marzo 17, 2019

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Kay Ryan

Kay Ryan

Telaraña 



Desde otros

ángulos las
fibras parecen
frágiles, pero no
desde el punto
de vista de
la araña, siempre
con gruesas sogas
a cuestas, enganchando
cuerdas al
mejor poste
posible. Es
un trabajo pesado
en todas partes
combatir la caída,
apuntalar tensando
lo que cede. No
es nunca delicado
vivir


Caballos que pastan




A veces
la pastura
verdecida
de la mente
se inclina de manera
abrupta.
Los caballos que pastan
hacen esfuerzos locos
por afirmarse
en esa superficie
sin fricción,
que es casi vertical. Las patas
finas como de muebles
ceden por
la pendiente,
las desmonta un declive
que no estaban
diseñadas para remontar
ni pueden.



Edad



Alguna gente con la edad
se ablanda.
Se agranda
la apertura de sus ojos.
No me parece que se debiliten:
yo creo que algo débil se fortalece en ellos
y los va definiendo más y más,
como si se dejaran penetrar por el cielo.
Pero otra gente son
mejillones o almejas, por el miedo.
Para abrirse requieren de vapor o un cuchillo.
Pueden oír el cielo, pero piensan que está hervido
              o quebrado.



Aprender



Lo que hay que aprender
siempre está al fondo,
según la ley de los cajones
y lo que justo andaba una buscando.
No queda bien, les digan
lo que les digan a los chicos,
revolver por el suelo
lo que estaba doblado.



Cordero con piel de lobo



de todas las desagradables
afectaciones de los así llamados
lobos, la más desagradable
son los dientes: unas protuberancias
romas de cordero rumiante
que forman algo con lo que nadie
podría en verdad matar. Decorativas
en el peor sentido. Una ofensa
contra la economía y directamente
una blasfemia en el contexto
de la verdadera filosofía lupina,
que enseña de manera muy clara
que todo subterfugio debe
promover el bien. Es decir,
que se come lo que se engaña:
Caperucita Roja entera,
de los zapatos a la caperucita.



Kay Ryan (1945, San José, California, Estados Unidos de NA)
De: "Todos tus caballos", Zindo&Gafuri, 2019
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
Enlaces:
Cortesía de Alejandra Boero
Imagen: Coldfront Magazine

marzo 16, 2019

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Marcelo Rizzi: quién podría negarse a llevar a cabo

Marcelo Rizzi


quién podría negarse a llevar a cabo 
esa travesía, que es menos un viaje 
por los rincones de la casa que los
rayos que emiten las cosas al pasar
rasantes junto a ellas; hay estaciones
donde conviene bajarse y quedarse
quizá toda una vida: yendo y viniendo
por los andenes, habitando las salas
de espera, las boleterías; otras omitirlas,
sin más: ni siquiera leer los carteles
que indican qué paraje o ciudadela,
posar el ojo suavemente en la ágil
desaparición de vanos terraplenes,
en esa cruz de caña, pensar a dónde
condujeron una vez todas las vías
muertas




Otros poemas de Marcelo Rizzi, aquí

marzo 14, 2019

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Señalador: Phoebe Power

Señalo esta entrada del blog, Perros en la playa, sobre Phoebe Power. Es una poeta británica y hasta ahora la única traducción al español conocida es la de Jordi Doce. Presiento que debo estar atento a cualquier otra traducción. Mientras tanto, agrego algunos links en inglés


Pastorales austríacas


i           el lago, que está negro en enero.

ii          un arroyo de madrugada,
            el Loser pierde mineral.

iii         al salir del coche en Ratten
            aire limpio de las alturas, Die Post, tractor.

iv         Wolfsberg, por ejemplo, era una zona de blanco sordo.

v          y el canal de Villach, asperjado de mala hierba.

vi         Yo vivía en una colina de Carintia
            con cabras moteadas y graneros.

vii        Volvería al río silbante
            del Tirol,
            volvería a las casas
            de tejas de madera de Vorarlberg.

viii       Trepaba por bosques de montaña
            y emergía entre insectos, flores,
            árboles derribados, ganado.

por donde recorría los senderos sin baches
diariamente, dejando atrás las gallinas y el risco
encima del cementerio.


Phoebe PowerPhoebe Power (1993, Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra)
Enlaces:


marzo 11, 2019

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Jorge Aulicino: El río y otros poemas


24



Como un amor que se estrangula a sí mismo,
   así es el río.
El amor no se tolera a sí mismo y sólo lo tolera
el que pesca con tanza, el de pocas luces.
Es mejor, decía, pescar en la oscuridad.
evitar la pasión, que termina en oscuridad.
Y no con absurda caña, sino con tanza, cordel
que tiembla sobre el costado del dedo,
que presiente la gravitación del pez.
El río no se tolera a sí mismo, por eso
se abre, se aparta de todo, lleva
lo que encuentra, que no es mucho, pero
no desespera, se abre más, porque esa es la ley
de la llanura, sobrevolada por loros.
Todo canta a su alrededor. El río lo consigue
pero no escucha cantos: los envuelve, los diluye,
   los lleva.
Liberado de pasión, no de amor, el río no es él mismo.
Una gota de vino cuelga a veces del labio
del pescador, se embriaga apenas, a veces.
Pero no pregunta lo que no comprende.
Apagó todas sus luces, como el río,
al que iluminan apenas el farol de una canoa,
   los astros.



Carpe diem



Muchos creían oír el sonido del día
y nada oían
sino el sordo caer de la civilización,
Y a esto el encierro
nos conduce, pero no han puesto
todavía final a nuestra cabeza,
y eso es lo mejor que podemos decir de este eufemismo.
Ya no llueve como antes llovía: es lo cierto.
No
sobre adoquines como los de antes,
aunque aquello fuera también ilusión.
El nombre de la verdad no era aquel
resplandor sobre unos techos de teja
después de la lluvia en el barrio del Aeropuerto;
no los confusos truenos del cielo o de los aviones
entre nubes gris y gualda.
Quizá tampoco esa confusión,
fue la verdad. Ni ese sonido
que llamaste día
y es para mí el de una rajadura que se extiende
por la totalidad de las cosas
y sólo oímos vos, yo,
los inútiles que no tienen
otra cosa que escuchar.



De: "El río y otros poemas", Barnacle, 2019
Otros poemas de Jorge Aulicino, aquí

marzo 07, 2019

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Agi Mishol: El marco de la puerta

Agi Mishol

Ya no tengo ese impulso
de salir corriendo como los alumnos
al oír el timbre
pero tampoco me convierto en estatua de sal
cuando miro hacia atrás
para cruzar dos veces
el mismo río.

El invierno desnudó los árboles
y la desnudez descubierta recuerda
que así es la cosa,

cada hoja que cae reconoce su culpa
se recoge en sí misma
para crujir bajo los pies del caminante.

Yo estoy descalza 
dentro de mis zapatos
desnuda
en mis ropas –
retrato enmarcado
en el marco de la puerta.

Ya no tengo el movimiento
latente en los pájaros
sólo el tiempo cuenta y cuenta
zumba a mi alrededor
como mosca que molesta.



Agi Mishol (1946, Transilvania, Rumania)
Traducción: Adam Gai
Enlaces: 
Imagen: The National Library of Israel

marzo 05, 2019

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Agustín Silva-Díaz

Dos veces



Giro la llave y
dejo correr el agua
Primero algo de tierra que sale de la tubería
          y que nos recuerda de dónde venimos
                    del trópico
y que rápidamente se va por el desagüe
Me siento a esperar que el agua se ajuste a la temperatura perfecta
para esta piel roja de sol y este cuerpo desacostumbrado al frío
Veo el agua que huye, que ha sido desechada
que no ha sido escogida
El agua sigue fluyendo 
cierro el desagüe y la veo subir lentamente
El correr del agua arrulla y un eco
que me dice
          que el tiempo pasa
          que se escurre como el agua
          que los ríos
          que la mar y el morir
Oigo entonces cómo el agua se agita
y la veo en el agua, brillante
y entonces María Eugenia me recuerda:
           «Aunque no lo creas
           es la segunda vez que nos bañamos en esta bañera» 


febrero 27, 2019

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Robert Hass: Miseria y esplendor

Robert Hass

Convocados por un recuerdo imborrable, ella
sonriente, los dos hablando en la cocina,
antes o después de cenar. Pero ambos están en esta otra habitación,
la ventana tiene vidrios pequeños y ellos sobre un sofá
abrazados. Él la ciñe con toda su fuerza, ella hundida en el cuerpo de él.
Es la mañana, tal vez la tarde, la luz
fluye por la habitación. Afuera,
el día es lentamente reemplazado por la noche,
reemplazada por el día. El proceso tambalea salvajemente
y acelera: semanas, meses, años. La luz en la habitación
no cambia, entonces es simple lo que está pasando.
Ellos tratan de transformarse en uno solo
y algo lo impide. Hay una ternura compartida, pero temen
que sus gritos breves, agudos, los reconciliará al momento
en que vuelvan a caer. Entonces se frotan uno con el otro,
sus bocas están secas, luego húmedas, luego secas.
Se sienten en el centro de un deseo
poderoso y confuso. Sienten
que son casi un animal,
arrastrado a la playa de un mundo -
o arrimado a la puerta de un jardín -
sin poder admitir que nunca serán admitidos.



Misery and Splendor



Summoned by conscious recollection, she
would be smiling, they might be in a kitchen talking,
before or after dinner. But they are in this other room,
the window has many small panes, and they are on a couch
embracing. He holds her as tightly
as he can, she buries herself in his body.
Morning, maybe it is evening, light
is flowing through the room. Outside,
the day is slowly succeeded by night,
succeeded by day. The process wobbles wildly
and accelerates: weeks, months, years. The light in the room
does not change, so it is plain what is happening.
They are trying to become one creature,
and something will not have it. They are tender
with each other, afraid
their brief, sharp cries will reconcile them to the moment
when they fall away again. So they rub against each other,
their mouths dry, then wet, then dry.
They feel themselves at the center of a powerful
and baffled will. They feel
they are an almost animal,
washed up on the shore of a world—
or huddled against the gate of a garden—
to which they can’t admit they can never be admitted.



Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Robert Haas, aquí

Imagen: The Daily Californian

febrero 26, 2019

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Rodrigo Flores Sánchez

Rodrigo Flores Sánchez

Plan anual de trabajo calendarizado 2011


hay un eco
en la junta hay un eco
un eco que no proviene de quien habla
de quien coordina la reunión
diríase de la voz cantante
monologante

hay un eco
un eco periférico
accesorio
no sé si el eco viaja en el aire acondicionado
o expulsa en mí su aire enrarecido
en mis condiciones laborales
sobre la mesa de trabajo

ese eco
ese hueco
es un eco que me cava
que cava en mí
que acaba en mí
que va cavando en mí
y que me hace escucharlo
incesantemente
con impaciencia

febrero 24, 2019

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Tatiana Faia

Tatiana Faia

primer poema de berlín


para Francisca Camelo

en la soledad de los claustros de kreuzberg
un santo carga en lo alto y sin secretos
su cruz envuelto por la noche
no tiene otro color sino el blanco
su vestido pero yo quería que fuera
azul oscuro y bordado de estrellas
con un aire
de solemne, salvaje, agreste

su consagración es incompleta
marítima, ululante
como nosotros él falló al unirse a los normandos
revelarse solitariamente creyente
y así consolado por un sosiego de piedra
lo guardan ahora nosotros y esta cámara
pequeños animales noctámbulos
la memoria distante de martirios
en gloria febril y efímera
que a él tampoco lo consuelan
y una absurda calma
una estoica y autoritaria indiferencia
contra los borrachos que a veces cortan
por las cercas del jardín
contra los turistas detenidos
para la ocasional fotografía
triunfa también algo en nosotros
pero no sabemos qué
y este santo que no tiene sinapsis
tampoco nos sabría decir

y quiero que él cante
y que nos cuente todos sus secretos
si algo lo tocó tanto como nos conmueven
los amigos que nos esperan a altas horas de la noche
o en las horas de madrugada en todas las ciudades distantes

esta noche sin embargo dos solitarias muchachas
recorren en línea recta la distancia entre esto
y checkpoint charlie
el santo tal vez pregone
como sugiere la cruz en lo alto
la otra mano erguida con un pulgar ligeramente curvado
tal vez lo que él diga haga efecto
en este ser tarde y estar todavía sobrias
como los santos en sus momentos de piedra
que no fueron hechos para soportar
toda esta ruina que nos rodea
aunque no sea aún esta, francisca, la conversación
que va a tropezar con mi absurda necesidad
de más estatuas de santas en éxtasis
más estatuas de santos que se divierten
en todas las alamedas de todos los jardines
de todos los claustros del mundo

la atención a una promesa también es esto
este momento dado por una amiga
un tiempo fuera de su rigor


en el inicio de una primavera
que carga con ella la cicatriz de un largo invierno
un inicio voraz y en color rojo
de frutos que brotarán enteros y dulces
porque tampoco queremos
creer en un dios que no baile
en un dios que no acepte nuestra sangre
y su velocidad caliente
sus juegos de inquietud y retroceso
ávido de pequeñas absurdas conquistas
un dios que no se siente a conversar con nosotros
es lo que no podríamos soportar

porque también en los momentos de pausa
el ardor del mundo carga su propio peso
se abre en su fuego contra la contracción
de un puño que se cierra sobre nuestros úteros
nuestros brazos nuestros ojos
nuestra alegría que nadie podrá romper
que nadie podrá romper

pero pienso que el ardor del mundo
cuenta hasta el tiempo
de cuánto duró esta pausa
tan inclemente que sabrá hasta
cuánto tiempo le llevó al azúcar
de sucesivas barras de chocolate
haber redundado en sugar rush

pero se desprende y cae

ya está en la luz inscrita en el cuerpo del santo
en la ausencia prometida por delicados detalles
de su brocado de mártir
mira cómo incluso él
para estar tan iluminado
tiene que ser vivo, pedestre, pagano
capaz de una caminata en línea recta
luz que viene de abajo hacia arriba y así se acepta


Berlín, 25 de mayo de 2018
Oxford, 28 de mayo de 2018


primeiro poema de berlim


para a Francisca Camelo

na solidão dos claustros em kreuzberg
um santo carrega ao alto e sem segredo
a sua cruz envolto pela noite
não tem outra cor que não o branco
a sua veste mas eu queria que fosse
azul escuro e orlado de estrelas
com qualquer coisa
de solene, selvagem, agreste

a sua sagração é incompleta
marítima, ululante
ele como nós falhou em juntar-se aos normandos
revelar-se solitariamente crente
e assim consolado por um sossego de pedra
guardam-no agora nós e esta máquina fotográfica
pequenos animais noctívagos
a memória distante de martírios
em glória febril e efémera
que também a ele não o consolam
e uma absurda calma
uma estoica e autoritária indiferença
contra os bêbados que às vezes cortam 
pelas vedações do jardim
contra os turistas que param
para a ocasional fotografia
triunfa também sobre algo em nós
mas não sabemos o quê
e este santo que não tem sinapses
também não nos saberia dizer

e eu quero que ele cante
e que nos conte todos os seus segredos
se algo o moveu tanto quanto nos comovem
amigos que nos esperem pela calada da noite
pelas horas cedo da manhã em todas as cidades distantes

nesta noite no entanto duas solitárias raparigas
fazem em linha recta a distância entre isto
e checkpoint charlie
o santo talvez pregue
tanto o sugere a cruz ao alto
a outra mão erguida com um polegar ligeiramente curvado
talvez o que ele diga pegue
a este quanto de ser muito tarde e estarmos sóbrias
como os santos nos seus momentos de pedra
que não foram feitos para arcar
com toda esta perda que nos rodeia
ainda que não seja ainda esta, francisca, a conversa
que vai descambar para a minha absurda necessidade
de mais estátuas de santas em êxtase
mais estátuas de santos a divertirem-se
em todas as alamedas de todos os jardins
de todos os claustros do mundo

a atenção de uma promessa também é isto
este momento dado por uma amiga
um tempo fora do seu rigor

na abertura de uma primavera
que carrega nela a cicatriz de um longo inverno
uma abertura voraz e em vermelho
de frutos que hão-de brotar inteiros e doces
e também nós não querermos
acreditar num deus que não dance
num deus que não aceite o nosso sangue
a sua velocidade quente
os seus jogos de inquietude e retrocesso
tão pronto para pequenas absurdas conquistas
um deus que não se sente para uma conversa connosco
é o que não poderíamos aturar

porque também nos momentos de pausa
o ardor do mundo arca com o seu próprio peso
abre-se no seu fogo contra a contracção
de um punho que se fecha sobre os nossos úteros
os nossos braços os nossos olhos
a nossa alegria que ninguém poderá quebrar
que ninguém poderá quebrar

mas penso que o ardor do mundo
conta até o tempo
de quanto durou esta pausa
tão inclemente que saberá até
quanto tempo levou até o açúcar
de sucessivas barras de chocolate
ter redundado em sugar rush

mas descola-se e vai cair

já está na luz inscrita no corpo do santo
na ausência prometida pelos delicados detalhes
do seu brocado de mártir
para ficar tão iluminado
tem de ser assim vivo, pedestre, pagão
capaz de uma caminhada em linha recta
luz vinda de baixo para cima e assim aceite


Berlim, 25 de Maio de 2018
Oxford, 28 de Maio de 2018



febrero 23, 2019

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Pablo Anadón: sobre un episodio de la vida de Rudyard Kipling

Rudyard Kipling

Termino de ver la hermosa y terrible película "My boy Jack", sobre un episodio de la vida de Rudyard Kipling y su familia, cuando el hijo mayor, John, de 17 años, decide alistarse como voluntario en el ejército, impulsado en parte por su padre y los principios heroicos y nacionalistas de

febrero 21, 2019

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Alberto Cisnero: "adiós con escénica rapidez..."

22



polvo y niebla de los callejones, ya no me
siento solo. espero no llegar muy lejos, espero
que por la mañana me encuentren sonriendo
por un sueño que no se truncó. mirando largo
rato el blanco de la página, en silencio.
la tierra mantiene su imperio despedazando
hombres, puentes, casas. levantamos banderas
ajenas y hasta alguna nuestra. cualquiera
puede identificar y elegir el bien. esa es mi
tapera, mi destrucción, mi fantasía desarticulada.
aquí estoy, alegre, dispuesto a incluirla
en la deferencia sutil de algún epigrama.
y recuerden los viejos camaradas: no recitamos
los mismos libros que nuestros mayores,
los suplimos con furor.



27



sucedió algo determinado. prometí algo
sin decir qué, rendí las llaves de una ciudad,
lo empeñe todo y empecé de nuevo.
para escribirlo. para procurar evidencia.
para obligarme a creer en esa peripecia que hace
brotar flores de mistol, del aire, tan sólo
con aludirlas. definitivamente, no hay prisa.
un cielo impecablemente negro, el papel
limpio y vacío y perfectamente ordenado
mientras nuestras moléculas se confunden,
tienden hacia lo que van a destruir, establecen
su propia relación con el pasado.
cosas que uno nunca aprendió
y que recuerda nomás. o que imagina querer.
existen como este manuscrito, un río o un rincón,
indiferentes a quien lo descifre o a quien
vaya a hundirse en él.




33



todo ya fue escrito hace mucho tiempo.
los insectos estivales chocaban contra
la lámpara. ahora lo único que te resta es exponer
material de desecho, reiterar la sencilla crónica
de su pasado, los atributos externos
con los números pegados en ellos para los salones
de subasta. y que sea incompleto o repelente
en la vetustez de su tema. estuviste ausente
y encontrás de pronto las puertas cerradas
y las ventanas a oscuras. y tras el frescor de ese
primer cortejo, devuelto a su sentido prístino
el impulso de ponerle un fin iracundo, resolvés
escribir otro poema (cedido, propio, hurtado),
no importa sobre qué. extendés la mano y te decís
adiós con escénica rapidez, sorprendido sin una
opinión sobre los detalles faltantes, sin ocultarte,
permaneciendo en un rincón.



De: "Forma parte de mi guerra", Barnacle, 2019
Otros poemas de Alberto Cisnero, aquí

febrero 19, 2019

febrero 16, 2019

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Jonatán Reyes

Jonatán Reyes

|00|12|



el vértigo aviva las cosas inanimadas
como un desliz es una hora errónea.
quién sabe. sólo sabemos que nunca
llega la hora / sino que hay que llegar
a ella / sí / claro está. hay que llegar
como una colisión / llegar y meterse
en sus concavidades / y ser cardumen
brazada / delta / lo que sea / y sellar
la cáscara / bucear.

o también / digamos
                                     que nosotros 
somos la hora que / nos alargamos 
y astillamos 
    y que a su vez nos descolonizamos
que la hora es nuestra propia 
                        y hermosa desolación.

venidera sí la nauseabunda sensación
cuando nos enteramos / a contratiempo
que el pegamento se terminó.  sí / 
siente el levitar intrincado 
                             siente la fecha cómo
se despega                                 
                  mira los dígitos a media ruta
mira el punto de cierre / allí dilatándose
siente la anémona que revienta bajo la piel.




|00|19|



hoy saliste de la máquina e imitaste
el zumbido del cuerpo cuando revienta 
en lo profundo

hoy saliste de la máquina 
trenzada y telepática / con tu huella 
impresa en el augurio lábil de los días 

y te sentí interferencia / te sentí brizna
de otra rauda que se tuerce maleza

te sentí danza nada más 
                             sobre esa loseta
trastocada / de frente 
al cénit que te inventa / de un sólo golpe.




|00|24|



hemos predicho esta zona fingida
la insensatez de lo que se despega
la herida viva hasta su trascendencia

pero / digamos que seguimos siendo
perros de sol que se descascaran con
el trueno / que el silencio dispone
lo insólito a la redonda / que 
la belleza irradia en su derrumbe

esta clarividencia que nos vincula es 
la dilatación de tu cuerpo cuando se
tuerce en el mío / desliz de tu carne 
reproducción de un futuro que sutura
las cáscaras como si fuesen augurios

diríase la nada es el dorso de otra caricia
la corteza retiembla en su traslado
el ramaje nos presagia / que un fin fuese
absurdo / pues la vida reinicia en su trance.



De: "Databending", Barnacle, 2019

Jonatán Reyes (1984, San Juan, Puerto Rico)
Ha publicado los libros:Actias Luna(2013), SunnySonata (2014), Aduana (2014), Filmina (2016), Perdíamos la gracia y el verano (2017) y Data de otro ardor (2018).
Su poesía fue publicada en diversas revistas internacionales de literatura y poesía, de Colombia, Argentina, Venezuela, España, Grecia, Italia, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, Chile, Bolivia y México. Su libro El oleaje que nos deshace resultó finalista del Premio Internacional de poesía Francisco de Aldana. En 2018 recibió el Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero por su poemario Data de otro ardor.
Ha sido traducido al italiano, griego, inglés y portugués.
Es director y editor de la revista de poesía Low-fi ardentía

febrero 07, 2019

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Robin Myers: "Viendo una fotografía de mi abuela Estela, a quien nunca conocí"


Robin Myers

Después de Coahuila, Del Río, San Antonio, Chicago y Janesville, en Wisconsin,

de la revolución y sus fronteras de arena movediza y de su padre ansioso en pleno caos,

después de aquel trabajo largo y almidonado que tuvo él en la compañía Parker, leyendo

sin palabras, día tras día, el periódico con una de las manos detrás que se alargaba en busca del tazón

de chiles jalapeños, después de que nacieran uno tras otro la hermana y los hermanos,

febrero 05, 2019

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Ángel Faretta

Ángel Faretta

A quien se sienta a mi lado




Por qué Dios mío, frente a la belleza
posible, como Narciso a contracorriente,
evitás todo posible contacto cuando
huido ya de la tentación del espejo
lo otro me atrae fuera de mi yo.
¿Por qué? Te pregunto otra vez,
se repite esta no especular razón
que hace huya de mi ser parcial
buscando completarlo en otro.
¿Has tenido a bien –o a mal-
buscar mi perdición, cuando
no hago más que buscar
eso que pusiste en tu mundo
para así valorar lo tan bello
de tu obra? Siempre tarde
con torpezas y errores;
nombres apenas borroneados,
falta de señas, adioses apurados;
sueños que buscan compensar
vanamente lo no logrado; así
me apartás desde siempre
-o muchas veces, entonces-
de la piel vista y deseada
el paisaje carnal, el borde
de la prenda o dobladillo.
Penosa peripecia y pena.
¿Me vas a dejar tan sólo
la belleza de la imagen
vuelta pintura o film?
Todas son naves que se van
en este tiempo, y que solo
dejan una estela en el mar
inquieto de mi deseo 
tenaz. Aún en lo bajo
lo alto permanece.
Chet Baker ya sin dientes
al pico de su trompeta…
en Tokio en busca 
de un zen ya vuelto 
clisé y comentario. 
Me tiro al piso,
me desgarro, si llamás
desde ese otro lado.



Otros poemas de Ángel Faretta, aquí 

FIN DEL EPISODIO

FIN DEL EPISODIO
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