados está Anne Carson: es una sorpresa, no tanto porque Carson sea una reclusa, sino porque es una especie de leyenda viva poco conocida en nuestro país; salvo excepciones como Eros, el dulce amargo (Fiordo), su primer libro, o Rec Doc (Bajo la luna), sus libros no están editados en Argentina y solo se consiguen en esquivas traducciones españolas. Anne Carson, canadiense, 67 años, es poeta, ensayista, profesora. Aunque tanto ella como su obra son desprejuiciadas y genuinamente excéntricas, su quehacer no puede ser más canónico: académica doctorada en Clásicas por la Universidad de Toronto, también diplomada en estructuras métricas griegas en St. Andrews, Escocia, enseña griego antiguo,  da clases de escritura creativa y gran parte de su obra está dedicada a traducciones de tragedias y poesía clásicas: Safo, Eurípides, Sófocles, Simónides de Ceos y más.
Llamar ensayista y poeta a Anne Carson es insuficiente. Ya en Eros, el dulce amargo, su debut en 1985, una exploración del concepto griego de Eros que acababa en una meditación sobre el amor y el deseo con referencias a Nietszche, Virginia Woolf, Safo, Eudora Welty o Italo Calvino lograba sus marcas personales: la total libertad para la asociación, la búsqueda de belleza en el lenguaje y la erudición amable: son notables, por ejemplo las páginas que explican el nacimiento del alfabeto griego, de las vocales y los no sonidos de las consonantes, el paso de la oralidad a la escritura; están escritas con los ojos maravillados de quien narra la conquista de un planeta desconocido.

07 octubre 2018

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Pablo Seguí

Pablo Seguí

Fumando espero



Enciendo un cigarrillo
y me pregunto cuántos
me habré fumado, a medias
o completos, en todos
estos años de dúctil
hábito. Son preguntas
que uno se hace en las pausas
y que nadie responde,
como hacen esas tías
que nos oyen hablar
y callan displicentes.
Una cuestión retórica,
como mimar al perro
sólo para sentirse.



Cuatro de la madrugada



Se sienten a lo lejos
cuatro tiros. Giannuzzi
los pondría al final.
Yo me quedo esperando,
sigo escribiendo. Entonces
notás la diferencia:
sus versos se prolongan
en el ahogo, el morbo
y la torsión: los tuyos
reinciden malamente
en un palabrerío
literario, reptil.



De: "Animal de bien", Barnacle, 2018
Otros poemas de Pablo Seguí, aquí

Imagen: Letra de cambio

06 octubre 2018

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50 hojas

06/10/2018

Ahora, los poemas son más trabajados que inspirados. Un cuerpo lleno de costuras; el arte se aplica a cómo disimularlas.

26/03/2017


Esperando que el semáforo de peatones me permita cruzar la avenida, recreo vanamente la idea de una realidad circundante, física, compuesta de luces, de estructuras de metal, puertas de vidrio, marquesinas, autos, un ciclista. Cómo reflejar la inconsistencia del mundo alrededor, sutil y vaporoso.
Cuando leí el poema de Jorge Aulicino descubrí la palabra clave. Mis intentos fallidos consistían en no encontrar esa palabra de partida. "Todo flota". Objetos desvinculados, objetos desperdigados en el asiento trasero de un auto. Ideas sin ilación mientras espero la otra luz del semáforo. 

01 octubre 2018

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Aurelio Arturo

Aurelio Arturo

Entre años, entre árboles, circuida
por un vuelo de pájaros, guirnalda cuidadosa,
casa grande, blanco muro, piedra y ricas maderas,
a la orilla de este verde tumbo, de este oleaje poderoso.

En el umbral de roble demoraba,
hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
el alto grupo de hombres entre sombras oblicuas,
demoraba entre el humo lento alumbrado de
remembranzas:

Oh voces manchadas del tenaz paisaje, llenas
del ruido de tan hermosos caballos que galopan bajo
asombrosas ramas.

Yo subí a las montañas, también hechas de sueños,
Yo subí, yo subí a las montañas donde un grito
persiste entre las alas de palomas salvajes.




Te hablo de días circuidos por los más finos árboles:
te hablo de las vastas noches alumbradas
por una estrella de menta que enciende toda sangre:

te hablo de la sangre que canta como una gota solitaria
que cae eternamente en la sombra, encendida:

te hablo de un bosque extasiado que existe
sólo para el oído, y que en el fondo de las noches pulsa
violas, arpas, laúdes y lluvias sempiternas.

Te hablo también: entre maderas, entre resinas,
entre millares de hojas inquietas, de una sola
hoja:
pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia,
hoja sola en que vibran los vientos que corrieron
por los bellos países donde el verde es de todos los colores,
los vientos que cantaron por los países de Colombia

Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto
a cielos,
que tiemblan temerosos entre alas azules:

te hablo de una voz que me es brisa constante,
en mi canción moviendo toda palabra mía,
como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan
dulcemente,
toda hoja, noche y día, suavemente en el sur.




28 septiembre 2018

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Charles Simic


Charles Simic

Piedra



Meterme en una piedra
ese será mi modo de ser.
-que algún otro se vuelva paloma
o muerda con diente de tigre.
Yo seré feliz  siendo una piedra.

Desde afuera la piedra es una adivinanza:
nadie sabe cómo contestarla.
Pero, dentro, debe ser fresca y tranquila
aun si un chico la arroja al agua;
la piedra se hunde, lentamente, sin perturbarse,
hasta el fondo del río
donde los peces vienen a darle un golpecito
y escuchar.

He visto salir chispas
cuando dos piedras se frotan,
así que después de todo no es tan oscura por dentro;
Tal vez haya una luna brillando
desde alguna parte, como por detrás de una colina –
justo la luz suficiente para distinguir
los escritos extraños, los mapas estelares
sobre las paredes interiores.



Stone



Go inside a stone
That would be my way.
Let somebody else become a dove
Or gnash with a tiger’s tooth.
I am happy to be a stone.
From the outside the stone is a riddle:
No one knows how to answer it.
Yet within, it must be cool and quiet
Even though a child throws it in a river;
The stone sinks, slow, unperturbed
To the river bottom
Where the fishes come to knock on it
And listen.
I have seen sparks fly out
When two stones are rubbed,
So perhaps it is not dark inside after all;
Perhaps there is a moon shining
From somewhere, as though behind a hill–
Just enough light to make out
The strange writings, the star-charts
On the inner walls.



Traducción: Adam Gai

Otros poemas de Charles Simic: aquí

25 septiembre 2018

23 septiembre 2018

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Maurizio Medo

Maurizio Medo


59.


No puedo ver a través de los ojos de mi enemigo
y examinar la naturaleza real de ciertos eventos
considerados virtuosos por su desenlace. Quisiera,
aunque es mejor cuanto menos se diga, situarme
en el ángulo preciso y hurgar bajo el aura
paranormal del mito, adonde hay demasiado frío
como para argüir algo contraproducente, detenerme
y revelar su calaña: sus buenas acciones
obedecen a la suerte.
Su único mérito fue detectarla cerca.
Resistir su soporífero hedor de flor de ruda
de acuerdo a la estrategia establecida
para convertirse en cliente después
de persuadirla con sentidas confesiones
sobre su mala fortuna. Justo cuando la suerte
estaba por aquí, con el espacio suficiente para
ofrecer un beneficio, me distraje observando
la desmedida ambición de mi enemigo. No discuto
la repercusión de un ideal estético, para nada.
Pero supeditar nuestras acciones a la conquista
de alguno no me basta para hacer frente a ciertas
exigencias implícitas en la vida doméstica.
El pago de las cuentas no cede al armisticio.
Y, sin embargo, él solo suspira como un lagarto
después de haber mordido el ábaco, orondo.

Pero la suerte no merece todo el crédito.

Hay otros factores—fuera de la singular alineación
de los astros en su día natal.

Pensaba en el espacio donde las semillas parecen
alinearse por el cauce del surco sin calcular
los probables efectos de una ola de calor o la sequía.

En los amigos, si consiguen saltar diversos significados
después de considerar que todos representan solo un límite.
O en su mujer, quien no merece perderse en medio de
tantas confusiones cuando él la observa inquisitivo.
No por un error. Sino a través del miedo
de no encontrarla más allí.

En ocasiones convengo que la muerte debiera arrastrarlo
aun cuando no sea el momento. Y me afiebra la ansiedad
por patear su cráneo.
Partirle en dos el plexo y después
colocar una vela detrás de cada ojo.
Luego embozarlo con tal de ver cómo
se tuerce mientras asfixia lentamente.

En otras diseño diversas estrategias
y así perpetrar el crimen perfecto.
Pero cuando encuentro su rostro sobre
la superficie del espejo descubro que
tal asesinato es imposible. No por piedad.
O cierto grado de compasión.
Me resulta imprescindible mantenerlo vivo.

Son las 7 y 35.
Brinca velocísima la libre por el monte.
Los árboles adivinaron el eco
de una música decepcionante
si es que la traducimos al violín. Ahora él tendrá
que injertarse en el paisaje productivo
cargando al hombro su propia cárcel sin
abandonar la sonrisa negligente, tan necesaria
para volver al punto que le vise la mazmorra
después de recorrer un campo minado
por las dudas con el propósito
de rehacer todo lo que hicimos mal.

No es la historia.
Mañana le ocurrirá otra vez.
Me culpará.

Yo soy el enemigo.


De: "Interferencias" (Inédito)



Y con el húmero y todos los huesos sepultados
qué me queda sino reír en los panteones
preguntándome si ahí lloran las piedras.

Qué me queda sino remontarme al infinito
o morirme ciego en la cama que entreabre
su esqueleto.

Qué me queda sino la obstinación de un sastre
que sutura los pétalos de la Rosa que nadie vio jamás
(porque ninguno ve la agonía de la Rosa que
siempre será de Nadie
mientras la boca mira y le suplica
que vuelva a saberse
sólo Rosa)

Qué me queda sino dormirme a oscuras
              presintiéndote
como una arteria
              entre mis sienes
y la almohada.


De: "Limbo para Sofía" (Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú - PUCP, 2004)




22 septiembre 2018

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Lisel Mueller: "A veces, cuando la luz"



A veces, cuando la luz incide en extraños ángulos
y te devuelve a la infancia

deambulando por una mansión desvencijada
totalmente oculta bajo viejos sauces

o un convento abandonado que guardan la cicuta
y abetos gigantescos erguidos flanco a flanco,

de nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre.



El amor, como la sal



Yace cristalino en nuestras manos
demasiado intrincado para descifrar

Entra en la sartén
sin pensárselo

Se derrama sobre el piso, tan delicado
que todos pasamos por encima

Llevamos un pellizco en cada pupila

Nos sale en la frente

Lo guardamos en nuestros cuerpos
en secretos odres

En la cena, lo pasamos por toda la mesa
hablando de vacaciones junto al mar



Sometimes, when the light 


Sometimes, when the light strikes at odd angles
and pulls you back into childhood

And you are passing a crumbling mansion
completely hidden behind old willows

Or an empty convent guarded by hemlocks
and giant firs standing hip to hip,

You know again that behind that wall,
under the uncut hair of the willows

Something secret is going on,
so marvellous and dangerous

That if you crawled through and saw,
you would die, or be happy forever.


Love Like Salt


It lies in our hands in crystals 
too intricate to decipher 

It goes into the skillet 
without being given a second thought 

It spills on the floor so fine 
we step all over it 

We carry a pinch behind each eyeball 

It breaks out on our foreheads 

We store it inside our bodies 
in secret wineskins 

At supper, we pass it around the table 
talking of holidays and the sea. 



El poeta ocasionalNacida en Hamburgo, Alemania, en 1924, Lisel Mueller obtuvo el reconocimiento con el Pulitzer de 1996 por su libro Alive Together: New & Selected Poems. 

"Nací en una gran ciudad europea y viví en ella hasta que llegamos a este país, a los quince años. Aunque mi familia recaló en el Medio Oeste, vivimos en ambientes urbanos o en su periferia. Fue sólo después de que mi marido y yo construyéramos nuestra casa en Lake Country, Illinois, cerca de Libertyville, que mi conciencia se transformó. La primera mañana en nuestra nueva casa me desperté con el mugido de las vacas. ¡Vacas bajo mi ventana, treinta y cinco millas al norte de Chicago! Mas allí estaban, retozando sobre el heno que separaba nuestra asignación de un acre de la propiedad de doscientos de nuestros vecinos; y eran Holsteins, la única raza de vacas que conocía por los veraneos de mi infancia en Alemania, en las llanuras del norte. Esa fue mi iniciación, y luego de cuarenta años en esta casa conozco la hora del día por la inclinación de la luz. Me son íntimamente familiares los nombres y los hábitos de las flores salvajes y de los pájaros que habitan nuestros álamos y espinos. Vivimos todos juntos, en el mundo y en mis poemas."

Fuente: Adamar, revista de creación

Enlace: http://el-placard.blogspot.com/2017/07/poemas-de-lisel-mueller.html
Imagen: Poeticus


20 septiembre 2018

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Jaime Sáenz


4.(III)


Cuando pienso en el misterio de la noche, imagino el misterio de tu cuerpo,
que es sólo una manera de ser de la noche;
yo sé de verdad que el cuerpo que te habita no es sino la oscuridad de tu cuerpo;
y tal oscuridad se difunde bajo el signo de la noche.
En las infinitas concavidades de tu cuerpo, existen infinitos reinos de oscuridad;
y esto es algo que llama a la meditación.
Este cuerpo, cerrado, secreto y prohibido; este cuerpo, ajeno y temible,
y jamás adivinado, ni presentido.
Y es como un resplandor, o como una sombra:
sólo se deja sentir desde lejos o en lo recóndito, y con una soledad excesiva, que no te pertenece a ti.
Y sólo se deja sentir con un pálpito, con una temperatura, y con un dolor que no te pertenece a ti.
Si algo me sobrecoge, es la imagen que me imagina, en la distancia;
se escucha una respiración en mis adentros. El cuerpo respira en mis adentros.
La oscuridad me preocupa –la noche del cuerpo me preocupa.
El cuerpo de la noche y la muerte del cuerpo, son cosas que me preocupan.


3.
El espacio que tu cuerpo ocupa en el mundo, es igual al espacio
del cuerpo en el que uno se ha recogido;
y si esto es así, nadie tiene por qué molestarse, ni importunarte;
en el espacio de tu cuerpo, del que tú eres el soberano absoluto.
puedes pararte de cabeza y hacer y deshacer, y transitar tranquilamente,
libre ya de un mundo de pesadilla, poblado de espectros y de esqueletos que pululaban y te
quitaban la vida.
En todo caso, tu morada, tu ciudad, tu noche y tu mundo,
se reducen a tu cuerpo;
y quien lo habita no eres tú, sino el cuerpo de tu cuerpo.
Pues el cuerpo que te habita, en realidad, eres tú;
sólo que tu cuerpo deja de ser tú;
y pasa a ser él.
Imagínate, el cuerpo que eres tú, habitando el cuerpo que
es él.
y que no por eso deja de ser tú.
De ahí el habitante, o sea, el cuerpo de tu cuerpo; y de ahí,
asimismo, el habitado, o sea, tu cuerpo.
¿Y qué decir de la honda soledad, habitando el espacio de
tu cuerpo?
Hay un echar de menos la soledad, cuando hay alguien a tu
lado;
pero, cuando no hay un alma, es la propia soledad quien te
echa de menos
-y es como si tú no estuvieras, o como si te hubieras ido,
en busca de alguien a quien echar de menos.
La soledad en el espacio de tu cuerpo, ha de ser, pues, una
soledad muy larga, muy alta, y muy álgida.
-como esa soledad que uno imaginaba de niño,
con un retrato desaparecido y una rueda inmóvil, en el cuarto
oscuro.

Jaime SáenzJaime Sáenz (1921 / 1986, La Paz, Bolivia)
Fuente: Poetas del fin del mundo / Buenos Aires Poetry
Enlaces: 
https://publishing.cdlib.org/ucpressebooks/view?docId=kt9m3nc9hd;chunk.id=0;doc.view=print
https://es.wikipedia.org/wiki/Jaime_S%C3%A1enz

19 septiembre 2018

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Frank Ormsby


Mudándose


El primer acto de amor en una nueva casa
No es privado. Amar mutuamente
Somos medio conscientes de la puerta y el espejo.
Nuestro éxtasis incluye la silla de cama,
El aire desde el aterrizaje.

Las hojas de la calle y las hojas de olmo en las paredes
Como en ninguna habitación. La suya es la lengua
Nuestras lenguas se unen para traducir. Su mensaje
Está claro: esta noche no puedes ignorar
El mundo en la ventana.

Así que nos encanta el conocimiento de una ciudad
En un ángulo diferente.
Y compartir
Nuestra cama con muebles y árbol que reclama
Su perspectiva, fusionando nuestras vidas aquí
En su marco establecido.

18 septiembre 2018

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Luciana Reif



Mi padre me invita a cenar
no puedo creer que la vida lo haya transformado
en un ser tan sensible, a veces pienso
en cómo fue durante muchos años
la persona capaz de ignorar el hambre
o el aire asfixiante.
Pienso en el humo que arrojaba sobre nosotros
como quien fuma en un cuarto diminuto y cerrado.
Él no fumaba, sólo apagaba el cigarrillo
sobre nuestros labios, la magia negra
de lastimar sin que advirtiéramos
cómo ni cuándo.
Ahora llora y pide perdón, vuelve atrás
sobre la historia,
reconoce lo sembrado:
quise plantar flores, dice,
pero no supe qué hacer con toda la mierda
que traía encima, la dejé ahí,
la dejé en el jardín,
no sabía que iba a crecer tanto.


§


Tenso el puño para dormirme
un acto reflejo, casi mecánico
me preparo para bucear en las profundidades
durante las próximas ocho horas. Allí aparece
todo lo que esquivo con éxito durante el día:
el miedo a estar sola, el dolor de haberte perdido
el deseo de que regreses y la esperanza también
de que a la larga como me dicen
todo sea para mejor.
Me despierto, el puño sigue tenso
igual como lo dejé al dormirme, abro la mano
por las dudas, pero no hay en ella ningún tesoro
no hay tesoros en el fondo del mar
solo nosotros mismos y un espejo gigante
que al igual que los del circo
deforma nuestras dimensiones
y se lee en clave.




Luciana Reif nació en Lanús, Buenos Aires, en el año 1990. Es socióloga por la UBA y becaria de investigación en el CONICET. Coordinó junto con Valeria De Vito el ciclo de poesía "Lo que tan rápido fuga" en Espacio Enjambre. Dicta el taller "Amor y poesía - Todo beso es político". Es autora de los poemarios Entrada en calor (Ojo de mármol, 2016) y Un hogar fuera de mí (Visor de poesía, 2018), ganador del último premio a la Creación Joven de la Fundación Loewe.

Fuente: Revista Ñ y celofánpoesía.blogspot.com


17 septiembre 2018

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Maximiliano Spreaf



querida
la mitad de mí
que está pudriéndose todavía junto a vos
en ese acantilado del Mar del Norte
no me deja dormir
te lo cuento ahora
sentado borracho
en un banco de la terminal de Salsipuedes
ya no queda casi nadie
y en unos minutos
voy a vomitar toda la felicidad
que juntamos allá en Belfast
el lunes cumplí la edad
que tendría mi vida
si la hubiera vivido con vos


§


prefiero las agujas
no me jodas con tu histeria
viví en casas de algodón
rodeado de nenas buenas
altas drogonas
lenguas de cartón corrugado
y vos
que no salís ni en los obituarios
de Eterna Cadencia
así no
no
si me hubieras visto
volver de Irlanda
en un Boeing 747
de Aerolíneas Argentinas
parchado por todas partes
desnudo en el asiento
el cinturón de seguridad cruzado en la boca
las azafatas en su orgía
y en la única mano que me quedaba libre
una jeringa con el nombre
de lo que amé


Cosas que le escribo a mi novia muerta


hace mucho que tu fantasma camina por delante mío
sabés
todavía odio a dios
tengo tu esmalte negro guardado
quisiera volver a pintarte las uñas
sueño con hijitos pelirrojos cada tanto
el año que viene vuelvo a tu tierra y no sé
si no me quedo a vivir de homeless allá
después de vos, el amor se volvió una obligación


§


en Villa María estuve dos veces
una ebrio y preso
otra enamorado
recuerdo solo lo importante
el novio de una piba que me encantaba
me puso pastillas en la cerveza
me lo confesó él mismo al otro día
llorando en la terminal de ómnibus
la piba en cuestión
estaba escondida en el baño
me hacía señas para que no hablara
a todo esto yo pasé ese día en una comisaría
y aún no sé por qué
me subí al colectivo
los miré cómo discutían
llegué a Córdoba
me tomé una Seven Up
juré no volver jamás
en dos semanas estaba otra vez
acostado en la cama de la piba en cuestión
escuchando Babasónicos
tomando vino de su boca
amo Villa María
no volvería


Maximiliano Spreaf (1975, Buenos Aires. Reside en la Provincia de Córdoba)
De: "No soy poeta pero", Caleta Olivia, 2018
Imagen: La Voz


13 septiembre 2018

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Shai Dotan

Yo recojo tu enojo



Yo recojo tu enojo
y lo pongo en el poema.
Después lo borro
y escribo sólo  acerca de las bisagras
de la puerta del armario de la cocina
que abres y cierras
para agarrar otro cigarrillo
y calmarte los nervios.
Después lavarás los vasos
y prepararás café, fuerte,
y no vendrás a ofrecerlo , puesto que yo
estoy sentado en el escritorio,
metido en lo mío. Atento
a las bisagras que chirrían


שי דותן > אני אוסף את כעסך
אני אוסף את כעסך
ומכניס אותו לשיר.
אחר כך מוחק
ורושם רק את הציר
דלת ארון המטבח
שאת פותחת וסוגרת
לקחת עוד סיגריה
לצנן את דמך.
אחר כך תשטפי כוסות
ותכיני קפה, חזק,
ולא תציעי, שהרי אני
יושב אל השולחן הכתיבה, 
עסוק בשלי. קשוב 
לציר החורק.




Shai Dotan (1969, Eilat, Israel)
Traducción: Adam Gai
Imagen: Haaretz







12 septiembre 2018

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Yusef Komunyakaa y Paul Muldoon: un contrapunto de ideas y emociones


Yusef Komunyakaa y Paul Muldoon

Por: Suzan Sherman

La poesía de Paul Muldoon es, de todo corazón, original; rica en ritmos y siempre expandiendo el asunto de lo subjetivo.

Sus ambiciosos e ingeniosos juegos de palabras muestran su formación e historia irlandesa, y avanzan hacia su vida presente para volver, de nueva cuenta, al pasado. Considerado como el principal poeta irlandés de su generación, su primer libro fue publicado cuando tenía veintidós años y, desde que se mudó a Estados Unidos, su poesía ha alcanzado mayor reconocimiento por el público local. Ha publicado libros como: New Weather, Mules, Why Brownlee Left, Quoof, Meeting the British, Selected Poems 1968-1986, Madoc: A Mystery, The Annals of Chile y, recientemente, Hay.



Yusef Komunyakaa es un poeta cuya voz manifiesta la presencia de la tradición del blues y los riffs del Jazz. Sus poemas narrativos exploran las identidades de los negros en la cultura de su país, sus propias experiencias en la Guerra de Vietnam y los efectos de la misma; así como su infancia, creciendo en Bogalusa, Louisiana. Sus poemas están impregnados de recuerdos que se expanden más allá del yo a lo universal de la penuria, la pasión y el perdón. Ha publicado libros como: Copacetic, I Apologize for the Eyes in My Head, Dien Cai Dau, Magic City, Neon Vernacular y, recientemente, Thieves of Paradise.

10 septiembre 2018

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Yves Bonnefoy | Traducción de Adam Gai



De Natura Rerum


Lucrecio lo sabía:
abre el cofre,
verás, está lleno de nieve
turbulenta.

Y a veces dos copos
se reencuentran, se unen.
o bien uno se aparta, graciosamente
en su pequeña muerte.
¿De dónde viene que haya claridad
en algunas palabras
cuando una no es más que la noche,
la otra, no más que un sueño?

¿De dónde vienen estas dos sombras
que van, riendo,
y una está arropada
con una lana roja?


Las manzanas


¿Y qué pensar
de estas manzanas amarillas?
Ayer, sorprendían, por esperar así, desnudas
después de la caída de las hojas,

Hoy, encantan
mientras sus hombros
son, modestamente, destacados
por un borde de nieve.


De Natura Rerum


Lucrèce le savait:
Ouvre le coffre,
Tu verras, il est plein de neige
Qui tourbillonne.

Et parfois deux flocons
Se rencontrent, s’unissent,
Ou bien l’un se détourne, gracieusement
Dans son peu de mort.

D’où vient qu’il fasse clair
Dans quelques mots
Quand l’un n’est que la nuit,
L’autre, qu’un rêve ?

D’où viennent ces deux ombres
Qui vont, riant,
Et l’une emmitouflée
D’une laine rouge ?


Les Pommes


Et que faut-il penser
De ces pommes jaunes?
Hier, elles étonnaient, d’attendre ainsi, nues
Après la chute des feuilles,

Aujourd’hui elles charment
Tant leurs épaules
Sont, modestement, soulignées
D’un ourlet de neige.


Otros poemas de Yves Bonnefoy, aquí
Traducción: Adam Gai
Imagen: ElCultural


FIN DEL EPISODIO

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