Jaan Kaplinski



Mi tía los conoció bien, yo sólo sé
los nombres y lo que otros me han dicho:
hojalateros, merceros, abogados, doctores,
Genss, Michelson, Itzkowitsch, Gulkowitsch…
¿Dónde están ahora? Algunos de ellos tuvieron la suerte
de ser enterrados en este cementerio bajo una losa con letras hebreas.
Pero esos que mi tía cruzó en las calles de la ocupada Tartu,
con una estrella amarilla cosida en sus ropas, y con quienes
nunca se animó a hablar para horror de sus amigos:
No están aquí, están esparcidos
en tumbas sin nombres, zanjas y pozos
en muchos lugares, muchos países, sin hogar en la muerte
ni en la vida. Quizá algunos estén en el aire
suspendidos como partículas de ceniza, y todavía no han 
descendido a la tierra. He pensado, 
que si fuera físico, me gustaría estudiar el polvo,
todo lo que se sostiene en el aire, danzando en los rayos de sol,
entrando en tus ojos y en tu boca, en el aire de Groenlandia
o entre los libros de tu estante. Algún día quizá
te encontraría
Isaac, Mordechai, Sarah, Esther, Sulamith,
y quienquiera que seas. Quizá hoy, hasta haya respirado
algo de vos junto con este aire embriagador de la primavera;
quizá una pelusa de vos cayó en la blanca, blanca
floración del manzano en el jardín de mi abuelo
o sobre mi cabello gris.






Jaan Kaplinski (1941, Tartu, Estonia)
http://jaankaplinski.webs.com/








My aunt knew them well, I know of them
only names and what other people have told me:
tinkers, haberdashers, attorneys, doctors,
Genss, Michelson, Itzkowitsch, Gulkowitsch ...
Where are they now? Some of them were lucky enough 
to be buried in this cemetery under a slab with Hebrew letters.
But those my aunt met on the streets of German-occupied Tartu,
with a yellow star sewn to their clothes, and to whom
she even dared to speak to the horror of her friends:
they are not here, they are scattered
into nameless graves, ditches and pits
in many places, many countries, homeless in death
as in life. Maybe some of them are hovering 
in the air as a particles of ash, and have not yet
descended to earth. I have thought
that if I were a physicist, I would like to study dust,
everything that is hovering in the air, dancing in sunrays,
getting into your eyes and mouth, into the ice of Greenland
or between the books on your shelf. Maybe one day
I would have met you,
Isaac, Mordechai, Sarah, Esther, Sulamith,
and whoever you were. Maybe even today I breathed in
something of you with this intoxicating spring air;
maybe a flue of you fell today on the white white
apple blossom in my grandfather's garden
or on my grey hair.


Translations from "Õhtu toob tagasi kõik" (Evening brings everything back) by the author and Fiona Sampson
Versión al castellano: Marina Kohon


Imagen:  www.kultuur.err.ee

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.