28 enero 2012

Dibujantes

Es la hora de la siesta en el barrio de Floresta. Abro la puerta de la casa de mi tío Salva. Todos duermen.
En el primer cuarto, con la ventana a la calle, el escritorio y la biblioteca. Recorro los lomos de los libros: Jean Paul Sarte, Teatro completo de William Shakespeare, Schopenauer, magazines de teatro. Elijo un libro al azar, pequeño, de tapas duras. Abro otra puerta, pero de una dimensión monumental, y ornamentada, con un friso que dice El escarabajo de oro, Edgar Alan Poe. Es mi iniciación literaria. La travesía se completa en la terraza, en el cuartucho de Isabel, la empleada doméstica. Olor intenso a Minino, obviamente, un gato, blanco y negro. Una pila de revistas de historietas, El Tony, Intervalo. De Poe a El Principe Valiente, Rip Kirby, El Fantasma, Johnny Hazard. Afuera, la tarde de  Floresta, "un gran silencio como un dios que duerme".
Paradoja del recuerdo: la literatura abajo y encumbrado, en la terraza, el género "menor". Es la tarde de un sábado, quizás. A la noche, el tío Salva, burrero como mi padre, quineliero, festivo y compadrito de funyi que caminaba como John Wayne, recitará a Vacarezza o a Delmira Agustini, ¡Cumbre de los Martirios!... ¡Llevar eternamente,/ desgarradora y árida, la trágica simiente ..." (http://elpoetaocasional.blogspot.com/2011/06/delmira-agustini_29.html)

To be continued (o fin del episodio)


Battaglia
E. Breccia










Mandrafina



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