22 agosto 2011

Lucio L. Madariaga, inéditos


Silencio y después



La mujer del vestíbulo en la calle
del ruido
                ríe
desafiante
                  confiándose a la noche
como si poco importara el dolor

¡Ay si supiera!

Lo que duele suele tener ese aroma
dulce
          a tanta vida

Una fracción de segundo estelar
arrítmica
                inmensa y solitaria
es todo lo que hace falta
para comenzar
de nuevo.

Hay algo del silencio que me atrapa:


me resulta auténtico.




Raíces en el claro



Todo lo que veo, son pájaros.

La liebre de fuego guía la búsqueda.
Huye, escurridiza, flamea amarilla roja
naranja en la llanura.

Pájaros atontados, adobados en hollín.
Ya no vuelan, trepan mesetas,
encandilan lo claro.

Están los solitarios, recluidos mudos,
no pueden con el mundo.

Algunos pocos, son pájaros de luz.




La cama siempre es París





Primer acto:



La transitada historia de la piel,

el sudor del sol, las sábanas mojadas
y su memoria a prueba de balas.
El aroma libertad,
la brisa por la ventana cosquilleando
espaldas,
los gemidos como propuestas,
el horizonte ya
y un zumbar de estrellas
para ladear
la finitud.

Fuera del tiempo:

Los ojos en estado de abrazo,
masticando los hermosos restos,
respirando la levedad del cuello,
un pie trepa otro pie,
la pierna trenza.

Arrancada la piel del amado atajos
a tajos reedificando el aliento;
lucido lumbre
del roce.
                       Espanto de la quietud.

La melodía del silencio:

un sueño lúcido.


Lucio L. Madariaga (1985, Buenos Aires, Argentina)

Imagen: poesiaenlaescuela.blogspot.com

3 comentarios:

  1. Muchas gracias Pedro, un abrazo grande.

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  2. Buen texto. Muy interesante.Un gusto seguirte amigo. Te envío un fraternal saludo deseándote buen día amigo.Te seguiré visitando con el permiso tuyo.

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  3. Gracias Darwin. Entrá sin golpear, todas las veces que quieras.
    Te saluda, Pedro

    ResponderEliminar

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