Raquel Sinelli



De madrugada alguien barre






De madrugada alguien barre
el aire enrarecido de los cuartos
sacude sueños inasibles
y del rostro que se asomó a hablarte
no queda sino tu turbación.

No hubo palabras
que ahora puedas abrir o enhebrar
las imágenes viene de un teritorio
que ignoras durante el día
y vibran en horas silenciosas
como esos temblores que despiertan
a desprevenidas ciudades
antes del amanecer.





Después de la lluvia





los plátanos mojados rojos a las siete de la tarde
el auto se desliza con las luces bajas encendidas
por la avenida húmeda y desierta bajo el arco
                               rojo y verde de las hojas

nada para agregar
salvo la insoportable contundencia
de lo que la mirada no elige recordar
ni pensar esa misma avenida
un rato antes
                           cuando la lluvia arreciaba
y todos corrieron a sus casas.





Raquel Sinelli (Pergamino, Provincia de Buenos Aires, 1954)
De: "Diario de Poesía" Nro 11

Imagen: azulynegrosiveau.blogspot.com



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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.