La rueda, revista de poesía


 Editor: Jorge Couza. Comité Consultivo: Edgar  Bayley, Carlos Latorre, Julio Llinás, Francisco      Madariaga, Enrique Molina y Aldo Pellegrini.

 En el Nro. 1, (creo que el único) de julio-agosto de  1967, Alberto Girri, traduce y comenta unos  poemas de Wallace Stevens






Dos figuras en la densa luz violeta






Tanto valdría ser abrazada por el portero del hotel

como no recibir del claro de luna
nada más que tu húmeda mano.

Sé en mis oídos la voz de la noche y de la Florida.

Emplea sombrías palabras y sombrías imágenes.
Oscurece tu lenguaje.

Habla, todavía, como si yo no te oyese hablar,

pero hablaste para ti perfectamente en mis
pensamientos, concibiendo palabras

como la noche concibe en silencio los sonidos del mar,

y con el zumbar de las sibilantes
compone una serenata.

Di, pueril, que los milanos se acuclillan en el palo de la tienda y duermen con un ojo observando las estrellas

que caen detrás de Cayo Hueso.

Di que las palabras son diáfanas en un azul absoluto,

son claras y son oscuras; que es de noche;
que la luna resplandece.



Nunca abandona Stevens su casi obsesiva preocupación por lo real, lo real que es "sólo la base, pero es la base", y hacia lo cual debe "volar la imaginación para dar cuenta de las cosas tal y como son", pues la imaginación "pierde vitalidad cuando deja de adherirse a lo que es real". Esta preocupación se objetiva, preferentemente, mediante datos muy concretos, a veces bajo la forma de nombres geográficos -en "Dos figuras en la densa luz violeta", Florida y Cayo Hueso-que son con sus sugerencias de paisaje, clima y colorido, de que se vale Stevens para crear analogías, nos ubican, de lleno en la atmósfera y aun en el asunto del poema. Asimismo, en "Dos figuras en la densa luz violeta", las referencias concretas, sobre sonidos, sobre le brillo de las estrellas y de la luna, traducen las gradaciones internas de la situación. Son signos alegóricos con determinadas significaciones, son lo real, como base y punto de referencia para el sueño, y son también pormenores de ese sueño. Si bien en Wallace Stevens son muy frecuentes los poemas característicamente líricos e impresionistas, no lo son tanto aquellos donde el tema del amor es tratado como en "Dos figuras en la densa luz violeta", sin implicaciones conceptuales, irónicas o de otra índole; como un estado emocional del que el paisaje es contorno y materia.





Desilusión a las diez





Las casas están fecuentadas

por blancas camisas de dormir.
Ninguna de ellas es verde,
o púrpura con anillos verdes,
o verde con anillos amarillos,
o amarilla con anillos azules.
Ninguna de ellas es singular,
con escarpines de lazo
y cintos de abalorios.
La gente no irá a soñar
con mandriles y caracoles.
Sólo, aquí y allá, un viejo marinero,
borracho y dormido con sus botas,
caza tigres
en rojo clima.





Wallace Stevens (1879/1955, Estados Unidos de Norteamérica)


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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.