Cintio Vitier


Al caer el rayo lila /




Al caer el rayo lila
en el sofá dormido
y en la jarra y en el río sucio
donde estaban hundiéndose
brocados y deseos por la noche,
al doblar el rayo como un pétalo
todo su color sobre la seda
mientras el húmedo mercado se borraba
con su araña granate para entrar en el rocío
que brillaba junto al mar como un pecado,
y al extender el rayo su otro lila
dentro del viento puro de la madrugada
que va cantando siempre sobre el techo
hasta crear la desnudez más invisible,
yo preguntaba qué es la noche
y la forma de caer sin fin desde algún puente
y la palabra oscura que repito
igual que allá en Empalme cuando ardía
mucha esfinge de patria en el conjunto
del verdor aciago, del coloquio antiguo,
y repasaba un tren con su penacho melancólico
hasta llenarme de rocío la mirada,
igual que siempre yo respiro
no como un dulce transformista ni un mendigo
que baraja deseos con escenas,
y pregunto como alguien que no existe
sino muy pocos, muy sagrados minutos, y le toca
testificar entonces un trémulo sofá
o un rayo interrogante en la voz de su oculto corazón.






Cintio Vitier (1921, Cayo Hueso, Estados Unidos de Norteamérica / 2009, La Habana, Cuba)
De: "La ráfaga", 1945-1946

Imagen: www.habanaradio.cu







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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.