Delmira Agustini


Lo inefable






Yo muero extrañamente... No me mata la Vida.
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza a la flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?...

¡Cumbre de los Martirios!... ¡Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un ardiente feroz!...

¡Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable!... ¡Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!





Delmira Agustini (1896 /1914, Montevideo, República Oriental del Uruguay)
De: "Cantos de la mañana", 1910

Imagen: actualidadliteratura.com

Jacobo Rauskin


Tareas tan inútiles como la poesía






El río crece, el tiempo no ayuda.
Rema, rema la luz bajo la lluvia.
Que me perdone quien se sienta herido,
los inundados son del río, de nadie más.
Clavan techitos de multiflex,
de flexiplor, paredes
de un más que servicial cartón
o se dan por entero a otras tareas
que de por sí tampoco arreglan nada.
Y justo cuando nada se arregla,
cuando la noche habla de tregua
y enciende su esperanza, su lámpara
de veinticinco vatios gratuitos
en un barcito de morondanga,
se vive un apagón, se oculta el río,
se oculta la ciudad que ocupa el río.


Jacobo Rauskin (1941, Villa Rica, Paraguay)
De: festivaldepoesiademedellin.org


Imagen: absolutsalamanca.com

Néstor Mux

Perros atados








Es posible que ese perro atado ladre
a estrellas que lo aturden con señales
o aúlle a quienes lo dejaron vigilando,
para nadie, una casa abandonada. 


Los vecinos se quejan porque no pueden dormir,
escuchar la radio o lustrar sus automóviles. 


Mientras tanto yo le adivino colmillos azules
como el amor o la muerte y lo imagino altivo
como algunos hombres o como muchos perros. 


Porque su sonido tiene algo de delicada insensatez
o de agonía, y ese sonido me acompaña y me persigue.
Porque su ladrido se impone por sobre las voces
desafinadas y rancias de la gente
mezcladas como al fondo de una olla. 


Y porque es posible que yo esté atado también,
pero sin su convicción para ladrar y aullar
ahora que siento finalmente que me han dejado solo
vigilando una luz casi deshabitada. 






Néstor Mux (1945, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Perros atados", Ernesto Girard Editor, 1982

Imagen:agencianan.blogspot.com

Palabras prófugas de mi cuaderno de notas


Irene Gruss ha publicado unos textos míos en su blog, El mundo incompleto.  Muchas gracias Hace siglos, a partir del Renacimiento que estamos habilitados para decir "esta obra es mía", Basta saber si la obra nos identifica para consagrar la propiedad. Me complace raramente lo que escribo cuando me permite afirmar que ese conjunto de líneas soy yo.  
Extraña sensación encontrar los textos "fuera de casa", especialmente para quien padece algunos signos de fobia social. (en el fondo, soberbia, decía mi vieja, timidez, la maestra.) El anhelo me dicta: "Ellos, los textos o como quieran que se llamen, ¿se acostumbrarán al mundo? 

Acerca de la primera lectura de "Ramalaje", poemas de Ignacio Uranga

Leo los poemas de Ignacio Uranga y me reconozco incapaz de explicar por qué surgió el cometido de buscar una definición de la palabra "deducción". Qué relación existe entre el contexto filosófico de la palabra con los poemas. (Se pueden leer en de sibilas y pitias y Facebook)

Intuición / Acto de la mente por el cual vemos de forma inmediata, con claridad y distinción, la verdad de una proposición.
      Descartes nos dice que los dos actos de nuestra inteligencia o razón gracias a los cuales podemos llegar al conocimiento cierto son dos, la intuición y la deducción. Explica que la intuición no es el testimonio de los sentidos ni el juicio engañoso de la imaginación sino la concepción que nace o tiene su origen en las “solas luces de la razón”. Es más segura que la deducción y no deja lugar a dudas de aquello que comprendemos.Identifica la intuición con la luz natural.
      Podemos entender la diferencia establecida por Descartes entre la intuición y la deducción si nos fijamos en la diferencia entre mostrar y demostrar. Demostramos algo cuando damos razones que justifican nuestra opinión, cuando relacionamos una proposición con otra hasta llegar, a modo de conclusión, a lo que queríamos demostrar. La demostración es un proceso discursivo de nuestra razón. Sin embargo mostramos algo cuando, simplemente, ponemos ante un sujeto aquello que queremos mostrar, cuando hacemos que el sujeto al que queremos convencer tenga presente, delante de él, la realidad u objeto en la que queremos que crea. Es fácil poner ejemplos de esta diferencia fijándonos en los objetos físicos. Podemos intentar convencer a alguien de que en su casa hay un ladrón argumentando que le han forzado la ventana, que hay luz, que se oyen ruidos extraños, es decir dándole razones concluyentes. Pero también lo podríamos hacer –aunque con grave riesgo para nosotros– llevando a nuestro amigo al interior de la casa y mostrándole la presencia del ladrón.

Sergio Raimondi


Pietro Gori & Cicerón & Percy Shelley, Ingeniero White, 1901



Por los rieles va el vagón y en su techo la luna
hasta que llega a la punta del muelle y se cae
al mar. Los que oyen el discurso no vuelven
a sus casas, vuelven a otro lugar, no ven, no verán,
algunos por unos días, otros por años, más
lo mismo aunque lo mismo les frote la nariz.
El conferencista arma un dispositivo detonante
que mezcla retórica (55%), inspiración romántica
(20%) y perspicacia crítica anarquista (25%).
Ahora es imposible adivinar si la combinación
fue la adecuada, y la sospecha queda de un elemento
que fagocita al otro lentamente en el recuerdo
del estruendo primero. Ciego silencio después.
No sé. Por los rieles va el vagón y en su techo
nada, polvillo del cereal, vestigios de carbón.






Sergio Raimondi (1968, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Poesía civil", Ediciones Vox, 2001

Imagen: artepopbahiense.blogspot.com

Jaime Sabines



A estas horas, aquí





Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!





Jaime Sabines (1926 / 1991, Chiapas, Ciudad de México, México)
De: Otro Recuento de poemas, 1950/1991, Joaquín Mortiz en http://www.palabravirtual.com/

Enlaces: Jaime Sabines
Imagen: intramed.net

13 de junio: Día del escritor



Imagen: http://biblio14de16.blogspot.com/2011/06/leopoldo-lugones-patrono-de-la-escuela.html

Charles Simic



Paraíso





En un barrio antes llamado “La cocina del infierno”,
donde un mendigo aseguraba haber tocado la lira de Nerón
mientras la ciudad ardía en el calor del verano;
donde una peluquera que se hacía llamar Cleopatra
empuñaba las tijeras del hado sobre mi cabeza
amenazando con cortarme las orejas y la nariz;
donde un hombre y una mujer paseaban desnudos
al atardecer por una de las más oscuras calles laterales.
Debo de estar soñando, me dije.
Era como encontrar una pareja de esfinges.
Esperaba que tuviesen alas, cuerpo de león;
él con el pecho tatuado estrafalariamente,
ella con sus enormes tetas balanceándose.
Ocurrió todo tan rápido, y fue hace tanto tiempo...
¿Sabes ese instante justo antes de que amanezca
en el que nada desearías más que acostarte entre sábanas frías
en una habitación con las persianas bajadas?
La hora en la que los hermosos suicidas
que yacen uno junto al otro en el depósito
se levantan y salen para ver la primera luz.
Las cortinas de los hoteles baratos vuelan a través de las ventanas
como gaviotas, pero todo lo demás está tranquilo...
El vapor asciende por las rendijas del metro...
Los cuerpos resplandecen de sudor... La locura, sí, pero podrías decir igualmente: el Paraíso.





Charles Simic (1938, Belgrado, ex Yugoslavia. Desde 1953, reside en Estados Unidos de NA)
De: www.cosmopoetica.es
Traducción: Martín López-Vega


Imagen: lamajadesnuda.com

Yanina Magrini

I                                                                                                      



Se creaban obsesiones
en cada fiestita de noche
cosas
que daban vuelta
y  mareaban toda lógica
de roedores                                                            

después cansados casi dormidos
encima
de las servilletas de papel
encima
del vino derramado
creíamos en el manoseo silencioso:      
                                       
me dijo que no grite
que el grito
casi nunca
es delicia
que haga silencio dijo que el silencio
es patrimonio de ratas.




se hace



Escribió el parabrisa de mi auto:
“el corazón de buitre espera su tiempo, baléame y sangraré”.

Después vino a casa
de madrugada
a patear la puerta
(y no era joda)
los vecinos saben
del abuso

fuego de bestia

el insano
acabará
mansamente

en uno
diez minutos
se detiene
y llora

(se hace
el adiestrado).




en adjunto


                                                                                           
Te mandé un mail
con  fotos de mis vacaciones
observá cómo delineaba
su brazo lastimado
por debajo de la piel
sobre una piedra negra
se sentaba                                                    
como alambre a la orilla del río                                    
el puentecito
le hacía soñar que volaba
de hecho voló
hasta la arena                                                                                    
y cavó una fosa para mí
con un tramontina de plata
la cavó y puso una bandera
sobre mi tumba
fijate bien que en una foto                                                                
hay destellos
entre cuerdas de guitarra
como si lo llamaran mis ojos
desde una burbuja
baladas hacíamos  por  la noche                                                        
y  rompían lo cotidiano
lo agresivo siempre era la luz.


Yanina Magrini (1972, Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina)
De: "Acabarlo a mano", Cartografías, 2010

 Imagen: artesanosliterarios.com

El absurdo, la lógica y los elefantes, según el profesor Susurro.

Por lo que queda claro a raíz de los últimos y resonantes descubrimientos del profesor Pedro Susurro, el absurdo es un absurdo. Esta tesis contradice la sostenida hasta ahora por la escuela oficial, según la cual "el absurdo es una cosa". Y el mérito histórico del profesor Susurro consiste en haber establecido el carácter de esa diferencia, cuya naturaleza se explica con un razonamiento que él expone de este modo: dado que el elefante es un virus y que la gripe es contagiosa, más vale estar arriba que debajo de un elefante.
Siguiendo esta vía de análisis es que ya pueden esclarecerse distinta y dramáticas incógnitas. Así, bien puede aseverarse que el bicho de "La metamorfosis" de Kafka no es Luis Cucaracha, sino Dumbo. Luego que la verdadera cabalgadura de Tarzán no fue Luis el Negro, sino Tantor. Y por fin, que Adriana se inspiró en lo más notable del elefante para inventar la palabra "enarbolas".
A tenor de las investigaciones del profesor Susurro, siendo lo absurdo algo que se opone a lo lógico, el huevo -en su forma contemporánea - es absurdo porque lo lógico sería que fuese cuadrado, así no tendríamos que andar corriéndolo cuando se desliza por la mesada de la cocina. De allí que sean tan difíciles de freir los huevos de elefanta. Por afinidad conceptual puede discurrirse que el elefante no tiene trompa porque no la necesita, ya que no usa anteojos.
De igual modo la lógica indica que el elefante no anda por las paredes, porque lo absurdo sería que las paredes anduvieran por los elefantes. También, lógicamente, el elefante funciona a nafta porque constituiría una mayúscula absurdidad su funcionamiento a corriente eléctrica, dado que -en tal supuesto - el cordón se le enredaría entre los árboles.
Gracias a los hallazgos del profesor Susurro puede darse por cierta la existencia de un tercer tipo de elefantes, a partir del siguiente discurso: habiendo un elefante terrestre y un elefante marino, es obvio que debe haber un elefante aeronáutico y éste, lógicamente, debe volar.de donde resulta la posibilidad de que los dirigibles no sean dirigibles, sino elefantes camuflados.
Esta teoría también demuestra que los elefantes no asisten a los talleres literarios por lo absurdo que son las sesiones los sábados por la noche, o sea justamente en los días y horas más propicios para tentar fortuna en las conquistas amorosas.
Asimismo es absurdo guardar los elefantes en la heladera, porque se corre el peligro de que se tomen la soda. Lo lógico es guardarlos en el placard, para no tener que andar uno mismo aplastando las polillas. El profesor Susurro aconseja a este respecto, no dejar los elefantes al alcance de los niños, porque después no puede saberse quién estropeó al abuelito sentándose sobre él. Y no hay cosa más absurda que empujar un elefante desde atrás cuando la lógica señala que debe hacérselo por delante donde tiene dos manijas de marfil para tal objeto. Otro absurdo consignado en las experiencias del profesor Susurro consiste en pone los elefantes en la misma jaula que los canarios; este equívoco puede llevar a que ambos (....) tengan relaciones carnales, proporcionando malos ejemplos al vecindario. Quien quiera actuar lógicamente en la tenencia hogareña de los elefantes debe darles albergue en la percha del loro para que aprendan a hablar.
Pensar que si no fuera por Pedro Susurro, todo el mundo creería que los elefantes existen.

Consigna "El absurdo". Texto de un integrante del taller Mario Jorge De Lellis dirigido a un coordinador nada ocasional. 

Imagen: .www.ecologiayfauna.kuriososblog.com

Martín Vázquez Grillé, poeta revelación 2011 Revista Plebella

De donde vienen las palabras




hay un estanque grande como la noche misma.
En eso quizá pienses mientras te vas alejando
atolondrada, casi sin poder hablar
de la sucesión de voces
colores y formas que ha resultado ser tu vida
y seguramente
algunos muertos han venido a traerte sus mensajes
frases inconexas que marean hasta la naúsea
en el vaivén de los meses, grises
alertas a cualquier cambio en la coloración de la piel.
Tranquila, boca arriba
no ves la hora de sumergirte en el estanque
inmenso de la noche.




Ahora somos distintas lagunas




ni tan verdes, ni llenas de flores
y apenas cuchicheamos
si el viento lo permite, sobre lo triste del agua
que no tiene huellas en ningún lugar.



Lo que nadie dice es que uno puede




si quiere, verla llegar
con solo prestar un poco de atención
y enseguida advertir el aleteo, la suspensión
del tiempo, detenido en frágiles segundos como el hielo
que se mete entre la ropa y brilla
adherido a la piel, tensándola.
Nadie dice que eso no se presiente, ni se percibe
como una crecida anunciada
por el aire hinchado y las flores desprendiéndose
de todo el color que pueden contener,
hasta que un día se aprende
que uno puede mirarla a los ojos, casi tocar
sus músculos- tersos músculos de estatua-
siempre joven, sin poder hablar
apenas imaginar la nieve derretida formando charcos
en el campo, los huecos que esa nieve
va a dejar en la tierra seca del otoño
los yuyos, creciendo en racimos
solitarios a la buena del viento y a lo lejos
ceniza que viene, nubes enteras de polvo negro, inerte
cubriendo lo que queda de cielo, y mas allá.




Martín Vázquez Grillé (1976, Buenos Aires, Argentina)
De: www.plebella.com.ar


Imagen: elmuchachodeloshelados.blogspot.com

Piedad Bonnett



La mujer de Lot





Hoy vi que a ese lugar donde te amé con impaciencia
-y donde fue temblor nuestro silencio
cuando anunció con voz  eterna la alondra de Julieta
que ya se alzaba el día-

llegaban implacables los hombres con las palas y las picas
y el bulldozer rompía la ventana que vío cómo caía la lluvia
cuando tu voz fue abrigo
y cielo despejado sobre mi cuerpo tibio tu camisa

Allí estuve mirando entre el grupo indeciso de curiosos
cómo caían las tapias cómo se amontonaban los escombros
y el polvo levantaba sus estrellas fugaces
caía sobre mi piel sobre mi pelo

Suele la vida que creemos a veces insensata
urdir sus torpes símbolos
pensé

Para recuperar tus ojos debí cerrar los míos
Allí permanecí hasta que comenzó a llover y todos se marcharon
y callaron las máquinas y el mundo
calló también
mientras la noche abría sus aleros de sombra

Entre las ruinas una pequeña estatua de piedra me miraba
desde su maltratado pedestal

Sus ojos y su aridez de sal me persiguieron
por las calles que un día
fueron el corazón ansioso de mi mundo





Piedad Bonnett (1951, Amalfi, Colombia)
De: "Todos los amantes son guerreros", Grupo Editorial Norma, 1998
Enlaces: http://www.piedadbonnett.co/

Imagen: escritorescolombianos.blogspot.com