Laura Giordani

Poeta

Tarde de domingo



Dios descansó al séptimo día
y a las seis de la tarde se suicidó.

Domingo de manteles abatidos
y alforjas que flojean
y euforia de gol
que no alcanza a conjurar
el declive de las horas.

Los ángeles comienzan
a susurrar cosas tristes a los pájaros,
las hormigas no caminan
igual en las selvas ni en los patios:
se desorientan, dominicales se ralentizan
y los puños se aflojan
porque hasta la ira tiene resaca.

Dominguean las hojas
y las luces, se dejan
arrastrar con indolencia
y aunque haya sol
es siempre insuficiente
cuando se precipita esa melancolía
torrencial desde los techos.

El mundo
entero parece congregarse
ante un único rescoldo
que se apaga



//



“Tenían como una lepra la infancia devorándoles el pecho”
La manzana en la oscuridad, Clarice Lispector



Tormentas de tierra
zulquis
escuerzos
las tazas que habían venido de Europa
descascaradas
las fotos de niños ya muertos
las paspaduras
el primer vello en el pubis fruto que se volvía extraño
la infancia un carozo de durazno
agujereado por hormigas negras
papá silbando en el patio mientras quema sus libros

todas las memorias amarilleando
bajo el cráneo

nostalgia: esta dulce podredumbre en la espalda esta pútrida dulcedumbre de las palabras que no mueren del todo como esas hojas que antes de desaparecer agonizan juntas en parvas exudando el fervor del verano y la savia


//


Ella sale al sepia de la tarde
ese tono convaleciente de los recuerdos
o los charcos después de la tormenta
sale
no recuerda bien a dónde
la memoria es un punto siempre flojo
basta tensar un poco la lana
para destejer entera la calle el barro
las nubes arriadas por el viento sur
memoria de rodillas paspadas
un saber amargo inútil
como las naranjas de adorno de la plaza

sin saberlo
amaba el deterioro
destejiendo los cuerpos de las abuelas
de las vecinas que enloquecían baldeando las veredas
cada vez más temprano
y con más violencia

el futuro es sangre bajando por las piernas
y que intenta atajar
con un vestidito de muñeca
que plegó a escondidas

no lo sabía
pero iba floreciendo
lentamente
entre muertos

Laura Giordani (Córdoba. Argentina. 1964. Reside en España)

Imagen: poetassigloveintiuno

2 comentarios:

  1. Tengo la suerte de tener cerquita a esta poeta que -ya lo verás- resulta inusual por su intensidad y su sensibilidad ante la herida.
    Me alegra encontrarla por aquí; sus poemas son como un paño que intenta cubrir las fracturas del mundo.
    Gracias por trarla también a tu blog.
    Un cálido saludo,
    Arturo

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  2. ¡Impresionante! Me encantó, me heló la sangre. Irene

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