Efraín Huerta



Junio, N.Y.





Fue la primera vez que era verdad tanta belleza:
el autobús sobre las once de la mañana
y la Quinta Avenida se acercaba al Rockefeller Center.
Ella subió, asecendió, voló a ras del piso
y al pagar el pasaje su mano se desbordó como un vaso de leche.
El rostro era la luz en persona, la clara perfección
en el cercano filo del mediodía neoyorquino
y mi piel sintió el frío de lo maravilloso
a escasos treinta grados a la sombra.

Pensé que mañana iría a The Cloisters
a proseguir la cacería del Unicornio blanco
y a conversar, un poco, con Rip Van Winkle;
que esa misma noche iría a Harlem
y que sin remedio, llorando a mares de dicha,
me moriría de amor por una cantante negra
llamada Phyllis Branch;
que olvidaría casi para siempre a la rubiaza
que vende postales de Picasso y Chagall
en el Museo de Arte Moderno.

¡Qué vida es esta vida tan enfermante
de dulces y áridos apasionamientos!
Y así soñaba, y así la Belleza que era verdad - y tanta
se sentó a mi lado y rogué a Santa Simonetta Vespucci
por la quietud de mi enloquecida mano derecha.
Pues su perfil, sus ojos, sus labios y su pecho...

Nadie me quiere creer que la Belleza
alcanzó la rosa roja de la verdad absoluta
y que nunca jamás volví a ver
a Nadie semejante. Bueno, tal vez
a una joven húgara en la Isla Margarita,
en el ennegrecido corazón del Danubio;
acaso a una polaca modelando a las nueve
de la mañana en el comedor del hotel en Varsovia.
Pero Nada igual, imposible, a aquella
dulcísima, recatada monja
del autobús de la Quinta Avenida.

Sucedió un día de junio de 1949.
Hoy lo recuerdo, no sé, nunca supe por qué.
Tal vez porque me arde una nueva derrota
en alas, boca y manos del Ángel
de todos los amores victoriosos.





Efraín Huerta (Silao, Guanajuato, 1914 / Ciudad de México, 1982, Méjico)
De: "Transa poética", Ediciones Era, 1980)

Imagen: jornada.unam.mx

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...