07 febrero 2012

Sebastián Lalaurette


Acero





Miles de colores tiene este
pájaro que no conoce el cielo
y aletea contra los barrotes de la jaula,
multitud de perfiles sacude aquí/allá,
hermosos todos, de una belleza que saca el aliento,
un allegro de luces. Quiero verlo volar. Pero este pájaro
huye de mi dedo invasor, revolotea, se encrespa,
pía furioso ante la puerta abierta, trata incluso de
cerrarla, es decir: no conoce el cielo.
Es decir: duele como un pájaro su negativa,
como un bello pájaro de colores y perfiles.
Aparto el dedo herido, le silbo canciones que significan mucho para mí.
Ladea su cabecita (clic) y escucha.
Gorjea un poco, una cascada brillante, me parece
que de algún modo me devuelve la atención.
Se queda quieto, emite algún destello, creo que incluso
algún quejido. Me mira; mira al suelo; trina.
Quiero tocarlo y nuevamente
la bruma de color, el aleteo, el posible picotazo,
las garras abrazando el metal. Aparto el dedo.
Este pájaro que se niega a salir
de la jaula (es decir que no conoce el cielo),
este pájaro aterrorizado por el aire frío de la habitación
es generoso y cruel. Esparce su belleza por
toda la escala del sonido y desde allí, inaccesible, lastima.
Aletea y pía y evita mi dedo e intenta
cerrar la puerta de su libertad, este pájaro
que no conoce el cielo ya es un cielo en mí.





Laurasia




me gusta ese nombre que se parece
al tuyo, que podría ser el de un país
hecho a tu imagen y semejanza
y que tiene además un eco antiguo,
más que los tambores y que el fuego

un nombre que resuena en mí como
esa Laura ficticia de siempre, ese arquetipo
que después viniste a llenar vos:
Laura, el nombre de lo que es bello,
la mujer antes de la mujer, un continente de deseo

Laurasia: la tierra antes de la tierra.
hubo un tiempo antes de que naciéramos
y hubo un tiempo antes de eso, y antes más y más tiempo,
y unas láminas sucesivas en el atlas
no sirven para decirlo: cientos de millones de años,
una eternidad en la que todo
se fracturó y estalló y anduvo a la deriva,
Gondwana por acá, Laurasia por allá, y en el medio
Panthalassa, un océano de nombre gracioso

cuesta hacerse a la idea de las cosas
alejándose infinitamente, primero todo junto y después
el ruido, la catástrofe, la deriva

en un tiempo antes del tiempo
todo estuvo junto y pareció eterno.
nosotros nacimos al otro lado
de un inmenso océano, cuando ya todo era imposible.
Laurasia: las cosas como siempre debieron haber sido.


Sebastián Lalaurette (1974, Lanús, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Imagen: blogs.educared.org

5 comentarios:

  1. gracias por hacernos conocer buenos literatos
    saludos

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  2. Pedro Donangelofebrero 07, 2012

    Después de pegar la foto sobre el margen izquierdo del poema, el diseño resultante, no deliberado, dice inequívocamente: la poesía es el otro ojo.

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  3. Omar: es mi compromiso. Gracias por los comentarios

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  4. Epa, no es mala la metáfora. Ojalá pueda hacerle honor. Gracias por publicarme, Pedro. Abrazo.

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  5. Mucho por Laurasia. (Leerlo con entonación de barra brava).

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