Derek Walcott



Port of Spain





La mitad del verano se extiende ante mí con un bostezo de gato.
Árboles con polvo en los labios, autos fundiéndose
en un horno. El calor hace tambalear a los mestizos de la calle.
Han repintado de rosa el capitolio, las verjas
que rodean el parque de color sangre herrumbosa.
Junta y coup d´etat, la última modalidad latina,
empolla en el balcón. Monótonos arbustos rojizos
cepillan el aire húmedo con ideogramas de gallinazos
sobre los almacenes chinos. Los callejones asfixiantes como hornos
donde sastres melancólicos espían sobre sus viejas máquinas
uniendo junio y julio sin costura,
y uno espera un relámpago cuando el centinela armado
anhela aburrido el chasquido de un rifle
pero yo me alimento de su polvo, de su cotidianeidad,
de la inercia que llena de horror a sus exiliados,
del polvo sobre las montañas con sus luces anaranjadas,
incluso de la luz piloto del puerto maloliente
que gira como la de un auto policial. El terror
es local, al menos. Como el vaho prostibulario de la magnolia.
y los ladridos de perro del aullante lobo de la revolución.

La luna brilla como un botón perdido.
El agua negra apesta bajos las luces de sodio
del muelle. La noche se enciende con tanta seguridad
como un interruptor, hay ruido de platos tras las ventanas
iluminadas,
camino junto a los muros con sombras ocasionales
que no dicen nada. A veces, en puertas estrechas
hay viejos que juegan los mismos juegos tranquilos -
cartas, damas, dominó. Les doy nombres.
La noche es sociable, el día es tan feroz como
nuestro futuro humano en cualquier parte. Puedo entender
el ciego amor de Borges por Buenos Aires,
cómo un hombre siente las venas de una ciudad hincharse en sus manos.





Derek Walcott (1930/2017, Castries, Santa Lucía)
De. "The Fortunate Travellers", 1982)
(Extraído de http://www.almapiedra.blogspot.com/

Imagen: repeatingislands.files.wordpress.com



0 comentarios

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.