Jill McDonough

Imagen: poetryandpoetsinrags.blogspot.com

Tetas como martinis






El barman del Caesar’s cuenta chistes que hemos oído mil veces.
Un caballo entra en un bar, por ejemplo. Yo susurro
Sarah Evers me contó ese chiste en sexto y Josey dice
mi hermano Steve en 1982. Una puta, un enano, un chino,
nada que no hayamos escuchado. Entonces pregunta un cliente
¿En qué se parecen los martinis y las tetas? Y se echan a reír.
Se lo saben, todos se lo saben, excepto nosotras.
Ni siquiera se molestan en terminarlo. El barman sólo dice
Sí, pero yo siempre he dicho que debería haber una tercera, en la espalda,
para cuando bailas, y baila con una mujer de aire, tras la barra, su mano
sobre la teta de la espalda. Y entendemos que tres son demasiadas
y una no basta. Vale, podemos superarlo. Mis tetas me gustan
como los martinis, decimos: pequeñas y manoseadas o grandes y secas.
Perfectas. Desbordantes. Apestando a enebro, derramándose sobre la barra.
Cuando tengo migraña y ella se me insinúa digo Josey, mis tetas
son como martinis. Ella asiente, solemne: Más vale que nadie
les ponga las manos encima. ¿Cómo podríamos contarle al barman
estos chistes? No podríamos. No se enteraría. Lo digo mientras limpio
las vitrinas de la cocina y ella entiende: sucias y mojadas.
Caminando en el viento Josey dice Mis tetas son como martinis
y yo pido un taxi, sé que quiso decir heladas, temblorosas.


Jill McDonough (Carolina del Norte, Estados Unidos de Norteamérica)
Enlaces: Letras Libres
Versión: Julio Trujillo

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NOTAS

// ALICIA SILVA REY: Una presentación solemne / Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida. // VALERIA CERVERO: En septiembre de 2016 salió "Sin órbitas", en la bella edición de El ojo del mármol, y el mes pasado presenté "madrecitas", gracias a la cuidada edición de Barnacle. Podría ser la última tarde aquí o tal vez el tiempo se detenga sin pedir permiso. El cielo es allá afuera, casi árido, y esta casa se esfuerza en su tarea de abrigar, de sostener lo suyo. Las risas de los hijos quiebran el volumen que permite entender las voces; la mirada llega sola a cada personaje y la historia es la misma y otra a la vez. In the mood for love: insiste la palabra a través de la muerte. La música multiplica el instante y casi invita a olvidar cada tono. Pero el secreto es un hoyo pequeño en un muro que brota. (De Sin órbitas)