05 enero 2010

Miguel Ángel Petrecca


Será posible entonces que todo cobre sentido de repente,
como si agarraras diez años de tu vida y batiéndolos con rapidez
los volcaras en el formato preexistente de una novela?
No es tan fácil, parecen repetir, una y otra vez,
hombres que miran desde la ventanilla de un bar.
Ellos también se hicieron la misma pregunta antes,
mucho antes de que en vos siquiera naciera el germen
de esta fuerza que te obliga a caminar en redondo.
Algunos, tras responder negativamente,
dedicaron otra década a amaestrar un perro,
cultivar tomates en el jardín de su casa o convertirse
en coleccionistas de un objeto antiguo y anodino.
Cuando más tarde volvieron con ímpetu a la carga
buscaban mentalmente moldes donde verter su vida:
diez años acá, cinco allá, veinte años en una frontera.
Sin embargo, el problema no era de forma sino de fondo.
No estaba, como el vino, añejándose en una bodega profunda
la experiencia, esperando el momento del descorche;
había escapado, quién sabe bien cuándo y por qué orificio,
dejando en su lugar como un inmenso depósito
donde flota, sin llegar a evocar nada, un perfume familiar.


Miguel Ángel Petrecca (Buenos Aires, Argentina, 1979)
Inédito

Imagen:www.loshechizados.blogspot.com

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