31 enero 2012

Lugares

enero 31, 2012

Plaza Barrancas de Belgrano, Buenos Aires, Argentina




Bajo Belgrano (Tango, 1926)





Bajo Belgrano... Cómo es de sana
tu brisa pampa de juventud,
que trae silbido, canción y risa
desde los patios de los studs.
¡Cuánta esperanza la que en voz vive!.
La del peoncito que le habla al crack:
-Sacame 'e pobre, pingo querido,
¡no te me manques pa'l Nacional!...

Calle Blandengues... donde se asoma
la morochita linda y gentil,
que pone envueltas con su mirada
sus simpatías sobre un mandil...
En la alborada de los aprontes,
al trote corto del vareador,
se cruza el ansia de la fortuna
con la sonrisa del buen amor...

La tibia noche de primavera,
turban las violas en "El Lucero",
se hizo la fija del parejero
y están de asado, baile y cantor.
Y mientras pierde la vida un tango
que el ronco fueye lento rezonga,
se alza la cifra de una milonga
con el elogio del cuidador.

Bajo Belgrano... cada semana,
el grito tuyo que viene al centro:
-¡Programa y montas para mañana...
Las ilusiones prendiendo va...
Y en el delirio de los domingos
tenés reunidos, frente a la cancha
gritando el nombre de tus cien pingos
los veinte barrios de la ciudad!...





Letra: Francisco García Giménez
Música: Anselmo Aieta

*Parejero: Amér. Se aplica al caballo que es veloz o de carreras.

29 enero 2012

Oliverio Girondo

enero 29, 2012

Nocturno





Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
   ¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
   Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.
   A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.
   Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.
¡Silencio! —grillo afónico que nos mete en el oído—. ¡Cantar de las canillas mal cerradas! —único grillo que le conviene a la ciudad.






Oliverio Girondo (1891 / 1967, Buenos Aires, Argentina)
De: "Veinte poemas para ser leídos en un tranvía", 1922

Imagen: nochetrasnoche2011.blogspot.com

28 enero 2012

Dibujantes

enero 28, 2012
Es la hora de la siesta en el barrio de Floresta. Abro la puerta de la casa de mi tío Salva. Todos duermen.
En el primer cuarto, con la ventana a la calle, el escritorio y la biblioteca. Recorro los lomos de los libros: Jean Paul Sarte, Teatro completo de William Shakespeare, Schopenauer, magazines de teatro. Elijo un libro al azar, pequeño, de tapas duras. Abro otra puerta, pero de una dimensión monumental, y ornamentada, con un friso que dice El escarabajo de oro, Edgar Alan Poe. Es mi iniciación literaria. La travesía se completa en la terraza, en el cuartucho de Isabel, la empleada doméstica. Olor intenso a Minino, obviamente, un gato, blanco y negro. Una pila de revistas de historietas, El Tony, Intervalo. De Poe a El Principe Valiente, Rip Kirby, El Fantasma, Johnny Hazard. Afuera, la tarde de  Floresta, "un gran silencio como un dios que duerme".
Paradoja del recuerdo: la literatura abajo y encumbrado, en la terraza, el género "menor". Es la tarde de un sábado, quizás. A la noche, el tío Salva, burrero como mi padre, quineliero, festivo y compadrito de funyi que caminaba como John Wayne, recitará a Vacarezza o a Delmira Agustini, ¡Cumbre de los Martirios!... ¡Llevar eternamente,/ desgarradora y árida, la trágica simiente ..." (http://elpoetaocasional.blogspot.com/2011/06/delmira-agustini_29.html)

To be continued (o fin del episodio)


Battaglia
E. Breccia










Mandrafina



25 enero 2012

Daniel Salzano

enero 25, 2012


33) Lo ví parado ahí





Ese día en que necesitaba
una vidriera para recostarme
una flor para esperarte
o una moneda para el wurlitzer
ese día ví al afinador de pianos
caminando por el medio del chaleco
pasando el dedo por el centro del anillo

Yo soy el afinador de pianos me dijo el afinador
en una época hice época
afinando los pianos de Nores Martínez
del Chantecler
he visto todas las películas del Ingrid Bergman
pero los tiempos han cambiado
fíjese que tengo ratas en mi habitación
tuve otras cosas pero ya no tengo pianos
usted cree que yo soy el afinador de pianos
pero soy la muerte





De: "Versos que escribí para que tocara Jelly", Ediciones Olocco

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: archivo.lavoz.com.ar

*wurlitzer: piano eléctrico



24 enero 2012

Fernando Pessoa

enero 24, 2012

























 

XLIX





Me meto adentro, y cierro la ventana.
Traen el candelabro y dan las buenas noches.
Y mi voz contenta da las buenas noches.
Ojalá mi vida sea siempre esto:
el día lleno de sol, o suave de lluvia,
o tempestuoso como si se acabara el Mundo.
La tarde suave y las cuadrillas que pasan.
Miradas con interés desde la ventana,
la última ojeada amiga al sosiego de los árboles.
Y después, cerrada la ventana, el candelabro encendido,
sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir,
sentir la vida correr en mí como un río por su lecho.
Y allá fuera un gran silencio como un dios que duerme.





De: "Poemas", Compañía Fabril Editora, 1972
Traducción: Rodolfo Alonso

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: www.revistadeletras.net

22 enero 2012

Juan Desiderio

enero 22, 2012


I


Pastora y su almacén
de cosas deformes
en la ionosfera
los ojos de Cacho en salmuera
la verdulera
del sinfónico Gustavo
y el talero y los fantasmas
del cambio español
Franco por el rey
viejo mentiroso
la vida por la muerte.


II


Cuando Pastora borda los límites
de la República Vasca
y Cacho sueña
ser héroe en el naufragio
Gustavo abre el almacén.
Son las once de la noche.


III


Son las once de la noche
de una noche normal.
Luz sobre la calva
del hombre.
-Dos kilos de pan
y quién amasó hoy
el papel que me toca
en la angustia.
-Solange de dieciseis,
que no enferme
su costumbre.
Vaticina por panes
el descanso eterno.
De día masajea
de noche amasa
sabe lo del alfa
y la omega.
Qué te doy, ¿Tu pecho
o tu espalda?
-Y mis brazos.
Algo de vino.
-Dos kilos de pan
y dos tetra.
-¿Cuánto es?
-Nada. Va de parte
de un ángel hermoso.


IV


No es la Alahambra
ni un parque lunar.
A Olga le gusta bailar,
soltarse el pelo
detrás de los cajones,
las botellas verdes
de la leche,
morder los algodones
que Olguita guarda
en su claustro original.

Un patio de almacén es
la cara insomne
de labios pintados
y una rata negra
que acaricia Olga
y esa carcajada
al amanecer.


V


El  almacén listo
a recibir
el cetro o el bautismo.
Solange es la pasión
de todo lo hecho
y Gustavo la rodea.
Dan vida
a un bebé sintético,
lo sientan en el mostrador
donde está el pan de centeno.
El príncipe no tiene dientes
y en las tinieblas
lo que conmueve es
carne.
Aquí, el cornezuelo
de la forma libre
lo alimenta.


VI


Pastora tiene tatuado
en el pecho izquierdo
un jazmín.
Cacho
una corona de espinas
en la espalda.

Al conocerse
fueron a dar
contra una pared
de azulejos.


VII


Con el principio
Humberto creó un almacén
y la tierra.
Pero antes
bajó de un barco
durante diez años.
Dejó
el trayecto
por una cadera
María de Israel,
de cintura palestina
y sangre.


VIII


Lumba negro
hechizo fino
media res
de mil metros
cae
cuando el músculo
es fe
deshace al último
negro
y Magdalena Olga
esta vez
bajo la parra
montada
en lo que queda.

Raza.


IX


En la parte húmeda
de la fiesta
carbón
de Jerusalem
o despensa española
siglo XX.

Olga dice que nos ama
y que no hay vasos
para beber el agua de dios.

Una rata negra
que acaricia Olga
y esa carcajada
en el amanecer.


X


Cuando joven
Pastora era sepia
gastaba virtudes
mostrando sus huesos.

Qué madre flaca,
sin prensa.
Nadie le avisó.


XI


Oh, genialidad
gentileza de quien
abrió la llave
de gas.
Hossanna en las alturas
las pastillas
funcionan esta vez.

Oh, Gustavo
tu mirar se genera
en un acuerdo
entre tus ojos
y mi dinero falso.






Juan Desiderio (1963, Buenos Aires, Argentina)
De: Facebook

Enlaces: Revista Planta
Imagen: Facebook

21 enero 2012

Mauro Viñuela

enero 21, 2012

Escena en grado cero





Un ridículo tráfico de impresiones  aéreas:
Andrómeda,  al otro lado de la atmósfera,
Tentando  al  eje de las  fosforescencias
Mística a tiempo completo entre  los negros  crujidos  súbitos
Y los movimientos de los océanos

Decencia-indecencia, discurre  la marea, y levanta el espinazo

La dorada performance de la Historia  


Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: astrored.org

19 enero 2012

José Ángel Cuevas

enero 19, 2012


Homenaje a este día




Tomo mi café con pan 
miro una camisa, la casa polvorienta
discuto con mi cónyuge 
como cada tiempo, cada noche.
Salgo,
viajo entre el polvo de la calle inoficiosa 
llego a la ciudad 
llevo un certificado, unos papeles. 
Se oyen cantantes, limosneros, leprosos, tuertos 
cojos, falsos mudos. Me siento en la ventana,
reparo una mesa pego unos clavos hago todo 
lo que debo hacer en los tugurios 
del Gran Santiago ardiente y llovido, 

mi ánimo no es bueno 
pero sigo caminando 
me duele un pie tengo pena
pero entro a un edificio 
discuto 
voy a oír una charla sobre alguien 
que conoció a de Rokha 
regalo un libro tomo cerveza
tomo vino/ fumo.
Se hace tarde 
Vuelvo en otro bus 
todos van ebrios/ 
voy mirando la luna llena las calles negras/ 
todo está en la oscuridad, está vacío 
ladran los perros 
llego a mi cama 
me acuesto 
Sueño que voy por otra vida.





José Ángel Cuevas (1944, Santiago de Chile, Chile)

De: Lírica del edificio 201, Black & Vermelho, Buenos Aires, 2007

Imagen:antologiaenmovimiento.blogspot.com




17 enero 2012

Ernesto Cardenal

enero 17, 2012
***


Ileana: la Galaxia de Andrómeda,.
a 700.000 años luz,
que se peude mirar a simple vista en una noche clara
está más cerca que tú.
Otros ojos solitarios estarán mirándome desde Andrómeda
en la noche de ellos. Yo a ti no te veo.
Ileana: la distancia es tiempo, y el tiempo vuela.
A 200 millones de millas por hora el universo
se está expandiendo hacia la Nada.
Y tú estás lejos de mí como a millones de años.


Enlaces:: El poeta ocasional
De: "Nueva antología poética", Sihlo XXI Editores SA, 1978

Imagen: justpushthetempo.blogspot.com

16 enero 2012

Horacio

enero 16, 2012

Carminum I, 11 («Carpe diem»)



No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.

Horacio (Quintus Horatius Flaccus, 65 a.c, Venosa / 8 a.c., Roma) 
De: ddooss.org

Imagen: fcom.us.es

14 enero 2012

Ezra Pound

enero 14, 2012

Portrait d'une femme




Tu espíritu y tú son nuestro Mar de los Sargazos;
en estos veinte años, Londres ha dragado en ti
y barcos relucientes te dejaron esto en pago:
ideas, rumores, retazos de todo,
raras bellezas de saber y opacas mercancías de valor.
Grandes intelectos te han solicitado, a falta de otra.
Fuiste segunda siempre. ¿Trágico?
No. Lo preferías a lo usual:
un esposo insulso y aburrido, demasiado tolerante,
un espíritu mediocre, con un pensamiento menos cada año.
Ah, eres paciente... Te he visto sentada largas horas
esperando donde algo podría reflotar.
Y ahora pagas tú. Sí, ahora recompensas.
Eres alguien de cierto interés; uno llega a ti
y se lleva una ganancia singular:
trofeos rescatados, alguna curiosa sugerencia,
un hecho que no conduce a nada, y uno o dos relatos
llenos de mandrágoras o de alguna otra cosa
que podría ser de utilidad, pero nunca lo es,
ni encaja en un lugar,
ni halla su hora en el telar de los días:
el deslucido, fastuoso, admirable bordado.
Ídolos y ámbar -gris, y raras incrustaciones:
son esas tus riquezas, tu gran acopio, y sin embargo,
en todo ese tesoro marino de cosas caducas,
extrañas maderas semi-destruidas, y nuevas baratijas relucientes:
en el lento fluctuar de luz intensa y diferida
¡no hay nada! ¡no! nada en todo eso
que sea enteramente tuyo
                       Y no obstante, eres tú.





Ezra Loomis Pound (1885, Idaho, Estados Unidos de Norteamérica / 1972, Venecia, Italia)
De: "Cantares y otros poemas", Centro Editor de América latina, 1988
Traducción: Gerardo Gambolini

Enlaces: Círculo de Poesía
Imagen: tierradeahulema.blogspot.com

13 enero 2012

Mark Strand

enero 13, 2012

Lo que queda



                                             para Bill y Sandy Bailey


Me vacío de los nombres de los otros. Vacío mis bolsillos.
Vacío mis zapatos y los dejo al lado de la ruta.
Cuando se hace de noche arraso los relojes.
Abro el álbum de fotos familiares y me miro de chico.

¿De qué sirve?. Las horas hicieron su trabajo.
Digo mi propio nombre. Me despido.
A las palabras se las lleva el viento, volando una tras otra.
Amo a mi esposa pero la mando lejos.

Mis padres se levantan de sus tronos, y suben
a las lácteas estancias de las nubes. ¿Cómo voy a cantar?
El tiempo me revela lo que soy, y cambio y soy el mismo.
Me vacío de mi vida y aún me queda mi vida.





Enlaces: El poeta ocasional

De: "Me va a encantar el siglo XXI", Ediciones Gog y Magog, 2011
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

Imagen: mon-books.com



11 enero 2012

Pablo Armando Fernández

enero 11, 2012

Pablo A. Fernández
Salterio y Lamentación (1953)

                                  1


I


Sea hecha tu voluntad,                                               como en el cielo,                                       así también en la tierra                                                        (Mt. 6-10)



Válgame confiar en la virtud de las espigas.
Sus canosos ejercicios también cumple
El invierno, y Doña Brunita , la mamá del esposo
           de mi hermana mayor,
vino desde las Islas.
El buen pan ha henchido su mesa y se han cantado
           Alabanzas.
Su casa se he recreado en la labor; y la yerbaluisa
Y el espliego abrazan la estatura del eucalipto.
Bueno, os digo que ni el adiós de su hijo,
Ni el otro, casi inmediato, del esposo, han detenido
           El verdor
De las aralias , ni que los crotos jueguen al disfraz.

II

                                             Danos hoy nuestro
                                                    pan cotidiano

Válgame saquear los bolsillos para dar
su moneda al ciego.

III

                                       Y perdónanos nuestras
                                                            deudas 


Válgame saber que Curazao no es sólo un nombre
en la calle donde el frutero vocifera si impaciencia;
donde una mujer mece su desesperación y
           un pequeñín gimotea
por la pelota que ha roto la vidriera del usurero.

IV

                                Y no nos metas en tentación 

Mamá dijo que cuidase del uniforme; también
dijo que cuidase de colocar los pies sobre el suelo.
Papá siempre dijo que cuidase de la verdad.

V.

                                              Más líbranos del mal 

Sobre el Pelati la mañana desnuda las voces
           de sus tripulantes,
y he sentido convulsionarse el mástil mayor
del Sun Ray, una angustia le roe el pulmón.

VI

                                            Porque tuyo es el reino 

Válgame ser amigo del libro que mi hermano
coloca debajo de la almohada, amigo de la mujer
           que dejó
Antigua por su casa que estuvo desvencijada.

VII

                                                           ... y el poder 

Válgame conservar los contornos de la silla
y la cama que alojaron mi infancia y aún cuidan
           del reposo
de la ancianidad de mis progenitores.
El yerro hace dibujos.

VIII

                                                   Y la gloria por todos
                                                         los siglos. Amén 

Las manecitas de los relojes de empeño
se han juntado





Aprendiendo a morir




Mientras duermen mi mujer y mis hijos
y la casa descansa del ajetreo familiar,
me levanto y reanimo los espacios tranquilos.
Hago como si ellos -mis hijos, mi mujer-
estuvieran despiertos, activos
en la propia gestión que les ocupa el día.
Voy insomne (o sonámbulo) llamándoles
hablándoles;
pero nadie responde, nadie me ve.
Llego hasta donde está la menor de mis niñas:
ella habla a sus muñecas, no repara en mi voz.
El varón entra, suelta su cartapacio de escolar,
de los bolsillos saca su botín:
las artimañas de un prestidigitador.
Quisiera compartir su arte y su tesoro,
quisiera ser con él. Sigue de largo:
no repara en mi gesto ni en mi voz.
¿A quien acudo? Mis otras hijas, ¿dónde están?
Ando por casa jugando a que me encuentren:
¡Aquí estoy!
Pero nadie responde, nadie me ve.
Mis hijas en sus mundos siguen otro compás.
¿Dónde se habrá metido mi mujer?
En la cocina la oigo; el agua corre,
huele a hojas de cilantro y de laurel.
Está de espaldas. Miro su melena,
su cuello joven: ella vivirá...
quiero acercármele pero no me atrevo.
-huele a guiso, a pastel recién horneado-
¿y si al volver los ojos no me ve?
Como un actor que olvida de repente
su papel en la escena,
desesperado grito:
¡Aquí estoy!
Pero nadie responde, nadie me ve.
Hasta que llegue el día y con su luz
termine mi ejercicio de aprender a morir.


Pablo Armando Fernández (1929, Central Delicias, Cuba)
De: cubaliteraria.cu

Imagen: cubarte.cult.cu

10 enero 2012

Robert Desnos

enero 10, 2012

Robert Desnos

Tanto soñé contigo




Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
                              sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
                              mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
                              adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
                              me gobierna desde hace días y años, seguramente me
                              transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
                             Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las
                             apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta
                             ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente
                             y tus labios que los primeros labios y la primera  frente
                             que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
                             tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre
                             los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
                             siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.



Robert Desnos (1900, París, Francia / 1945, campo de concentración de Terezin, Checoslovaquia)
De "Corps et Biens"
Versión de Aldo Pellegrini


Imagen: trentonscott.com

08 enero 2012

Francisco Bitar

enero 08, 2012


Manual para retroceder una cajita de música




Tenés que darle dos veces
a la puerta de la habitación
para que cierre definitivamente.
Entre el primer golpe y el segundo
hay tiempo de sobra para que entren al cuarto
los olores de una noche caliente:
olor a tierra húmeda del jardín,
a las hojas mojadas del helecho
creciendo en un vaso plástico
de a litro de fernet.
A veces las plantas no hacen
lo necesario durante el día
como par dormir de noche
y se las puede sentir desde la habitación
agitadas por el recuerdo
de la mujer que las cuidó.
Sobre la base de los tallos
o entre las hojas más largas
que tocan el cantero,
el agua de riego no refleja
las luces superiores, sino
los espacios oscuros de la noche,
la distancia entre las estrellas,
la negra separación.




Yo estaba triste pero la tarde era hermosa






Ningún tipo de conocimiento

ofrece la luna
que aparece incompleta
por atrás del hotel
cuando una leve corriente aérea
empieza a calentar en la calle
otra larga fila de lámparas de sodio.
Los que vuelven de la playa a esta hora
traen arena al centro de la ciudad
y la dejan en la puerta de sus casas
para que un viento contrario
la arrastre otra vez hasta el margen del río.
Es un viento sin temperatura
que, abajo del cartel encendido,
infla las cortina como caballos
rozando delicadamente
los hombros de huéspedes borrachos
dormidos con los zapatos puestos
bajo la luz del televisor.





El corazón es la caja del cuerpo





Bordeo la ciudad
donde vivimos juntos hace años,
la sobrevuelo en realidad
desde la autopista levantada
sobre el lomo de una elevación.
A lo lejos hay unas pocas luces
y me veo en la tarea inútil
de buscar nuestra casa
en la más cerrada oscuridad.
Sin embargo creo reconocer esa oscuridad.
Escribo esto en el bolso
a la luz del celular
aunque no tan adentro
como para que mi vecino no despierte.
Yo también soy poeta -me dice -. Escribo sobre el amor.





Enlaces: El poeta ocasional
De: "Ropa vieja: la muerte de una estrella", Ediciones Stanton, 2011

Imagen: www.ellitoral.com