Luis Chaves


















33 r.p.m.







La empleada lleva el pelo atado
hasta el final de su espalda,
se acerca a la mesa
envuelta en aroma a Vitamaíz.
Cuando se va, 
la trenza marca rítmicamente sus pasos
igual que un metrónomo invertido.


En el tornamesa que desechó mi padre,
todas las tardes escucha
un elepé rayado de Memo Neira
y los ojos se le cargan
de algo que nunca me quiere explicar.


Tengo nueve años y cada domingo
invado el cuarto par oler su ropa usada,
hasta que desde el espejo
la postal de San Cristóbal
-a mitad del río y con un niño a cuestas-
me obliga a interrumpir mi misión.


Tantas personas que entran y salen
de nuestra cabeza,
tantas que solamente se asoman a nosotros
como quien husmea frente a la vitrina.


Ya no recuerdo bien cuando se fue de casa,
sé que era de noche
y que guardo esta última imagen:
los caños desbordados
inundando las calles,
ella con el agua hasta los tobillos,
su valija a cuestas.







Video de alquiler







La película terminó mal.
En el cuarto a oscuras,
hasta los créditos
irradian un sentimiento
de equivocación.


No es fácil
reunir a cuatro extraños
y, en pocos días,
hacerlos actuar
como una familia.


Nosotros, en el intento,
llevamos toda la vida.






Luis Chaves (1969, San José de Costa Rica, Costa Rica)
De: "Historias Polaroid", Ediciones Perro Azul, 2000)


Imagen: poetasigloveintiuno.blogspot.com



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