15 abril 2012

Luis Benítez, dos poemas inéditos



hoy el poeta es Casandra, sí, pero drogada





entre los incendios y los degüellos que la prensa esconde
entre los desembarcos de asesinos que no están tan lejos
porque esperan en el vientre del mismo caballo que nos lleva a grupas
y los secuestros de países enteros so pretexto de salvarlos
entre las violaciones hasta el hartazgo de aquello que william shakespeare
definió como “ah, lo humano” y las abstractas interpretaciones
de lo que es ciertamente la extracción entre risas de un ojo vivo
entre la nueva amenaza de que el mundo vuelva a la teocracia
ella denuncia lo que ve y por ahora la perdonan por loca
pero además está drogada (sólo le queda el consuelo de esas plantas)
no la imagino bella y rubia y desesperada
como en las fábulas que pintaron a la hoja de oro
las crueldades contadas por homero sino gorda y morena y balbuceante
una hija que con ninguno se iba a casar y una carga para la casa real
a la profeta: tiene saliva y verdades en la boca y en trance de elegir
el mundo prefiere la saliva





éramos la noche





éramos la noche pero teníamos certezas que eran del mediodía
como una fruta prestada o habíamos robado en 1980
la vida como un auto en una calle oscura, más asunto
del sueño que materia, ni travesura ni animalada,
apenas una inconciencia (un psiquiatra, que es personal
autorizado a enjaularte, autoridad civil, legitimó
en una conversación hace 25 años que así como en el sueño
hay momentos de lucidez, del mismo modo en la vigilia
todos, hasta el comisario y el juez, el filólogo y el prestamista,
los más despiertos de la especie, tu hermana y tu madrina,
tu padre que fecundó a tu madre para iniciar tu disparate,
soñamos en vigilia). Entonces, ¿no será esto algo parecido
a caminar como un buzo, recogiendo algas con la mano que no siente
esas texturas fuera del guante grueso, no será arrastrar pesadamente
un enorme cable parecido a un caño grueso, apenas flexible,
tropezando entre las ruinas de naufragios, la pesada cabezota
perdida entre un cardumen de colores y de formas, innumerable,
ahora una bola gigante alrededor, y después una flecha
que devuelve a lo insondable?
Y en el centro de esas miles de bocas que buscan comer de algún sentido,
solito ser un traje de goma donde el alma se pregunta
por dónde se va a la superficie, donde la ola late y lleva
de nuevo hasta la costa.





Luis Benítez (1956, Buenos Aires, Argentina)

Enlaces: El poeta ocasional

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