31 de diciembre de 2009

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Julio Cortázar



Encargo





No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como un música fácil, no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desésperame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo.
Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre,
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.






Julio Cortázar (Bruselas, Bélgica, 1914 / París, Francia, 1984)
De "Veredas de Buenos Aires y otros poemas", 1995 Compañía Editora Espasa Calpe Argentina S.A

Imagen: http://www.elortiba.org/cortazar.html









30 de diciembre de 2009

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Philip Larkin



Retransmisión





Un gran murmullo y toses como de espacio lleno
en domingo y que el órgano intimida
preceden a un redoble repentino,
al Himno y a los ruidos del volver a sentarse.
Ataca un lloriqueo de violines:
imagino tu cara entre todas las caras,

bella y devota ante
cascadas de desfile aparatoso,
olvidado en el suelo un guante tuyo,
cerca de tus zapatos nuevos, algo anticuados.
De pronto, aquí, se pierde. Ya no tengo
más que le contorno de las hojas quietas

que amarillean, escasas, en los árboles.
Detrás de la luz roja de frecuencia,
la tormenta de acordes apabulla
con el descaro de la lejanía
y a mí me desesperan los pitidos: trato de distinguir,
mínimas entre todo, tus manos cuando aplaudan.





Philip Larkin (Coventry 1922 / Londres 1985, Inglaterra)




Broadcast



Giant whispering and coughing from
vast Sunday-full and organ-frowned-on spaces
precede a sudden scuttle on the drum,
"The Queen", and huge resettling. Then begins
a snivel on the violins:
I think of your face among all those faces,

beautiful and devout before
cascades of monumental slithering,
one of your gloves unnoticed on the floor
beside those new, slightly-outmoded shoes.
Here it goes quickly dark. I lose
all but the outline of the still and withering

leaves on half-emptied trees. Behind
the glowing wavebands, rabid storms of chording
by being distant overpower my mind
all the more shamelessly, their cut-off shout
leaving me desperate to pick outyour hands, tiny in all that air, applauding.






Las Bodas de Pentecostés, Pre-Textos , 1991, Valencia.
Traducción: Alvaro García

Imagen:www.lomejordenuestravida.wordpress.com

27 de diciembre de 2009

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Pablo Queralt





Pasan bandadas de loritos en una agua lavada en los ojos en el
sudor las grietas que deja el día nacer morir
hasta el fin del jadeo hasta la astilla.

Y las ramas cargadas de frutas en oro de luz naranja purpúrea
caen a uno y otro lado
sin mover las alas
en la ceniza de la tierra batida.

Las acequias en el arrullo de las aguas celestes entre los silvestres
ciclámenes y albahacas y mentas perfumando el silencio de los chingolos

y el aire tibio alcanzó un punto en la dulce luz los ojos vuelven a
disfrutar
en la líquida visión fuera de la propia realidad.






Pablo Queralt (Buenos Aires, Argentina, 1955)
De: "Late", Huesos de jibia, 2008

Imagen:www.poetica-arbitraria.blogspot.com

26 de diciembre de 2009

23 de diciembre de 2009

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Javier Adúriz

Pero son tus ojos, el fondo de tus ojos lo que vale. El espíritu que le dicen, la condición de algo. Venga la sombra con su seco alarido. Mude el color, la gracia de este atardecer. A quién le importa. Ahí estás vos, con el perfume de una flor en tus ojos. De una mirada, me secás el cerebro. Perforado, transido, ardiente, luminoso, me llevás por el cielo adonde quieras. Que voy pero que vengo, tan tuyo como de nadie. Solo, en la sola compañía de tu ser más compañero. Ahí, en el iris tuyo, donde se cuece el mundo.



 Fin del partido
La gloria de vivir
Haberte visto





Javier Adúriz (Buenos Aires, Argentina, 1948)
De "Esto es así", Ediciones Del Dock, 2009.

Imagen: http://www.tallermacedoniofernandez2009.blogspot.com/

19 de diciembre de 2009

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Jorge Aulicino



Preferiría hablar de cualquier modo





Como quien con la uña saquea una pera
así creyó que saqueaba la realidad;
en verdad dijo que las lluvias no lo contenían
y que las flores de jacarandá no lo contenían
y sintió como ráfagas en los techos
que la realidad vacilaba en el terreno verdadero, el de las metáforas.
Empezó de nuevo:
como campanas que suenan en otra región
un ángel descendió sobre él y le dijo:
nada queda de ti infeliz porque
creíste guardar tu tesoro de las analogías
y en verdad custodiabas una pista de maniobras abandonada
donde crece el cardón, azotan los alisios
y hay como un rumor -gritos de amor- en los hangares vacíos.






Jorge Aulicino (Buenos Aires, Argentina,1949)
De "Paisaje con autor", Ediciones Último Reino, 1988

15 de diciembre de 2009

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Laura Wittner





Otra ciudad





Cuando levanto la vista veo nieve,
nieve refulgiendo desde el televisor.
Como siempre, titilan sobre el mapa
los lugares donde una no está.
Seguro extrañaría el mercado de flores
y despertar en este piso octavo
que se abre desafiando al viento.
La verdad es que hubo un solo día de nieve
y que hay una posible segunda versión
para las cosas conocidas.
Las valijas están hechas desde siempre
y además están sobre el sofá
en posición de espera.
Ese momento dura, se sostiene,
es una manera de estar:
estar a punto de ser abandonado.
El pozo negro de las valijas hechas,
reverso del desembarco:
el deseo humano por lo incompleto
que se refleja, dicen,
en la predilección por lo pequeño,
lo breve, el fragmento.





Laura Wittner (Buenos Aires, Argentina, 1967)
De "La tomadora de café", Ediciones Vox, 2005

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: cceba.org.ar



11 de diciembre de 2009

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Roxana Palacios

La estación de las lluvias está en el parabrisas






1


me asusta la precisión de este país
los días programados para el huracán
nos detenemos en una calle empinada entre los edificios
es la estación de las lluvias decís
dos horas cada tarde
hay un tejido regular en el asfalto:
ráfagas y velocidad
después el estallido
la sangre entre las nubes grises
está todo bien decís
y hablamos de la comida de la noche
y las piedras del Paleozoico





2


llueve en San José
vos y yo estudiamos las gotas en la superficie de los charcos
las vemos abrirse y desaparecer
somos habladas no hablantes
palabras como multitudes detrás de unas hojas enormes
bocas que se agrandan hasta el largo grito
el chico sale de la mano de su padre hacia la lluvia
pedimos otra cerveza mientras juntamos las migas de la vuelta anterior
en una servilleta limpia y húmeda
también nosotras nos miramos
somos cuatro en esta verdad con que sustituimos realidades
cuatro para las manos que se agitan
el cuerpo que se estrella
como un pájaro
en los vidrios dobles de la camioneta
cuatro descendiendo el oro profundo de los charcos
algo se expresa aquí afuera
en tu lengua o en la mía
ni el miedo ni la certeza se prolongan

para Luz





Roxana Palacios (Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1957)

Imagen: Facebook de RP



7 de diciembre de 2009

2 de diciembre de 2009

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Salvatore Quasimodo




Nieve




Desciende la noche: otra vez nos abandonáis
queridas imágenes de la tierra: árboles,
animales, pobre gente encerrada
en capotes de soldados, madres
cuyos vientres fueron secados por la lágrimas.
Y la nieve nos ilumina desde los prados
como una luna. Oh, estos muertos. Golpead
sobre la frente, golpead hasta el corazón.
Que al menos alguien grite en el silencio
en este cerco blanco de enterrados.





Salvatore Quasimodo (Italia, 1901/1968)
De "Día tras día" (1947)
Versión de Eugenio y Gianni Siccardi en "Los grandes poetas", Centro Editor de América Latina


29 de noviembre de 2009

28 de noviembre de 2009

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Eugenio Mandrini



Silencios




Silencio del poema fallido, del espejo ausente de las
confesiones, de la lengua atascada en el horror.
Silencio del ciego ante un súbito resplandor.
Silencio del ojo hipnotizado por el fuego, y del ojo que se
escruta a sí mismo hasta el llanto o la intriga.
Silencio de la ropa fuera del muerto, del perro desorientado
bajo la noche del eclipse, del barro aprisionado en la
vasija.
Silencio del que apunta el arma a un cuerpo de animal
o de hombre, y silencio cuando guarda el arma
viendo cómo el cuerpo de animal o de hombre se detiene,
pierde luz, cae.
Silencio de la mirada de lujuria, en tanto que la lengua no
murmure corriendo por los labios.
Silencio del humo después de la devastación.
Silencio del que oye un ruido en la noche y permanece inmóvil
hasta que el amanecer enciende las luces de la casa.
Silencio del árbol olvidado por el viento, los pájaros, la
música del estío y el batir de los insectos nocturnos.
Silencio del odio acorazado en el insomnio.
Silencio de la multitud arrodillada como un ramo de orejas
muertas.
Silencio del caracol enterrado en la arena, el que relataba
en los oídos el sonido de la época y lo confundián
con el mar.
Silencio de la mujer que mientras derrama una gota de lágrima
o bilis sobre carnes y verduras, piensa qué está haciendo
allí cocinando para un mortal y no para un dios.
Silencio de las piedras al fondo del abismo, sin mano que las
elijan como proyectil o para arrojar a un muerto, y sin
voces que elogien sus brillos en la lluvia.
Silencio del hueso solitario que se liberó de la jauría.
Silencio de un hombre y un a mujer que convocados por
lo desconocido, al mirarse los ojos inician
la travesía entre la esperanza y la nada.
Silencio de la noche presentida, de Chuang-Tzu después
de no saber si fue o no una mariposa, del libro por el
anteojo roto, de la calle donde una mano pide
compasión.
Silencio del hambre consumada y del pan sobreviviente.
Silencio del que crea su mundo paralelo, cada vez que acostumbra
a sus fantasmas a flotar en las ventanas llovidas.
Silencio del silencio último, el más negro o más blanco
o azul o tibio en otra tierra.
Silencio del alma del estupor.
Silencio que ya no sabe lo cierto ni lo incierto, que es sólo
levedad o transparencia, y calla.





Eugenio Mandrini (Buenos Aires, Argentina, 1936)
De "Conejos en la nieve", Ediciones Colihue, 2009
Premio de Poesía Olga Orozco, otorgado por Juan Gelman, Gonzalo Rojas, Jorge Boccanera y Antonio Gamoneda

Imagen: nalocos.blogspot.com

26 de noviembre de 2009

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Raymond Carver













Una tarde




Mientras escribe, sin observar el oceáno,
siente entre sus dedos
el temblor de la pluma de su lapicera.
La marea se retira arrastrando
pequeñas piedras, restos de la vida marina.
todo esto no tiene nada que ver, no,
con el origen de su emoción. No.
Su corazón se acelera porque ella
en ese instante ha decidido entrar

22 de noviembre de 2009

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Malcolm Lowry


Salida de sol





Sin rastros de ebriedad cabalgué hacia la aurora,
con mano firme empuñé la única rienda,
recién calzado, recién absuelto -pero no recién nacido-
en la grandilocuente, la cordial pradera.
Desatado como el cielo corría mi corcel
y en armonía con el cielo brotaba mi canción.
Ah, los años a mi espalda parecián perdidos, perdida la proeza,
cuando olvidados los estribos yo cabalgaba.
-Pero qué cactus son estos en mis manos,
perros salvajes y espectros, ¿lo envuelven todo?
y regresé a esa tierra crepuscular,

galopando, galopando, galopando

Amarrado a este fatuo, a este inexorable caballo
de ojos sin párpados y de nombre, remordimiento.




Malcolm Lowry

Malcolm Lowry (Liverpool, 1909, Sussex 1957, Inglaterra)
Versión de Laura Nicastro en revista El ornitorrinco, enero de 1979

16 de noviembre de 2009

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Eugenio Montale


Esa flor que repite...





Esa flor que repite al borde del barranco
no te olvides de mí,
no posee colores más alegres ni claros
que el espacio arrojado entre tú y yo.

Un chirrido se suelta, nos separa,
el obstinado azul no reaparece.
En el calor casi visible me devuelve a la opuesta
etapa, oscura ya, el funicular.






Eugenio Montale (Genova 1896 / Milán 1981, Italia)
De "Motetes", traducción Horacio Armani



2 de noviembre de 2009

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Luis Eduardo Alonso




Soplar en el viento




he vuelto a ver un hombre que deseó escribir una melodía que te
volviera completamente loca nena
que soñó un empleo donde tocar la armónica y soplar en el viento,
soplar en el viento
los días de oro, las edades del dulce hartazgo
una foto de Radiolandia con los ojos puestos en un lugar
magnífico
y ese hombre no es Bob Dylan, los Rolling Stones cantando
pasemos la noche juntos
no es el muchacho en moto que ves pasar por esas autopistas
llenas de avisos comerciales
ni ha escrito la melodía perfecta donde por un instante has oído
el paraíso
Ese hombre es Paco que trabaja en una carnicería

1 de noviembre de 2009

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Fabián Casas


Cancha Rayada






Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.
Es un día de calor sofocante
y en el asfalto recalentado
vemos la sombra de un pájaro negro
que vuela en círculos,
como satélite de nuestra desgracia.
Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
ruge todavía en la cancha.
Acabamos de perder el campeonato.
La cabina del auto es un horno a leña;
los asientos queman y el sol que pega
en el vidrio, enceguece.
Pero no importa, como dos bonzos
dispuestos a inmolarse,
nos sentamos y enciendo el motor:
Fabián Casas y su padre
van en coche al muere.






Fabián Casas (Buenos Aires, Argentina, 1965)
De "El Salmón", Libros de Tierra Tirme, 1996

Imagen: abc.es

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Raymond Carver



Madera de balsa





Mi viejo parado frente a la cocina sostiene
sobre la hornalla encendida una sartén
en la que prepara un revuelto de huevos y seso.
Yo me pregunto: ¿Quién tiene hambre esta mañana?
En un día como el de hoy siento en mi cuerpo
la porosa fragilidad de la madera de balsa.
Las palabras flotan en el aire. Algo ha sido dicho.
Mamita lo dijo. ¿Qué es lo que dijo?
Algo, estoy seguro, relacionado con el dinero.
Quiero ayudarlos. Lo haré si no desayuno.
Mi viejo le da la espalda a la cocina oxidada.
Grita: "estoy en un pozo",
vuelve a gritar: "no me hundas más".
La luz se filtra a través de la ventana.
Alguien llora.
Lo único que puedo recordar es el olor intenso
del seso y los huevos quemados en la sartén.
La mañana entera mezclada con otros desechos
es arrojada al tacho de la basura.
Minutos más tarde salimos en el auto hacia la quema,
un viaje de unos 15 kms., no nos hablamos en el trayecto.
En los montículos, oscuros, malolientes,
tiramos nuestras bolsas y cajas de basura.
Las ratas chillan, emiten cortos silbidos,
se mueven arrastrando el vientre hinchado
entre los restos de los desperdicios putrefactos.
Volvemos al auto y observamos el fuego, las llamas,
el humo espeso que se adhiere a los charcos negros.
El motor del auto sigue funcionando.
Huelo el aroma del cemento para pegar avioncitos
que se ha quedado adherido a la punta de mis dedos.
Él me observa cuando acerco los dedos a mi nariz.
Después mira hacia otro lado, mira hacia el pueblo.
Quiere decir algo pero no puede.
Está a un millón de kms. de distancia.
Los dos estamos muy lejos, y alguien sigue llorando.
En ese momento yo empecé a comprender
cómo es posible estar en un sitio y en otro lugar también.






Raymond Carver (Oregon, 1938 / Port Angeles, 1988, EUA)
De "Bajo una luz marina" (In a marine light), 1986
Versión de Esteban Moore