13 agosto 2011

Jorge Aulicino, poemas inéditos



Olímpicas


2



Prometeo liberado de sus cadenas
va con ellas
por la calle golpeando a los falsos ciegos,
a los inválidos,
a los menesterosos,
como si todos ellos
fueran mercaderes en el templo.
He ahí
dice Zeus,
el resultado
de condonar, compadecer, indultar
y, por así decirlo,
el resultado general de la piedad..





Guillermo Enrique Hudson




Lo que no había percibido es el polvo.
El polvo de desierto. El que el viento
arroja sobre los cardos y los zapatos.
No había aventurado el auto
que se refleja en los círculos concéntricos
del agua, desde donde acaba de volar un pato.
Lo que no percibí fue el trabajo.
La producción en masa. El altercado épico
convertido en noticia policial.
La epopeya de la tierra hecha "sociedad".
Lo que no vaticiné -pues no vaticiné-
fue la alta máquina en el campo.
El fuel, el almuerzo del peón, la peladura, el lento o rápido
trabajo de la contaminación donde acaba
¿o empieza?lo sagrado.






Paradise Lost





Porque cuando te mira fijo, es
absolutamente, absolutamente,
dios. Lo mirás con la maza y las escamas
de las que lo ha dotado el buen cine industrial.
Creen engañarte
-recuerda el viejo corriendo las lagartijas entre los tomates:
diablos menores entre latas de tierra y abandonados manubrios-,
y te dicen la diabólica verdad.
Es una guerra de titanes, de músculos y ángeles.
Una guerra, ah, decírtelo: de hermanos. Cielo de los reptiles,
tierra de los charcos con miradas de querubes.
Rasgada la túnica, Gabriel muestra bíceps de gimnasio,
entrenado cuerpo, batiente tórax, pelos bestiales.




A "El cuervo", de Poe



Así pues, toda la cultura, los extraños conocimientos
y las brasas que arrojaban luz y sombra
a los pies, diríamos,
de un águila de piedra; la intrincada industria de la alfombra,
los cortinados de telas polvorientas:
¿lóbrega la distancia,
y plutoniana,
o lóbrega la estancia?
que se precipitaba en cavernas de ignorancia,
en tanto era más íntima y cercana
la conquista civilizatoria...
Libros, chimenea, bibliotecas, terciopelos.
Pero las incontables grietas del cuarto ¿qué?
Allí donde las arañas, nacidas al parecer para los cuartos y
gavetas, tejen su arcana tela;
allí donde corren ínfimas sombras;
la suciedad que de noche no llamamos suciedad, pues se borra
el insípido contorno.
El extraño silencio de los objetos suntuarios...
De dónde, pues, vino el cuervo?


Jorge Aulicino (1949, Buenos Aires, Argentina)
De: "El camino imperial. Escolios" (inédito)



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