Lalo Barrubia



contra corriente





yo no floté en el río sin saber flotar
cargando contra corriente
todo el enorme peso
de mis años a la intemperie
de mi trabajo sostenido
de los lastres que los demás pusieron sin preguntar

aprendiendo a respirar bajo el agua
aprendiendo a masticar la comida
y repartirla de mi boca
aprendiendo a evitar las orillas
dolorosamente estancadas

aceptando la inaceptable rutina
la mediocridad de la supervivencia
la necesidad de ser un vulgar ciudadano
banal y sometido
y sonriendo al mismo tiempo para no dejarse vencer

para que después vengan a decirme
que marché sobre las ruedas de otro

Copenhague, setiembre de 2oo9 





cobardes





él tenía una manzana tan grande
que no la podía comer
y un orgullo tan grande que no podía decir
que la manzana era demasiado grande para él

entonces se fue a casa sin decir palabra
y esperó
a que el aire sucio de la ciudad te quemara la piel

vos no le creíste cuando dijo que eras buena
mucho más buena que las demás
vos sabías que hablar de vos solo era una forma
de no hablar de él
pero igual te dejaste quebrar
porque es lo que aprendiste a hacer

vos miraste el mar y tomaste el vino y esperaste
conversaste y cantaste y esperaste
comiste y esperaste
observaste y pensaste y te conmoviste

vos abriste tu pecho a la llovizna
y él trató de callarlo con las manos

y lloraste porque el corazón de palermo
era más real que la demencia colectiva
pero igual perdía la batalla

la gente en la ciudad mojada
era más real que las buitres en sus cuevas
pero igual perdía la batalla

la belleza era más real que la mugre
pero igual perdía la batalla

las mujeres eran más reales que los hombres
pero igual perdían la batalla

el cuerpo había sido alguna vez
en otra ciudad mojada
más real que las ideas
más perecedero
más inofensivo
pero igual había perdido la batalla

él se mantenía erguido aunque no sabía
donde estaba parado
y vos sabías que sabías
un montón de cosas desordenadas
pero igual
él tiene un montón de manzanas secas
y vos no tenés nada
  
Palermo, noviembre de 2010


Lalo Barrubia, (Rosario González, 1967, Montevideo, República Oriental de Uruguay)

Imagen: soundpoetryedicionesdelcementerio.blogspot.com.ar/

0 comentarios

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.