19/8/14

Osvaldo Aguirre



Sociedad





   Un par de conejos
que trajo el tío
fue el principio
de un gran negocio.
   En las vacaciones,
con el primo
armaron una hilera
de jaulas y se turnaron
para darles de comer
y hacer de serenos.

   Llegaron a tener
cien conejos:
una vez los contaron.

      Todo el mundo,
en el pueblo, conocía
el criadero,
y cada santo día
era un desfile, caían
al campo a buscar
cantidad y precio.
   
        Con el primo
sacaban cuentas
y guardaban la plata,
monedas de uno,
cinco y diez centavos,
en una caja de grageas
para la tos.
                      El olor
a mentol los hacía
pensar en conejos,
en pan remojado,
en zorros al acecho.
         Y en la bolsa
que escondían
bajo la baldosa floja
de la despensa.





No me hagas acordar





Habíamos esperado
tanto, el campo
arado de grietas
y pasto como piedra
para dejar sin dientes
a la yegua, daban
ganas de llorar.
Prendíamos velas
a Dios y a los santos,
y a la pobre nona,
en el paso de la cocina
a las piezas.
Pero no había caso.

Los perros, afligidos,
eran piel y hueso:
no me hagas acordar.

Y en el pueblo
los que sabían todo,
ah, las lengua largas
y los mandados hacer
leían en la bosta,
las nubes o el fuego
donde ponían la marca,
bah, total, no les iban
a cobrar el aire:
algo nunca visto,
bolaceaban,
las pruebas atómicas,
el cometa, Nostradamus
y otra gente que trae yeta.

Con la amargura
yo no llevaba
el menor apunte,
hacía la parte de pavo,
iba dormido. Y cuando vi
que viento norte,
la tierra en la ropa
puesta a secar,
el remolino de tierra
y hojas en el corredor,
el cielo que se venía
abajo y era de tierra,
salí a recibir
para que la visita
supiera cuánto, cuánto
habíamos discutido,
que forma de renegar
con la radio
-“para hoy se espera,
mañana sin falta”,
puras macanas-
y no se fuera,
como las otras,
a la misma mierda.





Abracadabra





El tío Antonio
mostraba su mano
izquierda estirada,
pedía unos segundos
de concentración,
atención al silencio
y patas de cabra,
partía el índice
en dos, podíamos verlo
con nuestros ojos,
el dedo se movía solo,
oh. Pero no le dolía,
era magia

y la mano tenía
uno dos tres cuatro
cinco dedos
al abrirse de nuevo,
con una moneda
que se transformaba
en caramelos.

Quesequede,
decíamos, en el patio
de la luna y los escuerzos,
y más claro agua:
otra, quesequede.
Si le daban un mazo
adivinaba qué carta,
abracadabra,
y un pañuelo blanco
se convertía en otro
largo y de colores.
Quesequede, otra,
otra, pero la familia
esperaba en la cocina,
o reunida alrededor
del asador, para hablar
de cosas aburridas.





La copa Benito Palmaz
(según El Informe de Barlett)





En la primera fecha
Unión de Cepeda,
con la ayuda del árbitro,
el viejo que andaba
de sereno en el galpón
del ferrocarril,
pudo vencer al conjunto
de Sportivo Agrario,
el rojiblanco.
Social Atlético Barlett,
el local, quedó libre.

Estaba en disputa
la copa donada
por Benito Palmaz
a beneficio
del chico Maturano,
más muerto que vivo
en un hospital de Rosario.

Social Atlético se había
reforzado –un arquero,
un cinco y un nueve
que venían por la soja,
con las máquinas-
y el gringo Fioramonti
echaba pestes: querían
que fuera suplente,
él, que llevaba años
con la casaca a rayas
rojas y verdes

y no hubo quién
nadie pudo ni quiso
quién le llevaría el apunte
cuando el árbitro
hizo sonar el silbato
y señaló el centro,
decretando, señoras
y señores, el empate
de Social Atlético,
con sus refuerzos,
y Agrario, un rejunte
de muertos de hambre
y peones de la cosecha.

En la tercera y última
fecha salió otra vez
el sereno del ferrocarril
sorteado como árbitro.
Y apenas comenzó
el juego, quedó claro
que estaba comprado:
ellos pegaban,
y los fules eran nuestros;
ellos de vigilantes,
y el nueve nuestro,
un grandote que estaba
en las nubes,
quedaba fuera de juego;
“penal, penal”, gritaba
hasta el gringo Fioramonti
cuando cruzaban al diez,
que era bueno, y cobraba
en nuestro arco:

pero el negrito
que se había puesto
los guantes era un gato,
como si un elástico
y se quedó con el tiro
del capitán de ellos,
un veterano que venía
de la liga de Pergamino
y jugaba sin moverse
de media cancha.

El sereno, a lo mejor
por una botella de vino
barato, por una botella
de vino barato, el gringo
se cortaba las manos,
emperrado
veía otro partido.
Detrás del alambrado,
tapado de carteles
de la Unión Comunal,
volaban puteadas
y gargajos. La cosa
pasaba de castaño
oscuro, “escándalo”,
dijo el presidente
Rufino Tisera
a El Informe de Barlett.
Pero el borracho no pudo
evitar que el nueve
bajara de las nubes,
cuando la hinchada
de Cepeda festejaba,
y metiera un cabezazo
directo al ángulo.

El viejo Maturano
entregó la copa
Palmaz al capitán
de Social Atlético
y gracias a la colecta
de las entradas
sacaron volando al chico
del hospital
donde querían matarlo.





De: Si llueve porque llueve y si no llueve porque no llueve (inédito)




En el cementerio de Juan B. Molina




I


Dios
no te castigó,
ni caíste
fulminada
por un rayo,
como pedías,
en caso de decir
una mentira.

Todos los muertos
fueron testigos.


II


Salieron
de las celdillas
atontadas
por el efecto
del insecticida.
El nido quedó
por el piso, polvo
en el ladrillo
molido.

No pudieron
hacer nada.
Eran tres o cuatro
rojas y negras,
y entre ellas
una reina destronada
a escobazos limpios
y patadas.


III


Esta es la primera
foto, en el cajón
de sus restos.
No lo imaginaba
de ninguna manera
y cualquier otra
imagen hubiera sido
una sorpresa.
Pero se trata
de ésta y me cuesta
dar con el aire
de familia. Tal vez
la forma de mirar,
esa reserva
con la que se pegó
un tiro en la cabeza
cuando lo esperaban
en la mesa.




Osvaldo Aguirre (1964, Colón, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: http://lasvueltasdelcamino.blogspot.com.ar/

Imagen: www.vientodelsurlluviadeabril.blogspot.com



17/8/14

Osvaldo Costiglia























Domingo





Viaje hacia atrás del cráneo,
donde las manos entrelazadas,
reponen la respiración del domingo
a esta cabeza en acecho,
moviéndose hacia la calma
de su final.
Así, de tanto en tanto
miro lo que el tiempo abandona
y no digo nada
que pueda apartarme
del roce lento y pausado de la vida.
Si tengo miedo, es que hay
paisajes donde ni siquiera puedo sentir
el paso de las sombras.
Tiento así, con los dedos, dos líneas de arena
y trazo la transversal.
No es cierto que la geometría tranquiliza.
El viento en los labios, tiembla,
y desocupa el día.





Rimbaud se despierta en Harrar





la boca que no emitió ya verso alguno
la mano que se llevó sus anillos
por caminos calcinados
trocando la luz de las iluminaciones
por aquella de Abisinia
la mirada perdida
terminó allí ese cruzado de la lucidez
que se vió una temporada en las llanuras suavas,
en Bizancio o en las hechicerías profanas
de las ternuras por el crucificado
un leproso sentado contra un muro roído por el sol
ahora no sabe que preguntar al lastimoso hermano
replegado en la hendidura
que nunca más nombró
en esta insólita mañana helada
cuando siente que lo llama el jefe de los caravaneros.





Osvaldo Costiglia (1940, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina)
Fuente: www.confinesdigital.com

Imagen: www.intercuerpos.blogspot.com



15/8/14

Romina Cazón, poemas inéditos

La misma sangre





I


Hace un año mi amante cayó a mi casa
yo a sus pantalones.
Hicimos un riachuelo
mas nadie se ahogó
Antes, me habría gustado  darle
un buen arroz con milanesa
la servilleta y su copa de vino.
Sentarnos para pensar seriamente
en el lugar de los muebles
y en el color de la recámara.
Preguntarle por ejemplo por sus tenis
Indagar su tamaño. Desmenuzarlo,
para no caer tan obviamente 
rendida a las sábanas.


II


Mi nombre es ninguno.
Soy una hembra flexible
y a menudo digo si
cuando se trata de destapar un vino o ir a la cama
Camino lento
no obstante 
siempre llego a donde me esperan.


III


Al salir  de misa me patearon la  cara
el muslo y el estómago.
No hubo Dios para mí, pero sí un cuaderno.
Escribí una historia tan siniestra
que no me atreví a leerla.
Pronto supe que para morir en armonía
era pasando horas en vela
dándole la mano a  la pluma
y hacer que corra la misma sangre.


IV


Mi tarea no radica en escribir
si no en adueñarme de la realidad.
Yo muevo los objetos
de la cocina
y sé dónde hallarlos
y para qué sirven
Sé que esos objetos
probablemente irían al baño conmigo
y tendrían sexo si así lo quisiera.
Puesto que cuando la pluma cae 
alguien puede ser poeta.


V


La voz
es una escalera lúgubre
un pasillo que no se encuentra
cuando es necesario salir de casa.
Mi voz no tiene que ver con Nazareno,
pero está en el reloj de mano 
y en el vientre de una mujer
que busca consuelo en el altar.
Mi voz es la que deambula en la calle
y nombra objetos que no conozco.


VI


Creo en Guadalupe
mientras ella  no  mire el escote que tiene mi camisa
y esta manía de tener una pluma 
en la bolsa del mercado
A ella le dejo cartas
mis lunares
todos mis sábados
con olor a caña 
y unos centavos.


VII


Salgo a la banqueta,
en mis hombros llevo zapatos de anciana.
Voy hacia el kiosco a meditar
acto que no hago comúnmente
salvo cuando  peligra un brazo
Magdalena  o mi amante.
Enciendo un cigarro y observo la gente que pasa
que ni siquiera sabe
que contamino el ambiente


VIII


Guadalupe,  te encuentro en el lodo
y en el librero 
Lentamente todo evoluciona
pero es un camino confiable
para llevar la vestimenta
a otra estancia
y temporalmente cantar 
hasta que la piel sea otra.


IX



La imagen para mi religión ha muerto
el día de mi cumpleaños.
Sólo tengo en  la memoria
un velorio sin plegarias
Yo no recé para no usar vocablos gastados
Me  fui a dormir pronto
y en la madrugada 
la casa estaba vacía.


X


Odio la cruz de Cristo
porque remite a la suciedad
de uñas estúpidas
Remite a la ignorancia
de un viernes luctuoso
en que nadie pudo llorar
porque la lágrima no servía 
como tampoco sirve mirarse adentro 
para hallar la paz.


XI


Encontré la paz en un espejo
cuando era de noche
y yo coqueteaba con mi vino espumoso
y mi cabello.  
La resaca locamente venía hacia a mi
mientras yo me balanceaba
en los azulejos de la casa
y  pensaba
en que por fin debía dormir.


XII


Mi mano es una  dalia
que  proviene  de una mujer 
que no concilia con el sueño ni la luna.
Mis plegarias  oportunamente se acercan a ti 
y surgen de la necesidad de abrir los pulmones 
y exhalar  vocablos.


XIII


La historia se cierra
en los labios 
en un sábado sin gloria
con mis gatos en las piernas
y el timbre del teléfono
con un número equivocado.
No concluye  el acto,
tampoco  la carne.
Puntual es la hora en que dejo mi cuaderno
para ir a cenar.


Canto  del libro inédito: La mujer de Nazareno


Romina Cazón, escritora, artista audio-visual y promotora cultural. (Argentina, 1981). Actualmente reside en Querétaro, México. Sus textos se hallan parcialmente publicados en antologías, como también en revistas impresas y digitales de Latinoamérica y Europa.
Es autora de Con mis uñas de gata (poesía japonesa, 2008), Patria Ajena (poesía 2010),  Del fondo de ningún vientre (poesía, 2012) y De sus piernas en  mi cuello (cuentos, 2013)  Artefatuo (poesía visual, 2014), Material On /Off (poesía visual, ebook, 2014)
Compiladora de  Panorama de la poesía mexicana (poesía reunida de 69 poetas, 2009 Ediciones el Humo) 
Dirige la revista de arte y cultura, El humo (www.revistaelhumo.com) y ZONA NO VERBAL (www.zonanoverbal.blogspot.mx)  Es responsable de Ediciones El humo,  colección poética Ojo Cautivo

Imagen: propiedad de la autora




14/8/14

Daniel Durand


Luz y oscuridad






Llego, entro, prendo la luz de la cocina
y sorprendo a las hormigas coloradas
puliendo los platos y cargando
todos los restos de comida.
No me molestan, pero mentalmente
les advierto sobre la superpoblación:
hasta ahora el ecosistema se mantiene.
Sin embargo, si consigo trabajo,
comeré más, vendrán amigos y mujeres,
habrá más restos, ustedes crecerán
y tendré que echar insecticida.
Sólo esta pobreza puede mantenernos
delicadamente unidos





Spray






Tenemos muchas palabras
para designar a la lluvia,
en español y en rioplatense,
pero hay una muy fina,
que casi no cae y se mantiene
suspendida en el aire,
es una especie de spray, a esa
nunca pude encontrarle palabra.

El spray denso de esta mañana
borronea todos los objetos
que tratan de avisar
que hoy es domingo.
De manera que nos hallamos
ante un ningún día.

Afuera los de la calle deambulan 
buscando un toldo para pasar la tarde
Acá adentro tengo de todo y en orden,
y sin embargo busco un error, una falla, 
algo para hacer entre medio de los mates.





Daniel Durand (1964, Concordia, Entre Ríos, Argentina)
Imagen: www.losandes.com.ar



12/8/14

Mercedes Halfon


Tengo la mayor parte de mi cuerpo cubierta






en la cartera dinero
algunos cigarrillos
monedas para viajar
cosas que puedo necesitar más adelante
voy en colectivo
algo que no detecto
tensa el arco en dirección única
una pregunta para hacerle a los desconocidos
¿estás bien
o a veces estás triste?





Hace onde días que estoy sola





nada se detiene en la cinta de embalar
voy a decir después hablamos
cerrando la puerta del auto
o cortando el teléfono
y no me ven más el pelo.

Por el momento sólo interesa rescatar
lo que se puede de la casa
un cambio climático
tirar el chicle y morder el papel





Mercedes Halfon (1980, Buenos Aires, Argentina)
Imagen: www.blog.eternacadencia.com.ar



9/8/14

Laura García del Castaño




Mi padre no sabía sangrar
pero aprendió a fumar como un jinete de la muerte
Encendía su cigarrillo y se sentaba en un rincón de la casa
Había humo en su mañana
La rabia y la ceguera le crecían por la siesta
Cuando se fue, no pude llorar
Todavía en medio de la noche veo la colilla encendida
una luz que no alcanza a iluminar nada
pero prende fuego a todos los rostros de mi mente
Acerco la frente y arde la proximidad de mi padre
Arde su corazón como un animal tejido en mi interior
Él aprendió a justificar su ausencia con la muerte
yo aprendí a jugar que me desangro. No es cierto.
Lo único cierto es que fumo en la oscuridad de aquel rincón
Llevo a mi padre al pulmón y me siento como él,
            en el borde de la rabia y la ceguera
Soy una mujer distante. Soy la herida hermética
            que mi padre no aprendió a sangrar
Y él es también mi radical y más cerrada herida
Por eso cada noche nos sentamos en silencio,
             con más fuego que espanto
Nos sentamos a extinguir lo que no pudo apagarse
con la muerte
Me esfuerzo por sangrar pero sólo cae ceniza




De:"El animal no domesticado", Editorial Gráfica 29 de mayo, 2014
Otros poemas de Laura García del Castaño, aquí

Imagen: Facebook



Marin Sorescu



Contabilidad





Llega un momento
Cuando debemos trazar bajo cada uno de nosotros
Una raya negra
Y sacar cuentas.

Algunos momentos en que estuvimos a punto de ser felices,
Algunos momentos en que estuvimos a punto de ser hermosos,
Algunos momentos en que estuvimos a punto de ser geniales.
Nos encontramos unas cuantas veces
Con algunos montes, algunos árboles, algunas aguas
(¿Dónde estarán? ¿Seguirán con vida?)
Todo esto suma un futuro luminoso
Que ya hemos vivido.

Una mujer que amamos
Más la misma mujer que no nos amó
Suman cero.

Un cuarto de vida de estudios
Suma varios miles de millones de palabras forrajeras,
Cuya sabiduría hemos eliminado poco a poco.

Y, en fin, un destino
Más otro destino (¿de dónde habrá salido?)
Suman dos (Apuntamos uno y llevamos uno,
Quizás, quién sabe, exista la vida de más allá).






Simetría





Iba tranquilamente
Cuando de pronto, frente a mí
Surgieron dos caminos:
Uno a la derecha,
y el otro a la izquierda,
Según todas las reglas de la simetría.

Me quedé inmóvil,
Cerré los ojos,
Estiré los labios,
Tosí,
Y tomé por el de la derecha
(Exactamente el que no debía,
Como se comprobó más adelante).

Caminé por él como pude,
Está de más abundar en detalles.
Luego frente a mí se abrieron dos
Precipicios:
Uno a la derecha,
Otro a la izquierda.
Me lancé por el de la izquierda,
Sin pestañear, sin siquiera precipitarme,
Me lancé con todo por el de la izquierda,
El cual, ay, no era el sembrado con plumas.
A rastras seguí avanzando.
Me arrastré cuanto pude,
y de pronto, frente a mí
Se abrieron amplios dos caminos.
«¡Yo les enseñaré!» -me dije-
Y me empeñé otra vez por el de la izquierda,
Con hostilidad.
Equivocado, muy equivocado, el de la derecha era
El verdadero, el verdadero, como se dice, el gran camino.
Y en la primera encrucijada
Me consagré con todo mi ser
Al de la derecha. Y nuevamente
El otro fue el que debí tomar el otro...
Ahora están por terminarse mis provisiones,
El bastón de mis manos envejeció,
Ya no echa brotes
Para estar a su sombra
Cuando me embarga la desesperación.
Las piedras desgarraron mis tobillos,
Crujen y gruñen en mi contra,
Puesto que me he mantenido en una permanente
Equivocación.

Y he aquí que otra vez ante mí se abren
Dos cielos:
Uno a la derecha,
El otro a la izquierda.



Marín Sorescu (1936,  Bulzeşt / 1996, Bucarest, Rumania)
Fuente: www.grandespoetasdelmundo.blogspot.com

Imagen: www.weart.ro



6/8/14

Frank O'Hara




Para Grace, después de una fiesta





     No siempre sabes lo que siento.
Anoche en el cálido aire primaveral mientras yo
incineraba con mi invectiva a alguien que no
me interesa,
                      era mi amor por ti el que me
encendía,
                  y ¿no es raro? porque en cuartos llenos de
desconocidos mis sentimientos más tiernos
                                                                      se retuercen y
engendran los frutos del grito. Extiende tu mano,
¿no hay
                 un cenicero ahí, de pronto, junto a
la cama? Y alguien que amas entra al cuarto
y dice ¿no te gustarían
                                           los huevos ligeramente
distintos hoy?
                            Y cuando te los trae son
solo simples huevos revueltos y el tiempo cálido
continúa. 




For Grace, After a Party // You do not always know what I am feeling. / Last night in the warm spring air while I was / blazing my tirade against someone who doesn’t / interest / me, it was love for you that set me / afire, / and isn’t it odd? for in rooms full of / strangers my most tender feelings / writhe and / bear the fruit of screaming. Put out your hand, / isn’t there / an ashtray, suddenly, there? beside / the bed?  And someone you love enters the room / and says wouldn’t /   you like the eggs a little / different today?/ And when they arrive they are /just plain scrambled eggs and the warm weather / is holding.







Beber una Coca contigo





es todavía más divertido que ir a San Sebastián, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne
o tener náuseas en la Travesera de Gracia en Barcelona
en parte a causa de que con tu camisa naranja eres como un mejor y más alegre San Sebastián
en parte a causa de mi amor por ti, en parte a causa de tu amor por el yogur
en parte a causa de los tulipanes de naranja fluorescente alrededor de los abedules
en parte a causa del misterio que adquieren nuestras sonrisas ante la gente y las estatuas
cuando estoy contigo es difícil creer que pueda existir algo tan inmóvil
tan solemne tan desagradablemente definitivo como una estatua mientras que justo frente a ella
bajo la cálida luz de Nueva York de las 4 en punto deambulamos
por aquí y allá
entre uno y otro como un árbol que respira a través de sus lentes
y en la exposición de retratos parece no haber absolutamente ningún rostro, solo pintura
de pronto te preguntas por qué demonios alguien los hizo
                                                                                                             te miro
a ti y preferiría mirarte a ti que a todos los retratos del mundo
tal vez con la excepción del Jinete polaco de vez en cuando y que de todos modos está en el Frick
al que todavía no fuiste gracias a Dios así que podremos ir juntos por primera vez
y el hecho de que te mueves de una manera tan hermosa más o menos resuelve el Futurismo
igual que estando casa nunca pienso en el Desnudo bajando una escalera o
estando en un ensayo en ese dibujo de Leonardo o Miguel Ángel que solía maravillarme
y de qué les sirven a los Impresionistas todas las investigaciones sobre ellos
si nunca encontraron a la persona indicada con la cual pararse junto al árbol al caer el sol
o para el caso a Marino Marini si no eligió al jinete con el mismo cuidado
que al caballo
                          parece que todos ellos fueron privados de alguna experiencia maravillosa
la cual yo no voy a desperdiciar razón por la cual te lo estoy diciendo




  
Having a Coke with You // is even more fun than going to San Sebastian, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne / or being sick to my stomach on the Travesera de Gracia in Barcelona / partly because in your orange shirt you look like a better happier St. Sebastian / partly because of my love for you, partly because of your love for yoghurt / partly because of the fluorescent orange tulips around the birches / partly because of the secrecy our smiles take on before people and statuary / it is hard to believe when I’m with you that there can be anything as still / as solemn as unpleasantly definitive as statuary when right in front of it / in the warm New York 4 o’clock light we are drifting back and forth / between each other like a tree breathing through its spectacles // and the portrait show seems to have no faces in it at all, just paint / you suddenly wonder why in the world anyone ever did them / I look / at you and I would rather look at you than all the portraits in the world / except possibly for the Polish Rider occasionally and anyway it’s in the Frick / which thank heavens you haven’t gone to yet so we can go together the first time / and the fact that you move so beautifully more or less takes care of Futurism / just as at home I never think of the Nude Descending a Staircase or / at a rehearsal a single drawing of Leonardo or Michelangelo that used to wow me / and what good does all the research of the Impressionists do them / when they never got the right person to stand near the tree when the sun sank / or for that matter Marino Marini when he didn’t pick the rider as carefully / as the horse / it seems they were all cheated of some marvelous experience / which is not going to go wasted on me which is why I am telling you about it






Fuente: www.transtierros.blogspot.com
Otros poemas de Frank O'Hara, aquí

 Imagen: www.daronlarson.blogspot.com



3/8/14

Luis Bacigalupo


Los élitros de las moscas tristes






La tarde senil deambulaba cargando un tormento de jaspe
en las espaldas.
¿Debí apiadarme de ella o proseguir mi camino hacia el malecón?
Era imposible atravesar el muro de las moscas en Babia.
¿Has visto pasar la peste por allí?
Brotan las mieles por las hendijas del aire.
El aire caliente, pesado:
un bochorno ver a esas niñas espiando
los sueños de Aretino.

Siempre lo supe,
pero recién hoy pude comprenderlo.

El cielo se aferraba a la verja
con su ansia verde y trepadora.
Me conmovía el verlo alejarse de mí.
No me demoraba en estrechar distancias, según mi vocación.
Montado al vuelo de una mosca ascendía hasta las nubes
desde donde escupía hiel con desdén pasajero pero constante.
Un desdén núbil, de niñita nacida en la pringosidad.

Lo que sigue es historia conocida tanto
como la varicela y el sarampión
o esos gatos que parecen maullar cuando en verdad
sólo están hablando en chino.




Renegado





Negado, de todos modos necio,
sin control en el vacío donde horizontes sin vastedad
no halagan
el torneado de tus piernas.

Resaca y más,
hastío,
por si aflora en el jardín el túmulo negro.

Acerado el escalofrío de ceder
a unos labios agusanados.

Ay
dolor mecido en los brazos de una madre
sin progenitura,
arrojado a la risible verdad de unos dientes rotos.

Confía
ante todo en lo que digo.
La serenidad de este pesar es placebo apenas
¿dicha?
Ni en el extremo opuesto de esta confianza
he de defraudarte:
eso es felicidad.

Confía,
confía ante todo en tu confianza.
Llegado el caso, el caso ha de quedarse aquí,
rumiando entre nosotros,
como nosotros.
Al tiempo, habrá de marcharse
como sólo el tiempo lo sabe hacer.

Confinado en el trajín del túmulo quieto,
me has visto y no me has visto.

Una horda de gusanos asola mi campo.
Ay
labios besados bajo una luna estival.

Porque se puede ser feliz en la oscuridad
pero no un exaltado que se sustrae de la fosa real,
del real agujero de sus pensamientos.

Miento,
de todos modos necio.





Luis Bacigalupo (1958, Buenos Aires, Argentina)

Inéditos

Imagen: propiedad del autor