Juana Bignozzi

Pertenencias





Como toda persona que se respeta
tengo una ventana para decir buen día
para dejar que se acerquen
las imágenes que aún reconozco
para escuchar
el paso de la gente de los gatos de las hojas
y sentirme desemparada
a través de mi ventana los ruidos son cada vez menos intensos
los ruidos de la vida cada vez más lejanos.
Una ventana con ruidos de tormenta de tiempo que pasa
mis palabras para conocerme mejor
yo misma explicada hasta el aburrimiento
yo misma que mira a la gente con la que ni nos hermos planteado el amor
los que me escuchan los que me comprenden
los que no existen
yo misma que hablo cada vez más
y sólo logro interesarme por pocos rostros
tan pocos
que bromeo con todo el mundo
para disimular mis preferencias.





Juana Bignozzi (Buenos Aires, Argentina, 1937 /2015)
De: "Mujer de cierto orden", Falbo Librero Editor, 1967 


Enlaces: Antologías poéticas; Revista El interpretador
Imagen: http://corinamoscovich.blogspot.com/2009_09_01_archive.html

Leopoldo Castilla



Fuga del pez



La trucha arcoiris
al remontar el río
rejuvenece para morir.

El secreto
está en el agua
que huye siempre a su pasado

el pez
que es un lento instante
ya se ha fugado
del instante de su muerte

por el agua
              que no tiene presente.


Leopoldo Castilla (Salta, Provincia de Salta, Argentina, 1947)

Imagen: luzdellimbo.blogspot

Eugenio Montale

Lo sabes: debo perderte nuevamente y no puedo.
Como un tiro certero me subleva
cada obra, cada grito y también el espíritu
salino que desborda
desde los muelles y hace la oscura primavera
de Sotoripa.

País de herrajes y de arboladuras
selváticas en el polvo del atardecer.
Un zumbido largo llega del descampado,
lacera como uña contra los vidrios. Busco el signo
perdido, el solo testimonio recibido
como gracia de ti.
                            Y el infierno es verdad.





Eugenio Montale (Génova, 1896 / Milán, 1981, Italia)
De: "Huesos de jibia", Motetes, Ediciones Librerías Fausto, 1978
Traducción: Horacio Armani
Enlaces: Giuseppe Bonghi

Imagen:www.nuestrotaller.zoomblog.com




Jaime Sabines
























El mediodía en la calle, atropellando ángeles,
violento, desgarbado;
gentes envenenadas lentamente
por el trabajo, el aire, los motores;
árboles empeñados en recoger su sombra,
ríos domesticados, panteones y jardín
transmitiendo programas musicales.
¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso?
¿qué palabras en vuelo me levantan?
"Lo mejor de la escuela es el recreo",
dice Judit y pienso:
¿cuándo la vida me dará un recreo?
¡Carajo! Estoy cansado. Necesito
morirme siquiera una semana.





Jaime Sabines (Chiapas, 1926 / Ciudad de México, 1999, México)
De: Revista Ñ, 25/03/2006
Enlaces: Sólo literatura

Imagen: chiapastour.com.mx



Arturo Carrera

Que comience a nevar





3
No podíamos ser la nieve,
pero riéndonos quisimos serlo ¿o acaso no?
Hubo,
en nuestra involuntaria alegría, una
manera de blancura, del "no saber qué es la nieve".
Y la pena y el misterio tan fáciles de conciliar
-no tanto en tu juventud, sino en mi
destiempo- parecían vibrar, y
adecuarse al ritmo desdeñoso de los copos entre sí.

Y así se apartó uno de ellos
y vino a posarse sobre la nariz de Rocco,
el perro.





Arturo Carrera(Buenos Aires, Argentina, 1948)
De: "ADN", La Nación 18/08/2007

Imagen: La Nación

Dylan Thomas


No entres dócilmente en esa noche quieta



No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos. que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
no entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.





Dylan Thomas (Swansea, Gales, 1914 / Nueva York, EUA, 1953).
De: "Poemas completos", Ediciones Corregidor, 1974
Traducción: Elizabeth Azcona Cranwell

Imagen: bibliotecaignoria.blogspot

Louis Aragon

Confiado que lo encontraría en la antología de la poesía surrealista de Aldo Pellegrini, he perdido el rastro del "Poema para gritar entre las ruinas" de Louis Aragon. Lo vi en algunas revistas que estuve hojeando ayer, no recuerdo cuál. La exploración esta noche no tuvo éxito. Pasados varios minutos, el barco encalló en un islote llamado "Sueño".  En Internet, obviamente, se menciona, pero no se reproduce. Entonces, decido por éste de la afamada Antología. Después, apagaremos las linternas. Mi perro duerme en el piso del camarote orientado hacia el hueco del edificio.





Persona pálida





Más mísero que las piedras
                         triste a más no poder
                         el hombre escuálido
el atril hubiera querido aniquilarse
Qué frío El viento me penetra en el sitio
de las hojas
de las orejas muertas.
Solo como patalear para ahuyentar el frío
con qué pie iniciar la semana
Un silencio que nunca acaba
Ni una palabra tierna para engañar al invierno
La sombra del alma del amigo La escritura
tan sólo las señas
                         Mi sangre daría una sola vuelta
Los sonidos se pierden en el espacio
como dedos congelados
Nada más
                que un patín abandonado en el hielo
El fulano
            a través de él se ve el día





Louis Aragon (1897/1982, París, Francia)
De: "Feu de joie"
Traducción: Aldo Pellegrini

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: picses.eu



La danza del ratón/1, Abril 1981 / Kenneth Koch

Primer número de la revista "La danza del ratón", dirigida por Javier Cófreces y Jonio González

"La Danza del Ratón ve la producción poética presente a partir de un esquema formado por una regla general y unas pocas excepciones que no la alteran . En el trabajo Poesía Argentina: algo huele mal, de Jonio González, se afirma que "la Poesía Argentina contemporánea ( . . .) está agonizante".Se la concibe, en palabras de dicho autor, como predominantemente alejada de la realidad inmediata hacia planos metafísicos o místicos, sin un conocimiento de la historia, carente de proyecto cultural y de voluntad integradora con las demás literaturas del
continente, alienada dos veces por ser extraña a la Europa que imita y a la América que rechaza . Se la considera, además, extraviada, vacilante, indefinida e indefinible, mediocre, híbrida, carente de logros poéticos y con un lirismo de segunda. El artículo insiste en comparar esta producción con la  llamada generación del 40". (Scholarship at Boston College)

Atravesamos el Oceáno Indico...


Atravesamos el Oceáno Indico por diez centavos
y nos internamos en África por cinco
La refrescante Argentina
nos recompensó con muchos coches de plata
a cambio de nuestro tren de juguete. Fuimos a Kansas City
con la esperanza de encontrar allí monedas de veinticinco
pero en cambio atravesamos el Mar de Manila
viejas plumas de mar sin desenbarcaderos
Cinco doláres nos trajeron a Tánger
Habíamos ahorrado de a diez centavos como pagar la cuenta
Ahí está tan terso, tan verde y claro
Tómelo, agárrelo me pertenece
Gastamos los cinco dólares en Biarritz en siete minutos
pero al menos hicimos una buena comida y ahora desplegamos
las velas
He oído decir que Milwaukee está repleto de monedas de diez
            y veinticinco
y que Cincinnati es el sitio ideal cuando se trata de medios dólares
Puedo ver toda esa plata puedo verla y me parece que la quiero
Puedo ver la luz del sol que ilumina esos rostros plateados
en la remota Cincinnati
Las esbeltas monedas de cincuenta que reposan en las hojas
en el otoñal aire azul detrás del Conservatorio de Música
Oh deme el dinero
para que pueda subir al cielo
pues ya he estado en tantos barcos y trenes
mientras interminablemente buscaba las cumbres de la vida!

Kenneth Koch (Cincinnati, 1925 / New York, 2002, Estados Unidos de Norteamérica)

Imagen: jacquetmagazine.com

Sergio Eisenstein: el montaje cinematográfico y la poesia

"¿Qué implica, en esencia, entender el montaje? En nuestro caso cada pieza no existe ya como algo irrelacionado, sino como una representación particular del tema, que en igual medida penetra todas las imágenes. La yustaposición de esos detalles parciales en una construcción-montaje pone de relieve esa cualidad general de la que ha participado cada uno de ellos y que los organiza en un todo, a saber, en aquella imagen generalizada, mediante la cual el creador, seguido por el espectador, experimenta el tema..."
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"La validez de la elección de un método realista capaz de producir y lograr una cualidad emocional pueder ser confirmada mediante algunos ejemplos curiosos. He aquí, por ejemplo, una escena de Poltava, de Pushkin en la que el poeta mágicamente hace surgir la imagen de una huida nocturna en todas sus posibilidades descriptivas y emocionales:

Pero nadie supo cómo o cuándo
ella desaparecíó. Un pescador solitario
oyó aquella noche el golpear de cascos de caballos,
palabras cosacas y un murmullo de mujer.

Tres enfoques:
  1. Golpear de cascos de caballos
  2. Palabras cosacas
  3. Murmullo de mujer.
Una vez más, tres representaciones expresadas objetivamente (¡auditivas!) se concentran en una imagen unificadora emocional, distinta de la percepción de los fenómenos separados si fuesen considerados fuera de su asociación con los demás. El método se usa solamente con el propósito de suscitar en el lector la experiencia emocional requerida. Solamente la experiencia emocional, porque la noticia de que Marya ha desaparecido se ha dado antes en un solo verso ("Ella desapareció. Un pescador solitario"). Habiéndole dicho al lector que ella ha desaparecido, el autor quiere darle también la experiencia correlativa. Para lograrlo, recurre al montaje con tres detalles elegidos entre todos los elementos de una huida, la imagen de una fuga nocturna aparece como un montaje, impartiendo a los sentidos la experiencia de la acción.
Un cuarto cuadro se agrega a los tres auditivos. Su efecto es el de un punto final. El autor lo elige refiriéndolo a otro sentido. Este primer plano no es auditivo sino visual:

... Y ocho herraduras habián dejado sus huellas
sobre el rocío matutino de la pradera...

Pushkin, pues, hace uso del montaje al crear las imágenes de una obra de arte. Y lo usa con la misma habilidad cuando crea la imagen de un personaje o de todos los dramatis personae. Con una combinación excelentísima de varios aspectos (set-ups fotográficos) y de sus distintos elementos (montaje de objetos representados pictóricamente, aclarados por la disposición de los temas), Pushkin obtiene sorprendente realidad en sus descripciones. El hombre, real y viviente por cierto, surge de los poemas de Pushkin.

"El sentido del cine", de Sergio Eisenstein (SigloVeintiuno Argentina Editores SA, 1974) 

Imágenes: El acorazado Potemkin, film de S. Eiseinstein y Alexander Pushkin

Giorgos Seferis


 A la manera de J.S.



Dondequiera que viaje
Grecia me hiere.

En Pilion, entre los castaños, la túnica del Centauro
deslizábase entre el ramaje para envolver mi cuerpo,
mientras subía a la rampa y el mar me seguía
trepando él también como el mercurio de un termómetro,
hasta que encontramos las aguas de la montaña.
En Santorini, rozando las islas que se hundieron,
escuchando sonar una flauta entre las piedras pómez,
una flecha súbitamente lanzada
desde los confines de una juventud desaparecida
se clavó en mi mano.
En Micenas he levantado las grandes piedras y los tesoros de los Atridas.
Dormí al lado de ellos en el hotel de "La Bella Helena de Menelao"
y sólo desaparecieron al alba, cuando cantó Casandra,
con un gallo suspendido de su negra garganta.
En Spetsas, en Poros y en Miconos,
las barcarolas me laceraron.
¿Qué quieren aquellos que creen encontrarse
en Atenas o en el Pireo?
Uno que viene de Salamina le pregunta a otro: "No viene usted de la plaza Omonia?"
"- No - responde éste satisfecho - , yo vengo de la plaza Syndagma,
me encontré con Yannis y me pagó un helado".

Entretanto, Grecia viaja.
Nosotros lo ignoramos, ignoramos también que, todos somos marineros sin empleo,
así como ignoramos cuán amargo es el puerto cuando los navíos han zarpado.
Y nos mofamos de aquellos que lo sienten.

¡Chusca gente! Creen que están en el Ática y no están en ninguna parte.
Compran confites para casarse,
llevan en las manos "lociones capilares" y se hacen fotografiar,
como el hombre que hoy he visto
sentado frente a un telón de fondo con flores y palomas
que dejaba que la mano del viejo fotógrafo
le alisara las arrugas que marcaron en su rostro todos los pájaros del cielo.

Entretanto, Grecia viaja siempre,
y si vemos "el mar Egeo florecido de cadáveres"
son los que quisieron, nadando,
    alcanzar el enorme navío;
los de los que estaban hartos de esperar los navíos que ya no zarpan,
el Elsi, el Samotracia, el Ambracicos.

Ahora que el Pireo se oscurece, los barcos pitan,
pitan sin cesar, pero ningún cabestrante se mueve,
ninguna cadena mojada ha cabrilleado con el último resplandor del sol que declina;
el capitán, emperifollado de oro y plata, permanece clavado en su puesto.

Dondequiera que viaje
Grecia me hiere.
Cortinas de montañas, archipiélagos, granitos desnudos.
El navío que avanza se llama Ag-onía 937.

                                                (A bordo del "Aulis", aguardando el instante de
                                                levantar las velas)

                                                Verano de 1936 





Giorgos Seferis (Esmirna, 1900, Turquía / Atenas, 1971, Grecia)
De: "El zorzal y otros poemas", Editorial Losada, 1966
Traducción de L;ysandro Z. D. Galtier

Imagen: meridianabis.blogspot.com



Laura Giordani

Poeta

Tarde de domingo



Dios descansó al séptimo día
y a las seis de la tarde se suicidó.

Domingo de manteles abatidos
y alforjas que flojean
y euforia de gol
que no alcanza a conjurar
el declive de las horas.

Los ángeles comienzan
a susurrar cosas tristes a los pájaros,
las hormigas no caminan
igual en las selvas ni en los patios:
se desorientan, dominicales se ralentizan
y los puños se aflojan
porque hasta la ira tiene resaca.

Dominguean las hojas
y las luces, se dejan
arrastrar con indolencia
y aunque haya sol
es siempre insuficiente
cuando se precipita esa melancolía
torrencial desde los techos.

El mundo
entero parece congregarse
ante un único rescoldo
que se apaga



//



“Tenían como una lepra la infancia devorándoles el pecho”
La manzana en la oscuridad, Clarice Lispector



Tormentas de tierra
zulquis
escuerzos
las tazas que habían venido de Europa
descascaradas
las fotos de niños ya muertos
las paspaduras
el primer vello en el pubis fruto que se volvía extraño
la infancia un carozo de durazno
agujereado por hormigas negras
papá silbando en el patio mientras quema sus libros

todas las memorias amarilleando
bajo el cráneo

nostalgia: esta dulce podredumbre en la espalda esta pútrida dulcedumbre de las palabras que no mueren del todo como esas hojas que antes de desaparecer agonizan juntas en parvas exudando el fervor del verano y la savia


//


Ella sale al sepia de la tarde
ese tono convaleciente de los recuerdos
o los charcos después de la tormenta
sale
no recuerda bien a dónde
la memoria es un punto siempre flojo
basta tensar un poco la lana
para destejer entera la calle el barro
las nubes arriadas por el viento sur
memoria de rodillas paspadas
un saber amargo inútil
como las naranjas de adorno de la plaza

sin saberlo
amaba el deterioro
destejiendo los cuerpos de las abuelas
de las vecinas que enloquecían baldeando las veredas
cada vez más temprano
y con más violencia

el futuro es sangre bajando por las piernas
y que intenta atajar
con un vestidito de muñeca
que plegó a escondidas

no lo sabía
pero iba floreciendo
lentamente
entre muertos

Laura Giordani (Córdoba. Argentina. 1964. Reside en España)

Imagen: poetassigloveintiuno

Ramón López Velarde


No me condenes


Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre:
ojos inusitados de sulfato de cobre.
Llamábase María; vivía en un suburbio,
y no hubo entre nosotros ni sombra de disturbio.
Acabamos de golpe: su domicilio estaba
contiguo a la estación de los ferrocarriles,
y ¿qué noviazgo puede ser duradero
entre campanadas centrífugas y silbatos febriles?

El reloj de su sala desgajaba las ocho;
era diciembre, y yo departía con ella
bajo la limpidez glacial de cada estrella.
El gendarme, remiso a mi intriga inocente,
hubo de ser, al fin, forzoso confidente.

María se mostraba incrédula y tristona:
yo no tenía traza de una buena persona.
¿Olvidarás acaso, corazón forastero,
el acierto nativo de aquella señorita
que oía y desoía tu pregón embustero?

Su desconfiar ingénito era ratificado
por los perros noctívagos, en cuya algarabía
reforzábase el duro presagio de María.

¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes;
cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho,
cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes,
cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca,
no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos
que turban tu faena y tus recatos.

Ramón López Velarde (Zacatecas, 1888 / Ciudad de México, 1921, México)
De: los-poetas.com

Enlaces: Daniel Orizaga Doguim: López Velarde y la Provincia Letrada
Imagen: eldigoras

John Ashbery



Galeones de Abril





Algo tenía que estar ardiendo. Y además
al fondo de la habitación un vals desacreditado
estaba vivo y recitaba cuentos acerca de los conquistadores
y sus lirios - ¿será la vida, en conjunto,
una tibia fiesta de estreno de una casa? ¿Y de dónde salen
los pedazos de sentido? Era evidente
que había llegado el momento de marcharse, de cambiar
de dirección, hacia las ciénagas y hacia los nombres
fríos y enroscados de ciudades que sonaban como si existiesen
aunque no hubieran existido nunca. Veía la barca
como una lima de uñas que apuntase a los placeres
del gran mar abierto, que se detendría por mí,
que probaríamos tú y yo la desarticulación
de una inclinada cubierta y volveríamos algún día
por entre los rasgados velos anaranjados de una tarde
que sabría nuestros nombres aunque con una pronunciación
diferente y entonces, solamente entonces, podría llegar el provecho de la primavera
a su propio ritmo, como se suele decir, con el gesto
de un pájaro que despega para acceder a una posición
supuestamente mejor aunque no tal vez mayor,
en el sentido en el que una guitarra con alas sería mayor
si la tuviéramos. Y todos los árboles parecían existir.

Luego vino un día más corto de tapices mohosos
con las iniciales de todos los anteriores propietarios
para aconsejarnos callar y esperar. ¿Nos conocería ahora
el ratón, y si así era, hasta qué punto admitiría
la proximidad la conversación sobre la diferencia, bien migaja
o bien otra caridad menos perceptible? Iba todo a ser
desperdigado de todos modos, tan lejano del deseo de uno
como la raíz del árbol respecto al centro de la tierra
del que en cualquier caso surgió a tiempo
de informarnos sobre felices floraciones y sobre la fiesta
de las parras que iba a haber mañana. El simple hecho de estar debajo
de ellas te hace a veces preguntarte cuánto sabes
y entonces despiertas y sabes, pero no sabes
cuánto. En los intervalos de la media luz las notas
de una mandolina desafinada parecen coexistir con su
pregunta y con la no menos urgente respuesta. Ven
a mirarnos, pero no desde muy cerca, pues la familiaridad
se disipará entre truenos y la niña mendiga
que con pelo de esparto llora incomprensiblemente será
lo único que quede de la edad de oro, nuestra
edad de oro, y no volverán a salir al alba
los enjambres para volver como una lluvia de polvo
suave por la noche a apartarnos de nuestra honradez
aburrida e insatisfactoria con cuentos de vistosas ciudades,
de cómo en ellas construía la neblina y qué
instrucciones seguian los leprosos
para evitar estos ojos, los ojos viejos del amor.






John Ashbery (Nueva York, 1927, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Galeones de abril", Colección Visor de Poesía, 1994
Traducción Esteban Pujals Gesalí 
Enlaces: Babelia

Imagen: inkslinger

El verso libre

"....¿qué significa hoy en la poesía una discusión técnica?. Por el propio carácter de la poesía, que se construye con lenguaje verbal, la discusión no podría menos que regirse por conceptos del arte de la significación, por la dinámica significativa del poema, no por razones canoras. O mejor dicho, no hemos de discutir que un verso no es un endecasílabo perfecto y, tal vez sí, que lo es. La poesía no es música, la música es otro género artístico, y si uno quiere suponer que la música es esencial a la poesía en términos estrictos, entonces, se equivocó de género. La poesía debe mantener su sonoridad, éste debería ser su único énfasis. Pero el ritmo se le presenta solo. no hay estructura verbal sin ritmo, y el ritmo -que depende mayormente de la acentuación y de la afinidad sonora- se intensifica casi siempre en la poesía."

La musa equivocada, por Jorge Aulicino

"En lo personal, me interesa capturar el ritmo cnversacional, los sonidos menos evidentes, menos conclusivos, del habla cotidiana, y la sutil rima asonante que en ella habita, esa música verbal esquiva, escondida bajo la masificación, el deber ser y lo indiferenciado. Me interesa buscar ahí cierto orden secreto
Me parece que el efecto estético se produce en la captura de una armonía oculta/no visible o no audible de primera mirada y de primera escucha, entre nosotros, los seres y las cosas. Se trata siempre de un orden propio, momentáneo y único..."

Libertad condicional, por María Teresa Andruetto

De: "El verso libre", Ediciones del Dock, 2010

Jorge Brega



Vuelo





El hombre arrojado
del avión
al mar
piensa
aún en el aire que
no está muerto
quien pelea

pese
a la somnolencia de
la droga
atina
a mover los
brazos como un pájaro

entonces ve el país
la costa del país
una sombra
lejos

nada
más bello ahora
nada más
corazón

hincha el pecho y
tal vez esa
voltereta sea su
saludo

ah no poder
sostenerle
no dar con él
batalla en cielo abierto

alcémonos

que el hombre
dislocado en el impacto
con el agua oiga
nuestro canto
antes
de desaparecer.



Jirge Brega (1949, Buenos Aires, Argentina)
De: #Luz mala", 2004)


Imagen: poetasdelmundo.com