30 julio 2010

Waldo Rojas

julio 30, 2010


Mercado de carnes




Mediodía de un Viernes y en el Mercado de Carnes
el agua se une en las aceras a la sangre
camino de las alcantarillas.
Mezclándose con todo, por los ojos,
luminosidades que ascienden por su luz,
y asciende el eco sucio de esa agua envilecida.
El resto es permanencia y prolongación.
Toda la ciudad de apacibles cadáveres colgantes
oscila con sus oscilaciones
bajo un sol que surge nuevo de los colores que establece.
Esplendor de una mañana que hurga en los comestibles,
la carne inerte revive en la agilidad de los dedos
que la agitan
como piezas desmontadas de un puente herrumbroso.
Entonces un comercio de muecas y de voces
a golpes de compás del filo de las dagas:
en el mercado de carnes a esta hora
la luz y el fervor son el Orden Inmanente.
La muerte no se halla a ningún precio.





Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)
De: "El puente oculto", Michay, 1981 

Imagen:beethoven.fm

28 julio 2010

Horacio Salas

julio 28, 2010



Más allá del bien y del mal



"Se dice que Nietzche, después de haber roto con Lou Salomé, en una soledad definitiva, aplastado y exaltado al mismo tiempo por las perspectivas de esa obra inmensa que iba a llevar a cabo sin ninguna ayuda, se paseaba por las noches entre las montañas que dominan el golfo de Génova y allí encendía grandes hogueras de hojas y ramas, que él contemplaba consumirse"
                                       Albert Camus




Cuando sopla los rescoldos de las primeras luces
sus ojos continúan escondidos -cada vez más pequeños-
entre bocanadas de humo y ese rayo que penetra oblicuo
-me atrevería a decir que inúltimente-el dormitorio
con una precisión de geometría euclidiana
la memoria regresa desde habitaciones acolchadas
donde el alcohol repite sus ojeras
porque el oceáno se ha encargado de inundar las bodegas
y los caballos locos arrasan los cultivos
tan amoramente trabajados
y los espectros de las primeras noches se han hecho familiares
y cambiaría toda su biblioteca por una simple sonrisa
por el roce de su mano en sus manos
por la paz de las tardes de octubre
en la ciudad lejana que ocuparon los tártaros
Pero todo está dicho
y hasta los esqueletos de las catacumbas
parecen los muertitos de azúcar de Querétaro

            (apenas una fórmula de tiza
             trazos favorecidos del Testut de 1921
            ¿o era aquella madrugada entre lágrimas y frases
                     de ternura
            capaces de marcar el escudo de una ganadería en pleno pecho?)

Y teme a esas palabras que caen de los balcones
igual que enredaderas
cuchillos que cuelgan como arañas
y poco a poco volverá el fuego a su memoria
al contraluz de una hoja de otoño en la barranca
a una casa abandonada al lado de las vías
a ese ruido de platos y cubiertos que se chocan
mientras el satélite cruza por el cielo
detrás de un farol rojo
donde Liza Minelli y Judy Garland cantan Swannie
una vez
y otra vez
y para siempre





Horacio Salas (1938, Buenos Aires, Argentina)
De. "Custiones personales", Torres Aguero Editor, 1985

Imagen: palabravirtual.com

27 julio 2010

Lawrence Ferlinghetti

julio 27, 2010
Fuente: www.instaplanet.blogspot.com

I


En las más grandes escenas de Goya nos parece ver
                                                                       a la gente del mundo
exactamente en el momento en que
               consiguieron el título de
                                                 "sufriente humanidad"
Se contorsionan sobre la página
                                en una verdadera furia
                                                                de adversidades
Apilados
           gimiendo con niños y bayonetas
                                             bajo cielos de cemento
en un paisaje abstracto de árboles marchitos
         estatuas dobladas alas y picos de murciélagos
                             horcas reabalosas
        cadávares y gallos carnívoros
        y todos los monstruos finales
                  de la
                         "imaginación del desastre"
ellos son tan barbaramente reales
                   es como si aun realmente existieran

Y existen
    sólo el paisaje ha cambiado

Todavía están en línea en los caminos
         plagados de legionarios
                          falsos molinos de viento y gallos dementes


Es la misma gente
                          aunque más lejos de casa
en carreteras de cincuenta hileras de ancho
                                   en un continente de concreto
                            espaciado con carteleras blandas
                      ilustrando imbéciles ilusiones de felicidad


La escena muestra menos artillería
          pero más ciudadanos mutilados
                                        en autos de colores
              Y ellos poseen extrañas licencias
Y motores
                 que devoran a América   


Lawrence Ferlinghetti (Nueva York, 1919, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Antología", Ediciones del Medioddía, 1969. Traducción de Marcelo Covián

Imagen: articles.sfgate.com

25 julio 2010

Irene Frydenberg

julio 25, 2010

Nos visitó la buitre


                                        a Martín Sorter


No se reivindica la palabra, consonante
que viniendo del infierno araña costas
porque deja
heridas –malas heridas- a cada rebelión de los insomnes.
Si, corazón, nos visitó la muerte
mordiendo
lo que fueron tardes de fútbol. Nos visitó
bruja / alada / buitre
cargándose a uno de los buenos.
Si, corazón, es verdad el dolor amortiguado;
es verdad pelear por desligarse
pero mientras cada cosa de la vida se nos viene con los platos sucios
la casa ahonda soledad y lágrima
peleando por hacer volver las fiestas donde fuimos tan
                       felices / charlando sobre nada en la cocina los
                       hombres y en el living,
en el living las mujeres.


Fuí feliz



Este no es el momento,
pero quién puede quitarme el placer de ver sobre un plano inventado lo
                  que descubro con un leve golpe de párpados antes de dormir:
personajes que nunca se sabrán nombrados cada noche
rondando mi cama.

Y después enredo máscaras que no hablan mi idioma,
o me agobia el dolor de los muertos y los vivos,
o lastimo los recuerdos de una doble identidad
reconociéndome atada a un final sin testigos:
corriendo por la culpa de la vida olvidada de vivir.

Cuando debería saltar no encuentro espacio,
estará la roca que tallé mostrando su frase:
"hace tiempo fuí feliz".


Irene Frydenberg (1956, Buenos Aires, Argentina)



24 julio 2010

Giacomo Leopardi

julio 24, 2010

El infinito





Siempre amé esta colina,
y este cerco que la vista me impide ver
más allá de su horizonte.
Mirando los interminables espacios de allá a lo lejos,
los silencios sobrehumanos y su profunda quietud,
yo estoy con mis pensamientos,
aunque mi corazón no se asusta.
Escucho los susurros del viento detrás de las plantas,
y en el infinito silencio mido mi voz:
y me subyuga lo eterno, y las estaciones muertas,
y el presente real y el sonido de todos ellos.
Así a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento:
y el naufragar me es dulce en este mar.





Giacomo Leopardi (Recanati, 1798 / Nápoles, 1837, Italia)
De:www.epdlp.com

Imagen: es.wikipedia.org



23 julio 2010

Amarcord, de Federico Fellini

julio 23, 2010

De: Bill's Movie Emporium

Roberto Bolaño

julio 23, 2010
En Damen





En Damen hay un bar
donde los empleados se aflojan las corbatas
y beben cervezas junto a muchachas que se roban
los libros de la librería de la esquina.

Sentado ahí escribí un poema
que me gusta mucho.

A la semana volví e intenté
escribir otro poema
sin resultado alguno.

Y es como hace unos días
que vi una puesta de sol en la ciudad
y me dije tengo que escribir un poema.

O el lunes que vi un pájaro chocar
una y otra vez contra el cristal de la oficina
y prometí dedicarle un poema.

O cuando perseguí a la muchacha
que se pinta el cuerpo de naranja
en Michigan Avenue
y ella se dio cuenta y corriendo detrás de ella
le grité tengo que escribir un poema.

Y llego a la mitad de este poema sentado
frente a la bartender que ríe y fuma y los empleados que ríen y fuman y las muchachas que ríen y fuman con sus volúmenes robados de Bataille en las carteras y todos ríen y fuman pendientes a lo que escribo.

Y a medida que escribo, este poema se va llenando de gente que no conozco, de lectores que nunca he
visto, de lectores europeos, mis lectores chinos, argentinos, árabes… de repente el poema es como un bar donde la gente fuma y grita y la única persona que no pertenece ahí soy yo.

John Keats escribió que no hay nada menos poético que un poeta.
El poeta no es la poesía, el poeta sólo escribe,
utiliza las palabras, las sube aquí, allá,
las baja, las roza,
al igual que un albañil levanta blocks y empañeta,
ya que el poeta con las palabras construye casas
para los lectores, esos que son unos hipócritas y se van sin pagar y que a veces se meten en la boca una escopeta tan sólo porque les falta lo que hay dentro de un poema, y a los que buscan y sufren y a los desahuciados el poeta les da cobijo en sus poemas,
a melancólicos, a amantes, a putas, a locos,
a policías retirados…
y tan pronto el poeta acaba su casa
ya esta no le pertenece
y se marcha a levantar más casas a otro barrio y a otro pueblo.

Ahora en Damen anochece.
Afuera el viento juega empujando
los columpios del parque.
Las luces tras las ventanas se encienden.





Roberto Bolaño (Santiago, 1953, Chile / Barcelona, 2003, España)
De: Punto en línea

Imagen: caras.cl


22 julio 2010

Raúl González Tuñón

julio 22, 2010
Poema en la muerte de una librería de lance y un librero

                           ("La Incógnita" - Sarmiento al 1400)


El se borró primero. "La incógnita" increíble
se deshizo tras él. Su desplomada magia
desparramó un olor de olores diferentes,
a humedades recónditas de patio clausurado,
a azotea que oteaba la luna de otros techos,
las vecinas ventanas grises del Instituo Otorrinolaringológico;
el letrero llovido del viejo cine;  plantas
que solamente crecen en los balcones tristes.
Un olor a subsuelo de sastre pobre.
A casa que habitaron largamente
la soledad y la madera.
Un olor a almacén de ultramarinos.
A bodegón que invaden los ratones y el tedio.
A ese polvo que cubre en los desvanes
las cosas olvidadas, y en el otoño.
Y era como una selva de papel pensativo,
con horizonte de cartón pintado.
O era un buque de carga silenciosa,
preso en los arrecifes de ladrillo.
(Los libros como viajes, como apilados sueños.
                                   Tanto fervor reunido...)

Pasión amontonada, máscaras del desvelo,
campana de la niebla, laberinto,
intrincado país de rara atmósfera,
espesa, grave, lenta,
y el librero salido de un relato de Dickens,
y desde el fondo un tufo
de frías viandas y de ásperos vinos.
O era como restos que trajo una marca
subterránea, insistente, madre de las vigilias.
O una trastienda honda, un agujero
gigante, en el que alguien, por siglos, fue dejando
rollos cifrados de antiguas pianolas,
amarillos infolios, gárgolas desvaídas,
excitantes quimeras, desusados grimorios,
contrabando de lámparas prohibidas.

O como catedral de los ritos bibliómanos,
del librero de viejo que convoca
zaquizamiés y chamarileros,
puestos descoloridos de muelles y recovas,
mercado de las pulgas, compraventas,
                               cabeceras del rastro...
Y era una puerta estrecha y un corredor sombrío
y un mostrador sin nadie, al socaire del muro
de papel; escaleras de libros hasta el techo
y en un ángulo, el dueño, impasible, mirando,
con párpados pesados de recuerdo, poblándose
de voces, gestos, rostros de gente que vinieron,
y se llevaron libros, todos, todos los libros,
el gorrión, los tranvías, el verano.
Pero aquella montaña de papel no cedía;
como en la pesadilla del delirio, aumentaba.
Y lo veo acordándose de gentes que pasaron,
se marchaban, volvían, y un día no volvieron.
Novión, Emilio Becher, Luis Góngora, Taborda,
Pacheco, Issac Morales, Enrique, de la Púa...
-Cuando yo regresé, con las sienes plateadas,
Don Costantino preguntó quién era.

Y éste es el epitafio
para una librería de lance derramada,
para la tumba de un librero de viejo,
usado, releído, consumido, empolvado,
que se quedó una tarde sin paloma dormido,
entre portadas, entre ex-libris,
entre viñetas, entre colofones,
diminutos cadáveres de grillos,
flores y mariposas secas entre las páginas,
tanto amor distraído, tanta vigilia anclada...

Y cuando despertó ya estaba muerto.


Raúl González Tuñón (1905 / 1974, Buenos Aires, Argentina)
De: "A la sombra de los barrios amados", Editorial Lautaro, 1957

Imagen: ik-callepoesia.blogspot.com

20 julio 2010

Sam Shepard

julio 20, 2010

Por qué pienso
“Este tipo está completamente loco”
Sentado en un bar de pueblo
Vestido con un traje de terciopelo negro, con chaleco
Oliendo a Marica de la Calle Catorce
Con un tic nervioso en unos ojos pardos
En los que casi no se ve la pupila?

¿Por qué pienso
“Este tipo está chiflado”
Cuando pregunta si ha nevado alguna vez en San Francisco
Si Herb Alpert toca a veces música clásica?

¿Por qué pienso
“Este tipo está majara”
Cuando me dice que tiene muchísimo talento
Pero le falta tiempo para desarrollarlo?

¿Por qué pienso
“Este tipo está como una chota”
Cuando coge la jarrita de la leche
Y la llama “Esta vaquita tan mona”?

Sé por qué
Porque no oculta
La desesperada distancia que lo separa de la gente





San Shepard (Ft Sheridan, 1943, Estados Unidos de Norteamérica)
De: .www.lexia.com.ar

Enlaces: Wikipedia
Imagen: www.utopicosanimicos.blogspot.com

14 julio 2010

Escritores malos y memorables por Enrique Vila-Matas

julio 14, 2010
No se trata de la moderna y tan manoseada mística del perdedor, sino de la mística del peor, que es bastante diferente. Gracias a la excelente película de Tim Burton, se considera a Ed Wood "el peor director de cine de toda la historia". En junio de este año nos enteramos, coincidiendo con la final del Mundial de futbol, de que la selección de la isla caribeña de Montserrat se confirmó como la peor del mundo, 203 y última clasificada de la lista de la FIFA, tras ser goleada por Bután, la 202 del mundo. No crean que no tiene mérito ser la peor selección. Lo mismo digo para el cine. No es sencillo ser el peor director de toda la historia del cine. A veces, entre amigos, hemos jugado a dar nombres sobre el peor escritor español contemporáneo. ¿Quién es el Ed Wood de nuestra literatura? Naturalmente, han salido muchos nombres, el lector seguro que ya ha pensado en alguno. Sí, lector. Estamos pensando en el mismo. O en aquel otro. O en aquella. La verdad es que son muchos los aspirantes a ese título.

11 julio 2010

Dolores Etchecopar

julio 11, 2010




















el cielo grita a veces como un solo pájaro
y me acuerdo
                       un oscuro jardín estoy desbrozando
espero un sonido de su raíz
                            que me dé una flor al fin
y una confianza

Dolores me llamaron     dolores
                me cubro mientras caducan mis verbos
y nada puedo hacer sin que me duela

me duele cada tramo   cada hijo
           cada corazón y negligencia
me duele la infancia    su pueblo
                me duele cada superficie
cada mañana venturosa que sucumbe a mi tristeza

ésta es mi condición: remover
                               tierra atribulada
darle atrevimiento y paz
                        aunque yo no pueda
leve madre    clavecín que me aflora
y no sé tocar





Dolores Etchecopar (1956, Buenos Aires, Argentina)
De: "El comienzo" (inédito)

Imagen: Analecta literaria
Enlaces: Poéticas



10 julio 2010

Fernando Pessoa

julio 10, 2010



Tabaquería





No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quien es
(Y si supieran quién es, ¿Qué sabrían?)
Dais hacia el misterio de una calle cruzada constantemente por gente.
Hacia una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas debajo de las piedras y de los seres.
Con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
Con el destino conduciendo la carroza de todo por el camino de nada.

Estoy vencido hoy, como si supiese la verdad.
Estoy lúcido hoy, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
La hilera de carruajes de un convoy, y un silbato de partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos al salir.

Estoy perplejo hoy, como quien pensó y hallo y olvidó.
Estoy dividido hoy entre la lealtad que debo
a la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fracasé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
La enseñanza que me dieron,
Descendí de ella por la ventana de detrás de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos.
Pero allí encontré sólo hierbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Salgo de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué sé yo lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tantas cosas!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en sueño genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe?, ni uno,
Ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos pensativos con tantas certezas!
¿Yo, que no tengo ninguna certeza, soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas bohardillas y no-bohardillas del mundo
No hay a esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas,
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas,
Y hasta realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que Napoleón.
He apretado a un pecho hipotético más humanidades que Cristo.
He hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la bohardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta,
Y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derramemé la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me busca el cabello,
Y el resto que venga si viniere, o tuviera que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero lo miramos y es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, pequeña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que los chocolates.
Mira que las religiones todas no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes!
Pero yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es hoja de estaño,
Echo todo al suelo, como he echado la vida.)

Pero al menos queda la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico partido para lo Imposible.
Pero al menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos en el ademán ancho con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin orden, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
Diosa griega, concebida como estatua que fuese viva
Patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
Princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
Marquesa del siglo dieciocho, escoltada y distante,
Cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
No sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, que seas, ¡si puede inspirar qué inspire!
Mi corazón es un balde vaciado.
Como los que invocan espíritus me invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los carros que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena a la deportación,
Y todo esto es extraño, como todo.)

Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Le miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan la cola
Y que es cola para acá del lagarto revolviéndose.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí era equivocado.
Me tomaron luego por quien no era y no desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la tiré y me ví en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba ebrio, y no sabía vestir el disfraz que no había tirado.
Acosté fuera a la mascara y dormí en el guardarropas
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
Quién me diera encontrarte como algo que yo hiciese,
Y no quedase siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Calcando a los pies la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete en que un ebrio tropieza
O una espuerta que los gitanos robaron y no valía nada.

Pero el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se quedó en la puerta.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza mal doblada
Y con la incomodidad del alma mal entendiendo.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, y yo dejaré versos.
A cierta altura morirá el letrero también, y los los versos también.
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto se dio.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de cosas como letreros,
Siempre una cosa enfrente de la otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.

Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me yergo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.

(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez fuese feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Me dijo adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.





Fernando Pessoa (Alavaro de Campos) (Lisboa, 1888 /  Lisboa, 1935, Portugal)
De. ""Fernando Pessoa, poemas", Cia. General Fabril Editora, 1972. Traducción: Rodolfo Alonso

Enlaces:  Poéticas  Escribirte
Imagen: ananaarendtcenter.org

09 julio 2010

Roberto Fernández Retamar


Tiempo de los amantes





Los amantes tienen un poco de presente,
hecho de encuentros furtivos, de llamadas azarosas;
y hasta pueden tener una especie de pasado,
intercambiándose a retazos nostalgias del uno o del otro,
ráfaga de la infancia, un sitio roto, una ruina que fue una casa.
Lo que apenas tienen los amantes es porvenir,
y por eso la dama del perrito se irrita o solloza silenciosamente
                         junto a la lámpara,
porque sabe que no pueden alimentarse de esa sustancia impalpable
sin la cual la vida es como una danza grotesca,
aunqe la iluminen los relámpagos de los besos y la sacudan tempestades reales.






Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930)
De: "Circunstancia de poesía", Ediciones de Crisis, 1974
Enlaces: Cuba literariaReportaje de Aleyda Quevedo en revista La Otra

Imagen: verbiclara.nireblog

07 julio 2010

La rueda, revista de poesía

julio 07, 2010

Editor: Jorge Couza. Comité Consultivo: Edgar Bayley, Carlos Latorre, Julio Llinás, Francisco Madariaga, Enrique Molina y Aldo Pellegrini.

En el Nro. 1, (creo que el único) de julio-agosto de 1967, Alberto Girri, traduce y comenta unos poemas de Wallace Stevens




Dos figuras en la densa luz violeta





Tanto valdría ser abrazada por el portero del hotel
como no recibir del claro de luna
nada más que tu húmeda mano.

Sé en mis oídos la voz de la noche y de la Florida.
Emplea sombrías palabras y sombrías imágenes.
Oscurece tu lenguaje.

Habla, todavía, como si yo no te oyese hablar,
pero hablaste para ti perfectamente en mis
pensamientos, concibiendo palabras

como la noche concibe en silencio los sonidos del mar,
y con el zumbar de las sibilantes
compone una serenata.

Di, pueril, que los milanos se acuclillan en el palo de la tienda y duermen con un ojo observando las estrellas
que caen detrás de Cayo Hueso.

Di que las palabras son diáfanas en un azul absoluto,
son claras y son oscuras; que es de noche;
que la luna resplandece.



Nunca abandona Stevens su casi obsesiva preocupación por lo real, lo real que es "sólo la base, pero es la base", y hacia lo cual debe "volar la imaginación para dar cuenta de las cosas tal y como son", pues la imaginación "pierde vitalidad cuando deja de adherirse a lo que es real". Esta preocupación se objetiva, preferentemente, mediante datos muy concretos, a veces bajo la forma de nombres geográficos -en "Dos figuras en la densa luz violeta", Florida y Cayo Hueso-que son con sus sugerencias de paisaje, clima y colorido, de que se vale Stevens para crear analogías, nos ubican, de lleno en la atmósfera y aun en el asunto del poema. Asimismo, en "Dos figuras en la densa luz violeta", las referencias concretas, sobre sonidos, sobre le brillo de las estrellas y de la luna, traducen las gradaciones internas de la situación. Son signos alegóricos con determinadas significaciones, son lo real, como base y punto de referencia para el sueño, y son también pormenores de ese sueño. Si bien en Wallace Stevens son muy frecuentes los poemas característicamente líricos e impresionistas, no lo son tanto aquellos donde el tema del amor es tratado como en "Dos figuras en la densa luz violeta", sin implicaciones conceptuales, irónicas o de otra índole; como un estado emocional del que el paisaje es contorno y materia.





Desilusión a las diez





Las casas están fecuentadas
por blancas camisas de dormir.
Ninguna de ellas es verde,
o púrpura con anillos verdes,
o verde con anillos amarillos,
o amarilla con anillos azules.
Ninguna de ellas es singular,
con escarpines de lazo
y cintos de abalorios.
La gente no irá a soñar
con mandriles y caracoles.
Sólo, aquí y allá, un viejo marinero,
borracho y dormido con sus botas,
caza tigres
en rojo clima.





Wallace Stevens (1879/1955, Estados Unidos de Norteamérica)

Imagen: almabarbara.blogspot.com

04 julio 2010

Alejandro Méndez

julio 04, 2010



Bajo los tilos





Me mostró la carta del cementerio
agitando el papel con movimientos breves.
Había que levantar tus huesos

porque ya habían pasado cinco años.
Ella estaba contenta con el pedazo
de tierra protegido por una hilera de árboles.

En algún momento imaginé que esa mísera
parcela podía estar en un tramo cualquiera
en la avenida bajo los tilos.

Como en las fotos de la enciclopedia, Berlín
y Unter den Linden, con letras góticas
y en papel brillante.

No entendía bien la naturaleza de los actos
que íbamos a representar, tu nueva categoría
de insepulto.

La casa estaba helada, y una sola lámpara
encendida. La impaciencia nos llevó en vilo
hasta el muro blanco detrás de las vías.

Un cicerone municipal nos condujo hasta
la crucecita desvencijada, casi apoyada
en la tumba vecina.

Cerré los ojos y busqué refugio en la avenida
bajo los tilos. Su alineación majestuosa en el
otoño berlinés.

Inútil deriva ante el estruendo de la pala
y la madera podrida del cajón.
Por fin te iba a conocer.

Como un prestidigitador, el empleado separó
la osamenta y extrajo una media negra.
La exhibió a la luz del sol casi con orgullo.

Ella me tomó de la mano; por las dudas
te negué tres veces.
El montículo de tierra, las flores secas.

Todo daba vueltas.
El centro del mundo en la avenida
bajo los tilos.





Alejandro Méndez (Buenos Aires, Argentina, 1965)
De: "Pólder" (inédito)

Enlaces: Las elecciones afectivas  Otra iglesia es imposible
Imagen: Facebook de AM

Carlos Drumond de Andrade

julio 04, 2010

Cuadrilla




Juan amaba a Teresa que amaba a Raimundo
que amaba a María que amaba a Joaquín que amaba
       a Lilí
que no amaba a nadie.
Juan fue a Estados Unidos, Teresa al convento,
Raimundo murió en accidente, María quedó para tía,
Joaquín se suicidó y Lilí se casó con J. Pinto Fernández
que no había entrado en la historia.




Confidencia del itabirano




Algunos años viví en Itabira.
Principalmente nací en Itabira.
Por eso soy triste, orgulloso: de hierro.
Noventa por ciento de hierro en las calles.
Ochenta por ciento de hierro en las almas.
Y ese enajenamiento de lo que en vida es porosidad y comunicación.

El deseo de amar, que me paraliza el trabajo,
viene de Itabira, de sus noches blancas, sin mujeres y sin horizontes.
Y el hábito de sufrir, que tanto me divierte,
es dulce herencia itabirana.

De Itabira traje diversa prendas que ahora te ofrezco:
este San Benedicto del viejo santero Alfredo Duval;
este cuero de anta, extendido en el sofá de la sala de visitas;
este orgullo, esta cabeza baja.

Tuve oro, tuve ganado, tuve estancias.
Hoy soy funcionario público.
Itabira es apenas una fotografía en la pared.
¡Mas cómo duele!







Poeta Carlos Drummond de Andrade
Carlos Drummond de Andrade (1902, Itabira, Minas Gerais  / 1987, Rio de Janeiro, Brasil)
De: "Mundo, vasto mundo", Editorial Losada, 1967

Imagen: leiamaisjaomaria.blogspot.com


Caloi

julio 04, 2010


Cuadro 1: Debo reconocer que nunca he sido un buen poeta. Siempre quise escribir, pero jamás supe qué.

Cuadro 2: Cada vez que me faltaba inspiración miraba hacia arriba como esperando una ayuda de Dios.

Cuadro 3: Y siempre algún cable me tiraba. Pescaba alguna onda: me acordaba de la infancia...evocaba algún amor medio secreto.

Cuadro 4: O directamente me enganchaba a divagar acerca del paso de los tiempos, o de la muerte.

Cuadro 5: Cierta vez estaba yo buscando inspiración y Dios o no se quién, me mandó la inspiración toda de golpe:

Cuadro 6: un rayo que me partío justo por el medio

Cuadro 7: Ahora ya no ando mendigando inspiración al cielo.

Cuadro 8: ¿Le parece poca motivación estar todo el tiempo buscando la otra mitad de mi existencia?


Caloi, dibujante humorista, en la revista del diario Clarín, octubre 1985

01 julio 2010

Marcelo Kacanas

julio 01, 2010
Subjetivas 1



Ocurre que a esta altura del asunto
ya no alcanza
el rigor sociólogico
para entenderlo: pasaron las cosas
                         tan rápido
                         tan con o sin nosotros
que hoy el futuro
se nos abre a medias:
casi casi nos quedamos sin realidad

                                  a Pedro Donangelo


De madrugada



¿Todo estará como ahora?
Somos unos perros  saltando
el filo de la luna
sin saber
quien caerá primero: la noche o
                                nosotros.



Española que resigna


Pero apurá la noche: no es lo mismo
meterse en el infierno
algo así
como vernos frente a frente
a medio soñar en la casa nueva,
si la decoración lineal es más sobria
llega hasta el último piso y aun sigue
por la escalera como prendiendo un fósforo
para quemar no entendí bien
que costumbre de qué,
lo suficiente como para preparar la cena
esta noche: no es lo mismo preguntarte
como estás si se te ve muy muy que digamos;
hay un aire a española que resigna
en cambio de una manera u otra
esta letra es mejor de la que dibuja
un potro enamorado
que saltó del sur
rompiendo todas las riendas.


Marcelo Kacanas
De: "Suceden ciertas cosas ", Ediciones Citerea, 1980