Louis Aragon

Confiado que lo encontraría en la antología de la poesía surrealista de Aldo Pellegrini, he perdido el rastro del "Poema para gritar entre las ruinas" de Louis Aragon. Lo vi en algunas revistas que estuve hojeando ayer, no recuerdo cuál. La exploración esta noche no tuvo éxito. Pasados varios minutos, el barco encalló en un islote llamado "Sueño".  En Internet, obviamente, se menciona, pero no se reproduce. Entonces, decido por éste de la afamada Antología. Después, apagaremos las linternas. Mi perro duerme en el piso del camarote orientado hacia el hueco del edificio.





Persona pálida





Más mísero que las piedras
                         triste a más no poder
                         el hombre escuálido
el atril hubiera querido aniquilarse
Qué frío El viento me penetra en el sitio
de las hojas
de las orejas muertas.
Solo como patalear para ahuyentar el frío
con qué pie iniciar la semana
Un silencio que nunca acaba
Ni una palabra tierna para engañar al invierno
La sombra del alma del amigo La escritura
tan sólo las señas
                         Mi sangre daría una sola vuelta
Los sonidos se pierden en el espacio
como dedos congelados
Nada más
                que un patín abandonado en el hielo
El fulano
            a través de él se ve el día





Louis Aragon (1897/1982, París, Francia)
De: "Feu de joie"
Traducción: Aldo Pellegrini

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: picses.eu



2 comentarios

  1. Humildemente le invito a leer mi traducción
    http://cadenciasparalelas.blogspot.ca/2015/08/louis-aragon-poema-para-gritar-en-las.html

    ResponderEliminar

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.