Alejandro Méndez




Bajo los tilos





Me mostró la carta del cementerio
agitando el papel con movimientos breves.
Había que levantar tus huesos

porque ya habían pasado cinco años.
Ella estaba contenta con el pedazo
de tierra protegido por una hilera de árboles.

En algún momento imaginé que esa mísera
parcela podía estar en un tramo cualquiera
en la avenida bajo los tilos.

Como en las fotos de la enciclopedia, Berlín
y Unter den Linden, con letras góticas
y en papel brillante.

No entendía bien la naturaleza de los actos
que íbamos a representar, tu nueva categoría
de insepulto.

La casa estaba helada, y una sola lámpara
encendida. La impaciencia nos llevó en vilo
hasta el muro blanco detrás de las vías.

Un cicerone municipal nos condujo hasta
la crucecita desvencijada, casi apoyada
en la tumba vecina.

Cerré los ojos y busqué refugio en la avenida
bajo los tilos. Su alineación majestuosa en el
otoño berlinés.

Inútil deriva ante el estruendo de la pala
y la madera podrida del cajón.
Por fin te iba a conocer.

Como un prestidigitador, el empleado separó
la osamenta y extrajo una media negra.
La exhibió a la luz del sol casi con orgullo.

Ella me tomó de la mano; por las dudas
te negué tres veces.
El montículo de tierra, las flores secas.

Todo daba vueltas.
El centro del mundo en la avenida
bajo los tilos.





Alejandro Méndez (Buenos Aires, Argentina, 1965)
De: "Pólder" (inédito)

Enlaces: Las elecciones afectivas  Otra iglesia es imposible
Imagen: Facebook de AM

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