01 abril 2010

Patricia Díaz Bialet

Como agua de colonia





La vida se escurre como agua de colonia.
Y entonces recurrimos al pasado,
a su tejido minucioso de melancolía,
y el hígado se vuelve un tanto medieval a pesar nuestro.

Porque la vida se escabulle como ceniza de pasto
y lo que vuelve sólo apenas nos contiene.

Existe en nosotros un porvenir absurdo de cosa efímera,
una utilidad de muerte que no desciframos por completo.

Tracemos entonces una suerte de bosquejo a modo de tiempo transcurrido.
Veamos qué de pauta trágica podemos acribillar con nuestro beso.
Y revisemos el alfeizar que se derrama secreta y lentamente sobre el mundo.

   
Sarah Vaughan (II)


I let a song go out of my heart
It was the sweetest melody

Duke Ellington




Ella canta y acuna malabares en la luna.
Canta desde su féretro inefable.
Busca el agudo hocico de la lluvia,
el vértice detrás del pentagrama.

Contempla el espasmo de su propia voz.
Roe con su dulce quejido.
Y nos acerca en él su entrelazada palpitación de circo.

Ella canta y cancela toda tristeza,
toda muerte,
toda faja amarillenta de vírgenes añejas.

Estira en lúcidos confites el hilo de su boca abierta
y nos mira,
embelesada.

Y retumba su tímpano sobre el cristal imperfecto.

Por eso no debería yacer como un fruto armonioso:
su lugar es el resorte infinito
y el arrebato que causa cuando se quita los huesos uno a uno.


Patricia Díaz Bialet (Buenos Aires, Argentina, 1962)
De; "Agualava", Atuel, 2009

Imagen:martazabaleta.blogspot.com

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