Yanina Magrini

I                                                                                                      



Se creaban obsesiones
en cada fiestita de noche
cosas
que daban vuelta
y  mareaban toda lógica
de roedores                                                            

después cansados casi dormidos
encima
de las servilletas de papel
encima
del vino derramado
creíamos en el manoseo silencioso:      
                                       
me dijo que no grite
que el grito
casi nunca
es delicia
que haga silencio dijo que el silencio
es patrimonio de ratas.




se hace



Escribió el parabrisa de mi auto:
“el corazón de buitre espera su tiempo, baléame y sangraré”.

Después vino a casa
de madrugada
a patear la puerta
(y no era joda)
los vecinos saben
del abuso

fuego de bestia

el insano
acabará
mansamente

en uno
diez minutos
se detiene
y llora

(se hace
el adiestrado).




en adjunto


                                                                                           
Te mandé un mail
con  fotos de mis vacaciones
observá cómo delineaba
su brazo lastimado
por debajo de la piel
sobre una piedra negra
se sentaba                                                    
como alambre a la orilla del río                                    
el puentecito
le hacía soñar que volaba
de hecho voló
hasta la arena                                                                                    
y cavó una fosa para mí
con un tramontina de plata
la cavó y puso una bandera
sobre mi tumba
fijate bien que en una foto                                                                
hay destellos
entre cuerdas de guitarra
como si lo llamaran mis ojos
desde una burbuja
baladas hacíamos  por  la noche                                                        
y  rompían lo cotidiano
lo agresivo siempre era la luz.


Yanina Magrini (1972, Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina)
De: "Acabarlo a mano", Cartografías, 2010

 Imagen: artesanosliterarios.com

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.