23 mayo 2010

César Vallejo




París, octubre 1936





De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.

De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extraña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana darse vuelta
y despacha sus sombras una a una.

Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.





Idilio muerto





Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela;  de sus
afanes;  de su andar;
de su sabor de cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje;
y al fin dirá temblando: "¡Qué frío hay...Jesús!"
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.





César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 / París, Francia, 1938
De: "Obra poética completa", Biblioteca Ayacucho

Imagen:www.perutop40.com

Enlaces a esta entrada:El poder de la palabraPatria Grande (Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de Juan Carlos Mariátegui; Libros peruanos

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