Joaquín Pérez Azaústre



Las ollerías




Aún es pronto para volver a casa:
me han curvado la espalda los enanos
que he venido cargando desde siempre,
los que duermen la siesta en mis bolsillos
para ralentizar mi digestión.
Aún es pronto para volver a casa,
aunque pisé los límites.
Pensé que nadie me podría reconocer.
Escuché los ladridos, temí el polvo naranja.
Recordé la alcancía oculta bajo el mueble.
¿Qué ha sido del nervio, el escondite
bajo un muslo de reina y el metal de unas manos?
Ahora los disfraces son de piel
y miro la avenida desde lejos, ya muy lejos
del sol y de los otros,
que alguna vez volaron para aplacar mi fiebre.
Sé lo que estás pensando: aún es pronto,
y casi no he cumplido mis pactos con la vida.
Es muy pronto aún, pero qué esperas,
si tu voz se me clava en los tobillos
y me amansa la angustia, el temor de un insomnio.
Dentro, en mí, habitas aún la casa.
Otros vinieron antes, y ya la vaciaron
de ti, de tus vestidos, de tus plantas vivaces
a las que siempre hablabas de mí, entre otras cosas.





El laberinto




Ella estaba detrás del laberinto.
Lo supe al conocerla.
Aunque al principio, al relumbrar su cuello
en la puerta fugaz de aquel hotel
(creo que podía ser el Miguel Ángel,
y había un piano-bar), jamás me habría creído
que era posible entrar con tanta suerte
ni en ningún otro hotel, ni en cualquier otra parte.
Tenías que haberla visto. Tenías que habernos visto.
Era casi imposible imaginar
a dos seres tan frágiles,
con un fulgor tan raramente humano.
Y el brillo se quedó dentro del pecho,
como un tibio dolor del corazón.
Poco después moriste, pero ya pude ver
que había una hebra invisible, un deseo capilar,
en ti y en ella,
de no tener más freno que la muerte.
Y se lo dije entonces, quizá hasta un poco antes:
eres como un cachorro de león asustada.
Tú sólo tienes miedo de tener
ese miedo más grande que la vida.
Eres como un cachorro de león asustada,
porque un león no se rinde,
no cesa ni claudica,
se encrespa en la batalla,
apenas retrocede
y muere de un impulso o ruge y toma aliento
y vence a dentelladas.
Me gustaría decirte que fue fácil.
Me gustaría decirte que aún es fácil.
Pero ella está detrás del laberinto
y no hay salida fuera de sí misma:
es un hotel costero abandonado
donde todas las puertas nos llevan hasta el mar.






Joaquín Pérez Azaústre (1976, Córdoba, España)
De "Las Ollerías", Colección Visor de Poesía, 2011


Omar Pimienta



















3




He was Cassious Clay!

Me dicen que escriba       que escriba y guarde
que entre y salga      al papel        al teclado
 el uno-dos               algún intercambio

que recuerde: verso fallido desgasta el doble

que salte la cuerda por lo menos dos horas diarias
alimentarme bien     dos      uno-dos     libros       más libros

que no diga todo       que levante la guardia       que me guarde hasta el final

Me sugieren que me ponga a escribir para mí: Shadow Writing

pero al verme con los ojos hinchados   la boca reventada mi sparring me dice:
hazlo como cuando creías en tu magia  
                                                            tú puedes muchacho    lo tienes en ti
           
            por tu madre que también luchaba con su puño y letra
            Por tus hermanos que te ven desde su propio ring
            por tu padre que se partió el lomo

por ella que pide a gritos la campanada

y entro y salgo      con intercambios cada vez menos favorables
el hígado               cuídate el hígado
la retina despegada                       las manchas que te confunden

               me dicen que ya: 7               
            que no me levante: 8
que me darán la revancha: 9
que no puedo seguir pensando que escribir es de vida o muerte.





Omar Pimienta (1978, Tijuana, Baja California, México)
De: www.revistapingpong.org

Imagen: laestafetadelviento.es



Hugo Padeletti



Hoy, en Revista Ñ, Miguel Ángel Petrecca y Darío Rojo, entrevistan al poeta. Pocas cosas, definición de una poética en http://www.revistaenie.clarin.com/.

Pocas cosas





y sentido común
y la jarra de loza, grácil,
con el ramo
resplandeciente.

                   La difícil
extracción del sentido
es simple:

         el acto claro
en el momento claro
y pocas cosas-
                         verde
sobre blanco.





Hugo Padeletti (1928, Alcorta, Provincia de Santa Fe, Argentina)

Imagen: filba.org.ar

Fabián Casas

Fabián Casas
Me detengo frente a la barrera





Me detengo frente a la barrera.
Es una noche clara y la luna se refleja
en los rieles. Apago las luces del auto.
Está bien, pienso, es bueno que nos demos un tiempo.
Pero no comprendo nuestra relación:
no sirvo para eso. ¿Acaso serviría de algo?
Tu padre está enfermo y mi madre está muerta;
pero igual podría ir y tirarme encima tuyo
como todas estas noches. Eso es lo que sé.
Ahora la tierra vibra y un tren oscuro
lleva gente desconocida como nosotros.





Fabían Casas (1965, Buenos Aires, Argentna)
De: "El salmón", Libros de Tierra Firme, 1996)

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: eblogtxt.wordpress.com

Jorge Aulicino



Hueso duro de roer




decir
una mujer se parece a una catedral
es mezclar el arte con la naturaleza

una mujer sólo se parece a sí misma
reino velado, luz en tinieblas
hueso duro de roer

una mujer es obvia, impenetrable.




Romance de barrio




Tres versiones sobre vos son posibles.
Una, la estación de lluvias y una dama de pique que baja de un taxi;
otra, la enfermedad, el desasosiego, las
polillas aplastadas con el dedo en un ventanal frente al mar;
la última: la cita lejana de abril, la humedad,
las sequías, la fuga al galope tendido hacia el desierto,
un hombre entre los restos de un naufragio construyendo
casas con mesas, jardines con madera podrida, estopa,
un casco con la vieja cacerola para parar la lluvia de meteoritos,
la simplicidad del momento.





Cezanne

                                        a Santiago Kovadloff


sólo con inclinarme de derecha a izquierda
de izquierda a derecha, me basta,
escribía Cezanne

podría pasarme la vida aquí
inclinándome de derecha a izquierda
y de izquierda a derecha
y no agotaría la realidad, explicaba

espacios en blanco en las últimas telas de Cezanne
indican a los expertos
que había llevado su teoría hasta el último extremo

otros
los atribuyen a problemas de la vista:
Cezanne dejó en blanco lo que no podía ver

en este caso (o en ambos)
¿por qué Cezanne no esforzó la imaginación?

el interrogante debe hacer pensar
a esos esoteristas vernáculos, a
distintas especies de mistificadores

¿por qué Cezanne no quiso pintar lo que sus ojos
- aun moviéndose con su cuerpo de derecha a izquierda
de izquierda a derecha - no podían ver?

¿por qué escriben sobre lo que el corazón no ve?
¿por qué escriben sobre lo que la inteligencia no celebra o llora?





Enlaces: Jorge Aulicino
De: "Poeta antiguo", de Jorge Ricardo, Ediciones Botella al Mar, 1980

César Vallejo, que la Luz es tísica, y la Sombra gorda



Espergesia





Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.





Imagen: es.www.wikipedia.org

Edgar Bayley

Edgar Bayley

Es infinita esta riqueza abandonada





esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío

no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada


Edgar Bayley (1919 / 1990, Buenos Aires, Argentina)
De: "Todo el viento del mundo", Grijalbo, 2000 


Imagen:  mitakuyeoyasinn.blogspot.com 

Rafael Mendoza



El arte de morir





Uno puede morirse de entusiasmo
De frío en la mirada
De exceso de calor.
Uno puede
Escupir al cielo su desgracia
Y ser aplastado fácilmente
Por media docena de cometas
Visiblemente indignados.
O caerse de sus mitos
Y ensartarse la vida
En cualquier unicornio transeúnte.
Pero no somos uno. Somos muchos.
Y a veces nos morimos de vacío
                               De tristeza
                               De muerte nacional.





Rafael Mendoza (1943, San Salvador, El Salvador)
De. www.artepoetica.net

Imagen: oscarperdomoleon.wordpress.com



Alejandro Carrizo



26


ars poetica I


algunos periodistas me preguntan sobre mis antecedentes
en la literatura y no tengo respuesta razonable, mi padre
y mi madre no pasaron el segundo grado de la primaria,
en mi casa no había muchos libros, no teníamos amigos
intelectuales y el pueblo siempre fue bastante chato
pero
si pienso bien, todo se lo debo a “la loca leila”,
esa bella mujer salía todas las noches a caminar
por las calles del pueblo vestida como para una fiesta:
polleras cortas, ojos bien pintados y tacos altos,
una y otra vez recorría las pequeñas calles (nunca
miraba a nadie; miraba lejos y hacia arriba –y pasaba.
en el lenguaje que no se dice era una puta una loca
una trastornada (los hombres –incluido el cura
la deseaban y las mujeres la envidiaban, claro,
pero sobre todo le tenían miedo, entonces, con
sacrosanta piedad la perdonaban / yo también la miraba
en silencio y con ojos de niño (pero un día entendí:
leila hablaba con las estrellas, y les ofrecía su cuerpo
para que derramasen la luz en su piel. era libre
(y eso no es fácil para
los ojos de una sociedad correctamente correcta
bueno, me dije,
alguien tiene que dejar registro
espejo selvático de las acelgas
(qué largo este verso
me digo (jorge levanta una ceja y me cuenta de
“cantinas enfermas de sombras” en la araucanía
y de “viejas casas envueltas en mortajas de
bruma” (¿hay otro sabor más exquisito? pienso.
y a coro vociferamos
“agua de luz volcada de la copa del silencio”
cuando llegamos a las aromáticas es como ver
la enagua en las piernas del deseo.
luego volvemos despacio hacia el puente
en fin, días así
de dar de comer a la poesía





30.





sé que te gusta
quedarte desnuda sobre mi pecho
mirando por la ventana las luces
anaranjadas del puente
escuchando
la lejana musiquita
que sube desde el caserío
yo fumo
dibujo trenes con el humo
y pienso:
              puto mundo
              puta muerte
              acá tienen su merecido





34.





me gustan los sábados de feria en la terminal:
busco a jorge teillier y vamos a mirar manos (a
alimentarnos de esa ternura
olor a comino y a rumor y a sexo escondido
entre las papas milenarias y la soberbia de los
pimientos y el api morado (manos que
descuidadas suben al cielo negro del pelo y
cuelgan un pendón detrás de la oreja para que
aparezca la niña tímida de una sonrisa en el
espejo selvático de las acelgas
(qué largo este verso
me digo (jorge levanta una ceja y me cuenta de
“cantinas enfermas de sombras” en la araucanía
y de “viejas casas envueltas en mortajas de
bruma” (¿hay otro sabor más exquisito? pienso.
y a coro vociferamos
“agua de luz volcada de la copa del silencio”
cuando llegamos a las aromáticas es como ver
la enagua en las piernas del deseo.
luego volvemos despacio hacia el puente
en fin, días así
de dar de comer a la poesía





Alejandro Carrizo (1959, Ledesma, Provincia de Jujuy, Argentina)
De: "Tocata y fuga", Cuadernos del Duende. 2010

Imagen: Centro Cultural Héctor Tizón


Samuel Trigueros




Antes de la explosión 




He pensado en la excitación del gas,
he imaginado los lentos remolinos que se hinchan en secreto
antes de la explosión,
el instantáneo girar inútil de cabezas,
la onda expansiva y su manotazo de vidrio,
los cuerpos partidos, desmembrados sin instrumento,
sólo por el cálido aire convertido en arma;
y he pensado en la transparencia de la vida y de la muerte,
en la frágil condición de fiera que tiene la existencia
y en la dificultad de atraparla en la redoma transitoria de la piel,
llena de inestable sangre,
colmada de horas y de días confabulados en la terrible
manifestación de lo que fue y no vuelve.
Entonces
otra vez he vuelto a recordar a Fullton,
a Conrad y Zósimo Zara dormidos en la colina;
y he pensado que un cementerio burgués es igual a un vertedero
en la retina de los pobres
y que el jardín del pobre es lo mismo que un basurero
en la ceguera de los potentados;
hecha con el perfume con que la belleza hiere, mortal, la iniquidad;
y he pregonado que muerta la injusticia
se acaba la necesidad.
El gas gira y se expande.
El gas tiene la misma seducción del abismo,
el mismo extraño magnetismo que luego, convertido en noticia,
publica los restos de la vida,
la increíble comprobación de la eternidad
reducida a unos amoratados trozos,
esparcidos para la fría pupila del forense.
El gas tiene la elocuencia de un dios tranquilo en cuyo seno
descansa el estro de la sombra y del subsuelo.
Antes de la explosión
el gas canta una vieja canción de cuna
y cuenta los pesares en la pesadilla del pobre, y dice que aún
el que tiene sus dedos cuajados de oro,
alguna vez escarba en su nariz y encuentra primicias del sepulcro
entre las heces del llanto y el vaticinio de la muerte.
Así he aprendido a diafanizar mi pecho
aceptando la suma de todos los errores,
soportando el destello brutal de las virtudes;
he compartido el pan soso del humillado y he bebido
el vino amargo de la desesperación.
Alguien que supo mis carencias
Entre la inmensa turba enemiga
mantengo a salvo mi cáliz compartido y en secreto
me nombro sobreviviente de mí mismo.  He domesticado
la poderosa seducción de llaves y conjuros
y me he quedado quieto adentro de mí mismo
cuando la desconfianza arrecia y arde mi corazón en medio de la noche
como un auto desmantelado que ahora es joya
y tálamo de los enamorados.
Ahora, dentro de poco, han de arrebatarme
los mismos corceles de gas mortal que  se llevaron a Elías
y vivieron sus últimos momentos entre flores silvestres
en un campo baldío de suburbio.
La distensión de su carne y el resplandor de sus huesos
hicieron germinar el pasto de la humildad.
Y voy tranquilo
pues he visto al amor sin techo
hacer castillos en el aire negro del consuelo,
bajo el palio de las constelaciones impasibles.





Chat




Tecleas una y otra vez palabras
llenas de imágenes tu mente
pero tu corazón frío
sólo escucha el golpe seco
de las teclas que nada significan
En la distancia alguien te contesta
Legión de rostros cruzan la pantalla
                afantasmados
y los nombras:
“espuma” “casa” “campos” “sirenas”
Descubres que el frío es superior
a cualquier nomenclatura del deseo o la seducción
Él establece tu cuota de escepticismo en las conversaciones
te convierte en un gran manipulador de materiales
aptos para una novela o un poema
donde no hablan más que espejismos
¿Una trampa? Sí
probablemente todo sea una trampa
esto de inventar palabras cuyo eco
           paraísos flotantes en el sopor del desierto
mientras los interlocutores se desvanecen
en un mundo ya extinto
Sigue entonces la pregunta
¿quién caza y quién es el cazado
quién ostenta la herida abierta
y hacer puntas de sangre llenas de sarcasmo y juego
para envolverlas en palabras?
Ríete de tus misterios
Habla de una vez con honestidad
Dile “sirena congelada” “carcomido mástil de lo eterno”
“rancia carne de tus necesidades”
y sólo entonces
tal vez
puedas dejar de teclear palabras insensatas
y la pantalla te devuelva el cadáver de tu corazón
la grotesca verdad que a nadie dices:
quieres
deseas
anhelas
Nada de lo que fue te pertenece ahora
y el futuro consiste en jugarle trampas a la trampa
saberse rata fauno ondina o mofeta
enamorado corazón de una imagen fugaz
binario desengaño
Pero teclea una vez más la gran palabra o la gran frase:
“A la mierda todo”
Luego has elegante mutis
y vuelve a las cuatro paredes
al cósmico techo
a tu suelo en llamas
oprime “enter” y vete por las calles
confiésate con el taxista
compra una fruta oxidada y sé feliz
Al menos
ayudaste a confirmar las convicciones de alguien
fundaste sus prejuicios
le diste ese manual para el suicidio
le hiciste soñar que su felicidad consiste
en la posible trasfiguración de rata a trampa.


Samuel Trigueros (1967, Tegucigalpa, Honduras)
De: www.arterpoetica.net

Imagen: Fabricio Estrada

e.e. cummings






















6




Señora del Silencio




 de la dulce jaula de
 tu cuerpo
 se alzó
          en la sensitiva
 noche
 un
 pájaro veloz

 (tierna sobre
 el prodigioso rostro de lo oscuro
 tu
 voz
        extiende alas colmadas de
 perfume
 escoltando de pronto
 con soleados
 pies

 la punzante belleza de la aurora)





e.e. cummings (1894, Massachusetts / 1962, New Hampshire, Estados Unidos de Norteamérica)
De: e.e. cummings poemas, Alberto Corazón Editor
Traducción: Alfonso Canales

Enlaces: Material de lectura UNAM

Imagen: goodreads.com

Raúl Gustavo Aguirre


Juego de naipes



Todos teníamos adentro
el sol
la sombra

un sol distinto para cada uno
una sombra idéntica

todos teníamos razón
cartas que dar que recibir
la mesa no era grande
la casa era de todos.


Raúl Gustavo Aguirre (1927 / 1983, Buenos, Argentina)
De: "Antología", Monte Ávila Editores, 1978


Imagen: nuestrospoetas.telam.com.ar

José Watanabe


El árbol


                                                              Para Alicia y Lucho Delboy

En el bosque que bordea la carretera
un árbol ha desenterrado una de sus poderosas raíces
                 para abrazar una peña blanca.
La tierra no le fue suficiente:
                       la raíz es una extremidad
donde el árbol se apoya para subir aún más alto.

No conozco el nombre del árbol
pero sus largas ramas caen lacias y rápidas
              como una cascada 
                        sobre la peña.

Como te lo digo: para el lenguaje
subir y bajar son dos conceptos enfrentados,
                     y nunca se funden.

Mejor ven a la carretera,
la mismidad del doble movimiento del árbol
sólo se resolverá limpiamente en nuestros ojos.




En las aguas termales




Las aguas termales afloran
entre bocanadas de vapor blanco y denso.
             Cuando se disipa
deja ver las piedras que rodean la fuente, caprichosas
formas erosionadas por el agua hirviente
        que sólo se muestran un  instante
                            y luego
como un grupo de seres extraños
             vuelven
a su territorio brumoso.

El agua desciende burbujeando hacia los baños,
se entibia en canales y pozas
donde ancianos adormecidos y tullidos
                     sueñan un nuevo vigor.

Aquí arriba, en la fuente,
yo vivo otro engaño: los vapores
me permiten entrever la silueta de una mujer,
no bíblica
      sino de bien moldeado culo (ay nostalgia),
                  pero ya se desvanece
entre el humo y mi doliente memoria.





José Watanabe (1945, Trujillo / 2007, Lima, Perú)
De: "La piedra alada", Bajo la luna, 2009


Imagen: jorgeampuero777.blogspot.com
Enlaces: El poeta ocasional