28 marzo 2012

Jorge Cáceres

marzo 28, 2012
Por intermedio de uno de los personajes de Roberto Bolaño, conocí la poesía de Jorge Cáceres: 

"La historia de Juan Stein, el director de nuestro taller de literatura, es desmesurada como el Chile de aquellos años (...) Sus poemas eras breves, influido a partes iguales por Nicanor Parra y Ernesto Cardenal, como la mayoría de los poetas de su generación y por la poesía lárica de Jorge Teiller, aunque Stein nos recomendaba leer a Lihn más que a Tellier. Sus gustos eran en no pocas ocasiones distintos e incluso antagónicos a los nuestros: no apreciaba a Jorge Cáceres (el surrealista chileno por el que nosotros sentíamos adoración), ni a Rosamel del Valle, ni a Anguita. Le gustaba Pezoa Véliz (algunos de cuyos poemas sabía de memoria), Magallanes Moure (una frivolidad que nosotros compensábamos frecuentando la poesía del horrible Braulio Arenas), los poemas geográficos y gastronómicos de Pablo de Rokha (que nosotros ... eludíamos como quien elude un foso demasiado profundo y porque siempre es preferible leer a Rabelais)..."

Definiciones del protagonista de "Estrella distante" ¿O conclusiones de Bolaño?

El explorador me llevó directamente a Mandrágora, http://www.mandragora.uchile.cl/caceres/.sitio de la Universidad de Chile que contiene varios textos del poeta. Estos son los seleccionados:



Siempre en llamas


I



Me contemplo morir esta tarde la última
Bajo el sol las ortigas represan el cauce de esa luz
Cauces desconocidos sobre un viento trastornado
Sobre un trenzado seis
Mi cabeza es absurdo vigía entre las aves
Pues ella picotea en un cerezo blanco
En la plenitud de la gran playa de ceniza
La playa de los fuegos
Los osos sangran sobre emboscadas imprevistas
Calculaban su paso más libre a la costa
Yo he nacido de mis gestos los gestos de la envidia
Y de mi propia miseria
Toda mano de miseria que conduces
Me saluda esta tarde
Es mi fiel defensora.



II


Escucho tu voz sobre las calles blancas
Sobre muros que el cielo mece
Escucho a mi corazón hilar para ti
Y sé por fin qué es eso en rebeldía
Al fondo del desierto por un cambio de luz
De mis deseos haré himnos ellos van
Y se ríen al desertar en torno a una sombra fértil

Es demasiado tarde para un juego
De repeticiones
Yo soy quien te ama para siempre
El prisionero negro que nace de tus pies
Que tú has olvidado
Solo bajo este sol de dicha
Esta tarde es para mí toda tempestad
Todo misterio.


De "Pasada libre", 1941





Vista de pájaro

a Braulio Arenas


En un salón donde los lobos delatan la nevada
O en el claro del bosque los muebles de acacio
Desde hace mucho tiempo las nubes juegan al rebaño
Las nubes de ciervos volantes
Esperarán a la caída de las hojas
En un portal de vidrio a la caída del idioma
Cuando yo no seré más el que os da de beber
Alrededor de todas las fuentes escondidas
Que se encantan a si mismas
Cuando en el fondo de sus espejos baten las últimas alas
Los pájaros picotean las cuerdas del verano
Formando encantadoras coronas mensajeras
Llevados por sus alas ellos reman hacia el bosque que gira
Entre las hojas verdes son abanicos de fuego
Que caen al parquet calculando semillas
Sobre el desierto ya no hay más que el tejido del cielo
Y el latido de una red de coral sobre los frutos
Cuando el sol se diluye en el encaje.

De "René o la mecánica celeste, 1942



Jorge Cáceres (Luis Sergio Cáceres Toro , 1923 / 1949, Santiago de Chile, Chile)


26 marzo 2012

Javier Sologuren

marzo 26, 2012


El paso de los años


       
     

               

porque cogí la mariposa
no en el jardín
sino en el sueño
porque en mi almohada
oí cantar al río
al crepúsculo orar
porque el cielo breve
de la flor
me llevó lejos
porque el niño aún
(que fui que a veces soy)
despierta y ve
la mariposa
volar en el jardín
que ya no sueño.





Javier Sologuren (1921 / 2004, Lima, Perú)
De.: javiersologuren.blogspot.com

Imagen javiersologuren.blogspot.com



25 marzo 2012

Antonio Tabucchi (1943 / 2012)

marzo 25, 2012

Epígrafe de "Nocturno hindú", Editorial Anagrama, 1985

Las personas que duermen mal parecen ser más o menos culpables: ¿Qué es lo que hacen? Confieren presencia a la noche.
                                                                  Maurice Blanchot

Imagen: talcualdigital.com

24 marzo 2012

Paco Urondo

marzo 24, 2012
Hoy un juramento





Cuando esta casa,
en la que vivo hace años,
tenga
una salida, yo cerraré
la puerta para guardar su calor;
yo la abriré
para que los vientos vengan
a lavarle la cara;

a remontarla,
de esa manera con que vuelan
las intenciones,
los aparecidos, los recuerdos por venir
y lo que a uno lo asusta
aunque todavía no haya ocurrido.

Queridos hijitos, su papá poco sabe de ustedes
y sufre por esto. Quiere ofrecer un destino
luminoso y alegre, pero no es todo
y ustedes saben:
las sombras,
las sombras,
las sombras,
las sombras
me molestan y no las puedo tolerar.

Hijitos míos, no hay que ponerse tristes
por cada triste despedida:
todas lo son, es sabido,
porque hay otra partida, otra cosa,
digamos,
donde nada,
nada
está resuelto,


Francisco Urondo (1930, Santa Fe / 1976,  Mendoza, Argentina)
Extraído de Revista Ñ, 04/03/2006

Imagen: cubadebate.cu

Hoy

marzo 24, 2012
Esta mañana publiqué un poema de Emily Dickinson. Después de unas horas consideré que no fue  acertada la elección (omito las cualidades poéticas), al recordar qué día de marzo es hoy.
Tengo presente un poema de Jorge Brega que representa, al menos de lo poco que conozco de los poetas actuales, un homenaje a los desaparecidos por la dictadura de 1976 en la Argentina.

Emily Dickinson

marzo 24, 2012

A mi jardín aún no se lo he dicho




A mi jardín aún no se lo he dicho,
temiendo que me venza;
con fuerza no me siento todavía
para ir a contárselo a la abeja.

No lo diré en la calle:
temería a las tiendas que me miren
porque, siendo tan tímida e ignorante,
tengo el atrevimiento de morirme.

No lo sepa la falda de los cerros
donde tan a menuda paseaba,
ni anunciaré a los amorosos bosques
el día en que me vaya,

ni lo murmuraré estando a la mesa,
ni tampoco al descuido, distraída,
dejaré adivinar que hoy mismo alguien
cruzará los umbrales del Enigma.


Emily Dickinson (1830 / 1886, Massachussets, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Poemas", Visor, 1973
Traducción: M. Manent

Imagen: biografiayvidas.com

23 marzo 2012

Rodolfo Alonso

marzo 23, 2012

Para vivir aquí



yo hablo del amor
una cosa posible

de tu amor de mi amor

en la calle
en el viento
en el mundo

dentro de la palabra




El corazón dividido




gira el asombro
sobre las islas del verano

el aire mueve
la dulce maravilla
el sol de pájaros

oh ávida voz

gracia cansada

cadenas de tu rostro


Rodolfo Alonso (1934, Buenos Aires, Argentina)
De: "Entre dientes", La Razón ardiente, 1963


"Entre dientes" fue reeditado en Chile (Pequeño Dios editores, Santiago de Chile, 2011), añadiéndole como apéndice una carta de Jorge Teillier.


Imagen: Rodolfo Alonso en Ouro Preto (Brasil)

22 marzo 2012

En la pausa, buscando poemas

marzo 22, 2012

*Facebook es un lugar impúdico (y siniestro)

*Pautas para seleccionar buenos poemas en Internet (o una de ellas) Cuando se tropieza con un poema de poetas que adicionan el apellido de casada al suyo, no hay que perder tiempo y seguir explorando. Absolutamente, ninguna señora de.....escribe buenos poemas. Quizás se destaquen como profesoras del secundario. Las buenas poetas no necesitan reforzar la identidad.


*Tipo trajeado un domingo a la mañana:  vendedor de Biblias.


20 marzo 2012

Umberto Saba

marzo 20, 2012


Fedra





Sopla un cierzo homicida. Mañana
caerá la nieve y blanqueará las sendas
amigas que subían a tu casa,
en la colina, lejana. Entre los verdes
pinos el valle inmenso repite
en hojas incontables el color
que te gustaba siempre en tus cabellos.
                                                              Fedra
eras; y eres.
                    Más preciosa ahora
que se enciende en la estufa el primer fuego
en raras casas; la estación es un poco
nuestra, nuestro el paisaje; el pensamiento
irradia una última verdad; se hace la ilusión
de que lo peor –quizás- ha pasado.


Traducción de Abraham Gragera




Tarde de febrero





Asoma la luna.
En la avenida aún es de
día, una tarde que rápida cae.
Indiferente la juventud se entrecruza,
dispersa hacia pobres designios.
Y es el pensamiento de la muerte
el que, al cabo, ayuda a vivir.


Traducción de José Fernández Castillo




Umberto Saba (Umberto Poli 1883, Tieste / 1957, Gorizia, Italia) 
Imagen: wikipedia.org

Federico García Lorca

marzo 20, 2012

Romance de la Guardia Civil española


                           A Juan Guerrero Cónsul General de la Poesía                                                       





Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capes relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.

La Virgen y San José,
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna, soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar, sin
peines para sus crenchas.

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.

Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.

La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando atrás fugaces
remolinos de tijeras.
En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la sierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

¡Oh ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.
 






Federico García Lorca (1898, Granada / 1936, Viznar, España)
De: "Romancero gitano", 1928

Imagen: artevalde.blogspot.com

18 marzo 2012

Vanina Colagiovanni

marzo 18, 2012

Tempo





En el momento gris perla cae
la primera gota adelante mío y los caminantes se guarecen
debajo de los balcones, otros apuran el paso
y algún perro lanza su ladrido que no es una amenaza
sino una protesta al temporal por venir
Tiempo, momento  gris plomo: azotá
las copas de los árboles, dale duro
desprendé hojas, levantá bolsas de plástico y polleras
con saña directo a los canteros, a las plantas
que se repliegan para no ser arrancadas de cuajo
y abren sus superficies antes sedientas.
Y dejá paso al momento gris marmolado
que en el pico de la tormenta arremete contra el suelo
contra los álamos sauce,
desplegá tu tempestad incontenible
hasta que raudamente el color se distienda
se silencie y al fundirse con el entorno
una vez más, se pierda.





Vanina Colagiovanni (1976, Buenos Aires, Argentina)
De: "Lo último que se esfuma", Ediciones Gog y Magog, 2011

Imagen: ciudademergente.gob.ar

17 marzo 2012

Irene Frydenberg

marzo 17, 2012

El diamante





Desestructurado el diamante. No obedecerá el mar a los reclamos;
quedará parado el mundo frente a la marea
y no se dará la coincidencia.
Así está mi vida frente a la tuya;
así estará a pesar de todos los escándalos del orbe;
perdurará de esta manera aunque la paz sea condescendiente con los conejos y yo, desde la subasta de mi afecto, quedaré muda de él aún sedienta.

Es una inflexión; la síntesis de no ser el mar y de mirarlo compulsada a convertirme.
Agua y agua en mi deseo y su sordera. Agua y agua en la mujer que espera no se sabe qué buque desde un cuento donde Onetti duerme su desesperanza.

Desestructurado el diamante. El mar actuado.
Lejos y lejos el agua zarpa sin mí y sin la dama del muelle.





La descuartizada, la niñita





La niñita, la descuartizada, la que ronda, la que va de aquí para allá vagabunda. La rota, la partida.
La pequeña, la que no supo, la obediente, la muerta silenciada. La rota.

La que no llegó, la que no partió, la que asentía, la que tuvo todas las articulaciones seccionadas y no pudo repartirse porque no había adónde volver.

La descuartizada, la ensangrentada, la del llanto, la de la tormenta. La que vomitaba, la que tenía diarreas diluvianas pero no el grito.

La muertita, la que nadie veló, la que no pudo enterrarse. La que fue muerta con silencios y desgarros. La que fue arrancada y se pudrió y se agusanó. La que nunca más, la que por siempre nunca.





Pan negro





Inundada de ustedes, los obstinados, y a fojas cero de la vida
quedan los papeles que no soporto escritos ni blancos ausentes de sus ojos
y la esperanza pobre y campesina
aún no da sus frutos.

La casa se ha vaciado
y es vientre de parteras prostibularias. La casa no cobija más que los signos de la ausencia y se ha quedado sin historia porque  la repentina espera
no es más que un gesto.

Cuántas oficiantes, antes de mí, han hablado de esperar sin esperanza...
Cuántas mujeres, como yo, han amado todo aquello o lo imposible
y estropearon sus pies caminando en sentido contrario a sus deseos... Por eso escribo
paso al terreno de la acción por orfandad
porque ya no los tengo comiendo de parados, en mi cocina, un pan de centeno que aún ayer hube comprado.

Todo el día de hoy he dormido y los espero,
ustedes son los dueños de mis llaves
y mi casa sigue abierta. 

Enlace: El poeta ocasional
De: "Corte" (inédito)

Imagen: www.irenefrydenberg.com.ar

13 marzo 2012

Eugenio Montale

marzo 13, 2012



La pena de vivir a menudo he encontrado:
era el arroyo estrecho que borbota,
era el enroscamiento de la hoja
reseca, era el caballo desplomado.

Bienes no conocí, más que el prodigio
que ofrece la divina Indiferencia:
era la estatua entre la somnolencia
de la siesta, y la nube, y el halcón alto alzado.





Enlace: El poeta ocasional
De: "Huesos de jibia" , Ediciones Librería Fausto, 1978
Traducción: Horacio Armani


Imagen: indo.net

Spesso il male di vivere ho incontrato: / era il rivo strozzato che gorgoglia, / era l'incartocciarsi della foglia / riarsa, era il cavallo stramazzato.

Bene non seppi, fuori del prodigio / che schiude la divina Indifferenza: / era la statua nella sonnolenza / del meriggio, e la nuvola, e il falco alto levato.




10 marzo 2012

Celia Clara Fischer

marzo 10, 2012

poeta
Ceguera




Y son fieras las manos atadas
en la cicatriz del tormento,
amurallando el vasto sueño
por donde vagan latidos desiguales
que dejó el espejismo de una noche
con el hombre royendo su congoja.
El terror anda por la voz como un peligro,
como un vértigo voraz
que pasa apoyado en la ceguera,
empuñando la sombra para descifrar el universo.
Y los ojos pierden su luz en el abismo
donde flota, desierta, la caricia.

A la vista del placer reposa el cautivo.
Una larga cabellera de relámpagos
atraviesa la calle interminable
y una mujer pierde la vida para siempre


Celia Clara Fischer (Buenos Aires, Argentina)
De: "Samotracia",  Tiago Biavez, 1999.

08 marzo 2012

Miguel Gaya

marzo 08, 2012

Lo nuestro




1.

Lo salvajes lo ignoraron.
Los griegos también.
Y los nipones y los canacos
y los mixtecas.
Generaciones no lo conocieron.

Así y todo
a mí no me sobra.
A mí me falta.
Tal vez a ellos no
pero yo no puedo
vivir sin tenerlo junto a mí
sin que me acune
su mentira en la noche.


2.

Se esconde.
Lo que sabemos es que no está.
Se esconde.
Se esconde en la espesura
en el placard
en lo profundo de un sótano
que almacena desperdicios
en las tinieblas
de un cuarto cerrado
y que da miedo.
Otra vez y para que se entienda:
No está.
Pero su ausencia dice
que es
y que lo echamos en falta.
Se esconde.
En baúles con sombreros ajados
en el cuarto de planchar
en lo profundo de un chalet cerrado
en un balneario en invierno.
Ahí quedó
mohoso.
Donde no lo hallaremos al volver
porque hemos cambiado.

Junté mis dedos a las puntas de tus dedos
y fue como si dijera
ahora puede volver.
De la electricidad puede surgir.
De la electricidad de tu cuerpo
y de la oscuridad
de las persianas bajas.
En esa hora en que todo se aquieta
y la chicharra manda
y su mentira en la noche
es puesta en evidencia
por la verdad de tu cuerpo
puede volver.

Pero es inútil.
Se esconde
y nos espía
y su mirada nos llena de vergüenza.



3.

Pero es inútil
su mentira en la noche.
No alivia.
Todo tarda
en morir
en disgregarse
en ser molido
por el viento.
Y nada perdura.

Inútil acostarse.
Inútil olvidar.
Inútil acostarse a olvidar.
El viento y la noche y la inmensidad del desierto
no apuran el olvido.
Lo escriben en la piel.  
Tus ojos están acá otra vez.
Sonámbulos.


Miguel Gaya (1953, Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Lo efímero y otros poemas inestables", Ediciones en Danza, 2009

Imagen: facebook

07 marzo 2012

Eugenio Mandrini

marzo 07, 2012
poetas

Los peces más lejanos 



Antes me intrigaba saber por qué, sentados en la orilla del
día, los que venían a pescar permanecían allí, de espaldas
a lo que se supone que es el mundo, y entregados al olvido
del tiempo.
Ahora que soy uno de ellos, lo sé.
Estamos aquí desde que aprendimos que estas aguas son menos
turbulentas que las del espejo, aquel otro río donde alguna
vez echamos todos los anzuelos y recogimos sólo viejas
confesiones, estallidos apagados, tierra conclusa.
Estamos aquí desde que llegamos deseosos de partir, y no
nos atrevimos. Traíamos la meta de alcanzar a los peces más
lejanos, aquéllos que serán los últimos en morir, y todavía
no nos atrevimos.
Tal vez lo hagamos cuando eso, a nuestras espaldas, que se
supone que es el mundo, deje de cortejarnos con sus luces,
que entre derrumbes, aún titilan.
Los peces más lejanos, como es su costumbre, aguardarán,
multiplicados.



Enlace: El poeta ocasional
De: "Conejos en la nieve", Ediciones Colihue, 2009
Imagen: editorialhylas.escribirte.com.ar

06 marzo 2012

Diario de Poesía

marzo 06, 2012
Jueves 8 de marzo a las 18



RECITAL

Leerán sus poemas Jorge Aulicino, Osvaldo Aguirre, Fabián Casas, Martín Gambarotta, Martín Prieto, Mirta Rosenberg y Laura Wittner

Coordina Daniel Samoilovich

Fundación OSDE
Suipacha 658 ler piso
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

05 marzo 2012

Sam Hamill

marzo 05, 2012

La flor de la orquídea



En el instante en que me pregunto
si la orquídea va a morir
ella florece
y no puedo explicar la emoción
en mi corazón, ni por qué tanto placer
proviene de ese pequeño capullo
en el extremo de un delgado tallo,
de esa pequeña flor
sanguínea roja dorada
abriéndose en el apogeo del verano
pequeña, perfecta en su plenitud.
Incluso para un poeta
de cabellos blancos y rostro curtido,
ella es en su pureza, erótica,
pistilo y estambre, polen,
rocío del mundo, una cucharada
de tierra y de agua.
Ella es erótica
porque en el corazón del nacimiento
la muerte afirma su existencia,
y el efecto dramático de los viejos prismas luminosos
del alba, allí en las húmedas ramas del cedro,
profundisimo misterio
mientras lavo la vajilla al atardecer
o bromeo con mi esposa,
quien a cada momento se vuelve más bella
simplemente porque uno de nosotros ha de morir.





Sam Hamill (1943, Estados Unidos de Norteamérica)
De: zonamoebius.com
Traducción: Esteban Moore

Enlaces: Otra iglesia es imposiblePoetry FoundationOtra iglesia es imposible

Imagen: zonamoebius.com

03 marzo 2012

El justificante perfecto, por Fabio Morábito

marzo 03, 2012

Me fascina la anécdota de aquel hombre a quien su mujer le pidió que escribiera un justificante para su hijo que había faltado a la escuela. Mientras ella se apura en los preparativos para salir con el niño rumbo al colegio, el hombre lucha en la mesa del comedor con el justificante: quita una coma, vuelve a ponerla, tacha la frase y escribe una nueva, hasta que la mujer, que está esperando en la puerta, pierde la paciencia, le arranca la hoja de las manos y, sin sentarse, garabatea unas líneas, pone su firma y sale corriendo. Era sólo un justificante escolar, pero para el marido, que era un conocido escritor, no había textos inofensivos y aún el más intrascendente de ellos planteaba problemas de eficacia y de estilo. Quise escribir el justificante perfecto, confesó el hombre en una entrevista. En efecto, escritor es aquel que se enfrenta como nadie al fracaso de escribir y hace de ese fracaso, por decirlo así, su misión, mientras los demás, sencillamente, redactan.
Podemos estirar esa anécdota e imaginar a alguien que, soga en mano, a punto de colgarse de una viga del techo, se dispone a redactar unas líneas de despedida, toma un lápiz y escribe la consabida frase de que no se culpe a nadie de su muerte. Hasta ahí va bien la cosa, pero decide añadir unas líneas para pedir disculpas a sus seres queridos y, como es un escritor, deja de redactar y se pone a escribir. Dos horas después lo encontramos sentado a la mesa, la soga olvidada sobre una silla, tachando adjetivos y corrigiendo una y otra vez la misma frase para dar con el tono justo. Cuando termina está agotado, tiene hambre y lo que menos desea es suicidarse. El estilo le ha salvado la vida, pero quizá fue por el estilo que quiso acabar con ella; tal vez uno de los resortes de su gesto fue la convicción de ser un escritor fallido y tal vez lo sea, como lo son todos aquellos que pretenden escribir el justificante perfecto, que son los únicos que vale la pena leer. Escriben para justificar que escriben, la pluma en una mano y una soga en la otra