Christopher Reid




La abulia de un hombre viejo





La araña en su teatro colgante;
la paciente villanía de los gatos:
la siesta predice desastres,
ahora que hay tiempo para sentarse y ver.

Afuera, arrullado por el sol, pastoreo
con un brandy pegajoso en la mano
y contemplo el manzano
retorcido como una historia familiar.
           
Mis nietos juegan al cricket
con una pelota de playa y una raqueta.
Mi vieja esposa sentada a mi izquierda.
Reclinados, con nuestros cigarrillos nos besamos 

para elevar un tembloroso puente de amor.
El libro que leo bosteza su aliento de zorro.
Recojo frases sólo para extraviarlas luego
que son tercos dientes apretados.
           
El bebé atado al yugo de su babero gatea
y se vuelve hacia al gato del vecino
que a su lado pasa exhibiéndose
con unos tontos, gordos, plumosos, falsos bigotes.              





Christopher Reid (1949, Hong Kong, China)
De: Preferiría no hacerlo N° 1, Noviembre 2005
Traducción: Alberto Gagetti

Imagen: news.bbc.co.uk


1 comentarios

  1. Muy hermoso. Me sorprendió desde el verso "la paciente villanía de los gatos".

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.