30 octubre 2012

Poesía y sociedad, un camino de ida y vuelta, por Natalia Carbajosa

octubre 30, 2012

     El hombre libre es aquel que piensa de otro modo de lo que podría esperarse en razón de su origen, de su medio, de su estado y de su función o de las opiniones reinantes en su tiempo.
Nietzsche

I

     A lo largo de la historia, la poesía se ha puesto al servicio de diversos fines en relación con la sociedad en la que se hallara inmersa. Los altos funcionarios del Imperio Tang en China (siglos VII-X), por ejemplo, debían pasar un riguroso examen, consistente en una composición poética, para poder obtener un puesto en la Administración, lo que muestra la alta consideración en que tal disciplina se tenía entonces. Los juglares repartidos por los reinos conquistados a los árabes en la Península Ibérica entre los siglos XI-XV, como sabemos, ejercían una auténtica labor de noticieros repartiendo las nuevas (políticas o amorosas) de reyes, nobles y guerreros. En las principales cortes europeas del Renacimiento, la poesía alcanzó un grado de distinción tal que, en su versión amorosa, satírica o religiosa, contribuyó a la expansión y fijación de las emergentes lenguas vernáculas a medida que estas se iban independizando del latín como vehículo de cultura. En la lucha contra los totalitarismos, la poesía social ha aportado a los oprimidos tanta o más capacidad de resistencia y esperanza que las armas clandestinas o los apoyos internacionales, como evidencian por igual los poetas que sufrieron el fascismo o el totalitarismo comunista en y tras la Segunda Guerra Mundial. Entre las clases populares, la transmisión oral de coplas y cantares constituía hasta no hace mucho tiempo —y aún sigue siendo así en las civilizaciones menos “desarrolladas”— un acervo espiritual con más peso en la identidad de un pueblo que el que cualquier estatuto autonómico pueda conferir.

27 octubre 2012

Jüri Talvet

octubre 27, 2012


Tienes derecho a poner en duda aquello en lo que no creas






Una nube blanca se desliza fiel sobre las cimas de los abetos,
junto a las vías del tren.
La identidad está fijada con clavos al discurso, afirma
alguien con vehemencia.
Hemos llegado a Lappenranta, anuncia una autorizada voz femenina
que conduce el hilo del pensamiento.
Mi pequeña hija. El conductor del tren. Un fondo azul claro genera
inevitablemente confianza,
sin depender de si el ordenador como sustituto temporal del brujo
en las islas Salomón acumula las angustias del mundo y las reparte
cinco mil veces más rápido que antes, o si en África la filosofía
en el sentido que le damos en Europa puede exisitir del todo,
y si los filósofos negros, si realmente son negros y si realmente
existen,
tratan el fenómeno de esa nube blanca ontológicamente o
por el contrario epistemológicamente,
pese a tu cerebro exacerbado, pero confortablemente colocado
sobre una almohada blanca, para pasar la noche.





Jüri Talvet (1945, Pärnu, Estonia)
De: www.artepoetica.net

Imagen: impedimentatransit.blogpost.com

23 octubre 2012

Tom Waits

octubre 23, 2012
Fuente: www.rocktails.com.ar
Más que lluvia 





Es más que lluvia lo que cae sobre nuestro desfile esta noche 
Es más que truenos, es más que truenos 
es más que un mal sueño, ahora que estoy sobrio 
tristes tiempos, sólo tristes tiempos 
nuestros bolsillos no están forrados de oro 
nadie ha cogido el ramo 
no hay billetes que podamos doblar 
la suerte no nos acompaña 
y es más que un lío en lo que estoy metido 
es más que aciagos cielos grises 

Es más que un mal sueño, ahora que estoy sobrio 
se ha acabado el baile, se ha acabado el baile 
y es más que un lío en lo que estoy metido 
tristes tiempos, sólo tristes tiempos 
nuestros bolsillos no están forrados de oro 
nadie ha cogido el ramo 
no hay billetes que podamos doblar 
la suerte no nos acompaña 
y es más que adiós lo que tengo que decirte 
es más que aciagos cielos grises 
y es más que adiós lo que tengo que decirte 
es más que aciagos cielos grises 


Tom Waits (Thomas Alan Waits, 1949, Pomona, California, Estados Unidos de Norteamérica)

19 octubre 2012

Vivian Lofiego

octubre 19, 2012

La manzana en la oscuridad

                                                                                           

                                ( a partir de Clarice Lispector)

                   
                                                              
Apareció de improviso
sorpresa que nos llevó a la risa,
unión en el sencillo ejercicio
cotidiano, habitar la indulgencia

Los cortes de la manzana resbalando de los dedos

El libro palpitaba con sus tapas verdes,
luminiscentes, desde el día
en que fue dado por perdido
( debajo de la cama como un gato
asustado o un niño a escondidas se demoraba)

Su transparencia  hacía
aumentar nuestra ceguera,
un observador implacable
inmóvil

Espectador de las  horas
-Martin- el personaje de Lispector-
deambuló en el desierto lavando las culpas
de su crimen

La casa que habitàbamos no poseía el presente
le estaba negado
el pasado tomaba el mando : un barco zigzagueando
llevado por piratas enarbolando su bandera de la muerte

Lo había dado por perdido después del caos de noviembre
-esos meses impíos que reclaman lumbre, meses de vino
caliente mirando caer la nieve, la esperanza de ser redimidos-

Encontrando la vida en lo ínfimo
de la materia,  en un rezo murmurado
se  ahonda bajo la piel la plegaria

Me doblegaba frente a esa ola helada,
-vientos austeros  a través de galerías remotas,
presiente y canta la desunión su canto

Las puntas de estrellas lacerantes parten
en dos al fruto, y un tarascón deja la huella de los dientes,
blancos encajes apurados de olvido


-de prisa, de prisa, siempre demasiado veloz el recorrido

La estación de tren desoladora
los àrboles esmirriados luchando por guardar
esa última hojita, verde  por milagro


El libro, me acompañaba
como àngel de la guardia, caracol vacío de sí
deseo trashumante
                                                             
                                                                 Una postal de París olvidada, dice :

Hay tantas catedrales y puentes célebres
en la Tour Saint Jacques Nerval se detiene con un poema en el bolsillo
Apollinaire en el Pont Mirabeau
Rilke en el Hôtel Dieu deposita el cuerpo de Laurids Brigge
Rimbaud escribe cartas tristes a su madre
cartas como un barco de papel detenido
Vallejo presiente el dia de su muerte

Perdido, en alguna precipitación en un tren hacia París,
imaginaba  con recelo  una deriva de manos poseer el libro,
la misma deriva
en nuestro umbral manchado de nevisca


En una librería de Bercelona surgió
brillando, irresistible : «  La manzana en la oscuridad »

Nos engullía en  silencio
la paroxística  criatura que rugía
quebrándonos,
sobre la piel,  lienzo en el cual
deposita  sus obras negras
la materia viva

Cometas precipitándose vertiginosos
hacia la tierra, así volvíamos
a viejos terrores de la infancia,
gemas perfectas, engarzàndose  en mi flanco

Rimbaud de Charleville, te sangra la mano

Las piedras, vivas, grababan la imposibilidad de ser
Tal vez el dolor es la inmovilidad
y la errancia en la inmovilidad-

La manzana no hacía más que brillar
en la oscuridad del cuarto, sin que le diéramos piedra libre
salió a la luz triunfante,

El libro volvió a mis manos,
lista para recibirlo,
pronta a partir

Dejando  diminutas huellas en la nieve,
pisadas leves  linderas al bosque,
tanta levedad resonando en el cielo de los astros,
sin despedidas
el desierto de Lispector en una cartera de charol
un trozo de manzana amarillenta en el bolsillo

Inédito





Vivian Lofiego nació en Buenos Aires. Hizo un Master en la Universidad de Buenos Aires en Ciencias Sociales estudió artes escénicas. Se radicó en París. Trabajó en el Teatro del Odeón con Lluís Pascual. Hizo un Master en Literatura Hispana en la Sorbonne. Es autora de libros de poesía, libros de artista, teatro, cuento, fue finalista del premio Julio Cortázar, es autora e ilustradora  de libros para chicos y traductora de algunas de las grandes voces de la poesía francesa. Coordina el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo. Fue miembro en el 2011 de: La Fabrique de Traducteurs, en el CITL (Collège International  de Traducteurs Littéraires)
Colabora en el suplemento Ñ.


18 octubre 2012

Juan Maineri

octubre 18, 2012
Fuente: Facebook

Flores





te acordás
guardás las fotos
el patio la morera
las hojas en el agua
comparabas cámaras
como en compraventa
cambiabas la lente
hacías pruebas
estrenabas objetos
tomabas prisioneras
imágenes
las aquietabas
dejabas pistas
testimonio
en los pliegues
los cuerpos
en silencio

la tarde
brisada de inquietud
como el vuelo
del colibrí
los hilos que traza
en lo que miramos
sin reposo
busca el polen
en las flores
acerca el pico
lo aleja
parece temblar
¿tiembla?
temeroso
pero va
no se detiene

salía del agua    
buscaba calor
en los ladrillos
te miraba
ir y venir
de flor en flor
devanar el hilo
tejer fina seda
limpiar la lente
con el algodón
tibio que cubre
la piel        
tocar apenas
la flor
ansiar el polen
encantar imágenes
el agua
las gotas
de la tarde

entrabas
en lugares
desconocidos
con los pies
desnudos

los granos
de un deseo
desvanecido
caían como cuentas
de collar
formaban rizomas
entre los geranios
el romero
la yerba buena
en el suelo
que pisamos
de un lugar
a otro

te alejabas

¿vendrías?

¿estarías esa noche
como otras
con la máscara
del hábito
la ternura
el murmullo
de caricias
entre telas azules?

esperaba
en la calle
que descansaran
tus alas
inquietas

buscabas
lo perdido
en la mesa
tendida
la cocina
el baño
los grifos
las flores


Juan Maineri (1959, Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina)
De: http://jedna-pb.blogspot.com.ar/

15 octubre 2012

William Butler Yeats

octubre 15, 2012


La isla del lago de Innisfree





Me levantaré e iré ahora, iré a Innisfree
Construiré una cabaña pequeña, de barro y cañas
Tendré allí nueve surcos de habas, y un panal para las abejas,    
Viviré solo bajo el claro de los altos zumbidos

Y allí tendré paz, porque la paz viene cayendo lento,
Cayendo por los velos de la mañana hasta donde los grillos cantan
Allí la medianoche es todo un destello, la luna un resplandor púrpura,
Y la tarde se llena de alas de pardillos.

Me levantaré e iré ahora, para siempre, noche y día
escucho al agua del lago besar suavemente la costa
mientras me detengo en el camino, o en el asfalto gris,
en lo profundo del corazón, la escucho.





William Butler Yeats (1865, Dublin, Irlanda / 1939, Roquebrune-Cap-Martin, Francia)
Versión: Marina Kohon



The lake isle of Innisfree



I will arise and go now, and go to Innisfree,
And a small cabin build there, of clay and wattles made:
Nine bean-rows will I have there, a hive for the honey-bee,
And live alone in the bee-loud glade.

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight’s all a glimmer, and noon a purple glow,
And evening full of the linnet’s wings.

I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements grey,
I hear it in the deep heart’s core.

14 octubre 2012

Mario Luzi

octubre 14, 2012

Mujer en Pisa





No siempre estabas sola conmigo. A menudo veías
largas fiestas marchitándose en los canales,
fluyendo bajo los puentes, perseguidas por el tiempo
entre racimos, en lánguidos prados y la luz
de la tarde horadando las aguas
y los aros del río.

Y a veces no supimos quién de los dos era el ausente:
con frecuencia mirabas los límpidos torneos
librándose en las vías bajo soles invernales,
entre verandas, flores brumosas y el hielo
de las murallas arrollando los trofeos
en luces infernales.

Mujer de otra manera —lo más semejante a la vida—
cálida en imperceptibles pasiones,
velada por un vapor de lágrimas ideales,
en el viento, en los últimos puentes surgías
por los portales al fuego de las estrellas,
detrás de amarillentos vidrios.




A lo largo del río





Quien sale ve inesperados signos, 
manchas de nieve en los montes. El frío
de la Pascua, es cruel con las flores,
empeora a débiles y enfermos
y más de uno, perdida la esperanza,
tirita bajo cuellos y bufandas.

No será culpa mía si te encuentro.
Sigo el curso de este rápido río
insinuado entre barracas y túmulos.
Sitios donde el vagabundo, flautista
o lanzador de cuchillos, atiza
el fuego, acerca a las manos
dormita; el viejo desata al perro
junto a la orilla y ve la corriente;
un hombre, de pie sobre la gabarra, hurga
el fondo con la pértiga durante
horas y horas, hasta que en las barracas
colocan los quinqués sobre la mesa.

Es el paisaje humano
que por falta de amor
parece desunido y extraño.
Cuántos rodeos los tuyos, solitaria.
Es más claro que nunca, el sufrimiento
penetra en el ajeno sufrimiento
o acaso es vano
—no como río helado, como fuego
comunicante, sólo quisiera...
Amor difícil de ofrecer,
difícil de recibir. Se conturba
al atreverse, siente el frío de la sierpe
mas torna insatisfecho al no atreverse,
apremia en todas las edades de la vida.
El río corre, desata sus rápidos,
arde la espera, la familia se reúne
para la cena, se comparte el alimento.
Truena. Medio llovizna. Crece la hierba.






Mario Luzi (1914, Sesto Fiorentino / 2005, Florencia, Italia)


12 octubre 2012

Roberto Malatesta

octubre 12, 2012



Un simple espectáculo





Mi hija y yo observamos cómo entrenan perros.
No es por interés en el asunto,
es cierto que nos gustan mucho los animales,
hoy estamos aquí sin más cuestiones.
Apacible espectáculo:
hombres y bestias,
viento y un cielo gris,
luz a lo lejos, en los bordes,
donde quiebran las nubes.
Estamos bien aquí,
la tarde nos parece inmejorable,
echados en el pasto sin nada que hacer,
nada podría resultar mejor, tanto que
yo no sé qué es esto, cómo denominarlo,
si felicidad, busco el cómo y el porqué
sin nombre alguno todo me desborda,
sin nombre alguno, no está mal, mejor así.
Todo es inmensidad:
el pasto, el viento, la luz,
Todo importa, empero, nada es importante:
sólo grande y sin peso.
Estamos bien aquí.





La confianza de los pájaros




Una cardenilla y un cachilo
casi a mis pies.
Yo no me muevo,
todo movimiento
sería
una desconsideración.
Empero esta obligada quietud
es mi mayor libertad,
hace que me reconozca contenido
en un espacio sin lindes.
Siento que al saberlo
la brisa de la mañana
también lo sabe.
No es extraño
que esta sabiduría
hija del espíritu
sea la madre
de la confianza de los pájaros.





Roberto D. Malatesta (1961, Santa Fe, Provincia de Santa Fe, Argentina)
De: "Cuaderno del no hacer nada", Editorial Sigamos enamoradas, 2009 


10 octubre 2012

Dolors Alberola

octubre 10, 2012

Biblioteca





Mirabas los estantes.
Te preguntabas siempre cuántos sueños
habrían sucedido dentro de los volúmenes
que, ajados, eran polvo. Cuántas manos creyendo
en la perduración terrible del amor, en la durable
extensión de las cosas,
en el enigma seco de la piedra.

No sabías a qué
aquellas bibliotecas transitorias,
pero no de palabras, no de lomos,
no de aquellas cubiertas
ni de las rosas grana que dormían adentro
de los más anticuados, de aquellos preferidos
que creías eternos, de los que iban firmados
por Homero, Kavafis, por Platón, Aristóteles
y tantos, tantos nombres.
Pero no de esos otros diminutos
que también iban llenos de poemas, de vida.

Del cementerio aquel de los extraños dioses
preguntabas, de sus blancos estantes, de las simas,
de los mármoles blancos al pie de las iglesias,
de las cavernas, mares, las cenizas,
ya por siempre sin nombre.
De todos estos libros de los que uno también
viene formando parte.

Allí, te preguntabas.
No podías contar esos malditos
ejemplares durmientes, sin lomo, sin espaldas,
sin manos, ya sin ojos,
sin la escritura lenta de la voz,
sin el gramaje cierto del deseo,
sin su caligrafía. Nada,
sólo el polvo que, ileso, venía a perpetuarse
y no era ese polvo del hombre en sus escorias,
no era el polvo inaudito del hombre en su miseria,
no era el polvo volátil de una urna que se abre
en un, perdido ya, columbario. No era
esa ceniza amarga de Cartago,
ni ese viento encarnado de un volcán,
de cualquier fechoría
que sucede en las tintas naturales,
en cimas naturales, en historias normales
donde se apilan libros, sólo para leerlos
los inmortales dioses que duermen en columnas.

Te preguntabas, sabes, amor, te preguntabas
y solamente había estantes en tu vida,
solamente los nichos cercanos a tu sombra,
solamente los nombres que iban apareándose,
multiplicando nombres, dando así
nuevo pasto a la historia, solamente las sílabas,
los terribles sonidos de las hojas,
llegado el colofón, aquellas citas
donde yo te decía: espero que tu amor;
donde tú me dijeras: será así;
donde otros pudieran desdecirse.
Todas aquellas citas que se iban borrando
y sólo había nada, los estantes vacíos,
el polvo a toda vela, la penuria del hombre,
los dioses alargando por fin esos tentáculos
y tomando de aquí, de allá, de todas partes,
las mujeres amadas, los niños inconexos,
las virtudes más altas de quien fuera
que soñara un instante.

Ante tu mano, ahora, el tomo en que Virgilio
bajara a los infiernos,
los ojos de Beatriz aferrándose a Dante,
esos eternos círculos en donde
nuestras manos tenían ya un futuro.
Para qué tantas páginas,
para qué tantas cifras,
para qué tantos vientres
encuadernando vientres,
para qué tantos ríos,
aportando más ríos y secándose,
para qué tanto mapa, tantas casas alzándose
en tomos de arquitectos como Le Corbusier,
Bramante, Barragán,
para qué tanto luto,
una luna de luto iluminando todo,
un resplandor de luto forjándonos la noche,
un misterio de luto tapándonos los ojos,
un lupanar de luto encendiéndolo todo.

Para qué aprendimos a leer desde siempre
esas nomenclaturas infinitas
que luego son finitas,
los mapas de los cielos,
el desfile desnudo de Orión,
la vía láctea,
la lista interminable de los godos,
todas aquellas sumas restándonos los años,
las restas, cada una, señalando la carne.
Para qué en los estantes tantos muertos.

Para qué en la memoria tantos dioses, amor,
mientras la mano sola se desliza
hacia la sombra abierta
de un mármol de Carrara.





El lienzo





Dicen que Salvador Dalí
se ha movido en el lienzo. Ha dado un paso
desde ese lateral que ocupaba en la arena
donde, bajo la sombra del mar, se duerme el perro.
El mar le devoró el color,
dejándole los ojos manchados de paisajes
que, incoloros, contempla desde un lugar absurdo.
¿Es un niño el que mira, una niña que nunca
pudo llevar vestido
y rueda con la rueda, o ese aro
que se pudre en la imagen? Pero, vivo,
ha dado un paso aún en la memoria.
Dicen que es Cadaqués
y sus tardes de viento y borrachera,
que es un tiempo futuro de marinas
el que tira del niño, conminándolo
-delgado como el aire- a caminar huyendo
de la sombra del mar, donde, si levantamos
la piel de tanta muerte, descansaría el perro.
El niño retrocede. Ya lo han visto turistas,
pintores que, avisados, se acercan a la sala
por ver esa impresión
que deja la figura al arrastrar
los diminutos pies contra la arena.
Pasan los coloridos turistas y contemplan.
Se oye una voz:
-Circulen.
Son miles los que vienen a ver a Salvador
renaciendo en el cuadro. Hace tres días
que dio el primer paso.
No se paren. Circulen, no hay volumen
para toda la cola que sigue hasta la calle.
Lo curioso del lienzo, señores,
miren donde señalo,
es la cola delgada de cometa
que deja al palpitar esa figura.
Estamos estudiando este fenómeno
similar a la sangre
que brota de los ojos de las vírgenes
o a las caras de Bélmez. No se agolpen...
Dicen que existen huellas en la tela,
que la playa presenta unos descensos,
que el lienzo ha variado y es posible
que todo comenzara cuando, al niño,
se le cayera, ingrave,
el último juguete o, en los ojos,
se agolpara la sombra y no encontrara
otro camino abierto de regreso.








Dolors Alberola nació en Sueca (Valencia), el 14 de enero de 1952. Cursa estudios de Medicina, que abandona para obtener el título de Procurador de los Tribunales, siendo la primera mujer de aquella Comunidad que ejerció dicha profesión. Desde finales de los setenta reside en Andalucía, donde ha trabajado como periodista. Vive actualmente en Jerez de la Frontera, dedicada de lleno a la literatura.
Entre los numerosos premios con que ha sido reconocida su obra destacan los siguientes: Carmen Conde (1998), Premio Internacional Ciudad de Miranda (2000), Premio Bahía de Algeciras (2002), Premio Villa de Peligros (2002), Premio de Poesía Vila de Martorell (2003), Premio Cálamo de Poesía Erótica (2003), Premio Victoria Kent (2005), Premio José Luis Núñez (2005), Premio de Poesía Ernestina de Champourcin (2005), Premio Ciudad de San Fernando (2005), Premio María Luisa Sierra (2005), Premio Ciudad de Torrejón (2007), Premio de Poesía Pastora Marcela (2007), Premio Internacional de Poesía Alonso de Ercilla (2008) y Premio de Poesía César Simón (2012). En dos ocasiones (2000 y 2007) ha sido finalista del Premio Andaluz de la Crítica y en una del Premio de la Crítica Valenciana (2000).
Ha publicado los siguientes libros de poesía: Trizas (Sueca, 1982); La quejumbrosa vida de John Stemberg (Puerto de Santa María, El Ermitaño, 1997); Cementerio de Nadas (Madrid, Torremozas, 1998), premio Carmen Conde; El medidor de cosas (Ayuntamiento de Miranda de Ebro, 1999, 1ª ed. y 2000, 2ª ed.), premio internacional Ciudad de Miranda y finalista del Premio Andaluz de la Crítica; Historias de snack bar (Jerez de la Frontera, EJE, 2000), finalista del Premio de la Crítica Valenciana; Ire(né) Lanuit (Valladolid, Editorial El gato gris, 2000); Conversaciones con Uriel, el pacificador de cosas (Cádiz, Excma. Diputación Provincial, 2001); Una nena que porta al cap un ganivet (Córdoba, Aristas de Cobre, 2001); El vagabundo de la calle Algarve (Algeciras, Fundación José Luis Cano), premio Bahía 2002;  Apocalipsis Sur (Granada, Excma. Diputación Provincial, 2003), premio Villa de Peligros 2002; El último tren (Chiclana, Fundación Vipren, 2003). Cementerio de arena (Cuadernos de Orpheu, Brasil, 2003), El monte trémulo (premio Vila de Martorell, 2003), Decomo (premio Cálamo de poesía erótica, 2003), en colaboración con Domingo F. Faílde, Esa mujer de Lot (Els Plecs d’Alfons el Magnànim, 2004); Juego de Damas (Sevilla, Instituto Andaluz de la Mujer, 2004); Ciudad contra la lluvia (premio Victoria Kent, 2005); Acaso más allá (premio José Luis Núñez, Sevilla, 2006); El don del unicornio (premio Ernestina de Champourcín, Álava, 2006): El libro negro (Madrid, Huerga & Fierro, 2006), premio Ciudad de San Fernando; Ángel oblicuo (premio María Luísa Sierra, Bornos, 2006),  Arte de perros (Jerez, EH, 2006),  El ojo y el tiempo (Madrid, Vitruvio, 2007), De donde son las voces (2008), Del lugar de las piedras (2009), Sobre la oscuridad (2011), Todos los trenes mueren en línea recta (2012) y La escopeta de Lily Mae (2012). Una amplia selección de su obra figura en De piedra y sombra. Antología poética (1982-2006). Barcelona, Atenas, 2006.
Traducida al gallego, catalán, portugués, francés, italiano, árabe, serbio y ruso, su obra ha sido recogida en diversas antologías: La palabra debida (Sevilla, Instituto Andaluz de la Mujer, 2000); Mujeres de carne y verso, antología poética femenina en lengua española del siglo XX, sel. de Manuel Francisco Reina (Madrid, Esfera Literaria, 2001); Poetisas españolas, antología general, de Luzmaría Jiménez Faro, tomo IV: de 1976 a 2001 (Madrid, Torremozas, 2002); Ilimitada voz, Antología de Poetas Españolas (1940-2002), sel. y estudio de José Mª. Balcells (Cádiz, UCA, 2003); Reinas de Tairfa. Poesía Femenina Gaditana (1982-2002), sel. y estudio de Manuel Moya (Fundación Caja Rural del Sur, Huelva, 2004) y El placer de la escritura o nuevo retablo de maese Pedro (Cádiz, UCA, 2005) ); El poder del cuerpo. Antología de poesía femenina contemporánea, de Meri Torras (Madrid, Castalia, 2009) y Trato preferente. Voces esenciales de la poesía actual en español, de Balbina Prior (Madrid, SIAL, 2010). Ha colaborado en la prensa literaria, revistas especializadas y numerosas publicaciones colectivas.

08 octubre 2012

Alberto Pellegatta

octubre 08, 2012

Arrugas





Se insinúa la sospecha de que su solución
sea nuestra ruina. Así se deshace el fuego.
Un remolino absorberá cualquier cosa,
hasta los besos de la boca. El laberinto
se hundirá en sus mismas paredes. Así los peces
serán heridas del agua, y será
el ruido de las hojas entre las hojas
como el olor del café en el aire, del tibio
holgazaneo en la cama, ya
desenfocado. Mientras
se consumen los dientes. Eh, sí
nos arrepentiremos de cada mueca de la boca,
hasta de las sonrisas que desarman. Dice
así alejándose: a veces me ayuda pensar
en décimas de octavas, o mirar en la pared
las manchas de humedad que el enlucido
muda en figuras enigmáticas.






Alberto Pellegatta (1978, Milan, Italia)
De: Letralia
Enlaces: http://albertopellegatta.blogspot.com.ar/

Imagen:cetonaverde.org



06 octubre 2012

Antonio Cisneros (1942 / 2012)

octubre 06, 2012

Ferreira Gullar

octubre 06, 2012

Fuente: www.reynaldosietecase.com.ar
Plátanos podridos




Como un reloj de oro lo podrido
oculto en las frutas
sobre la barra (todavía miel
adentro de la cáscara
en carne que se hace agua) era
todavía oro
el turbio azúcar
venido desde el suelo
                             y ahora
ahí: plátanos negros
                como bolsas blandas
                donde llega una abeja
                y gira
                y gira manecilla en universo dorado
                (parte nimia de la tarde)
en abril
        mientras vivimos

Y detrás de la urbe
(de la gente en la sala
o remendando)
a espaldas de la gente
frente a ella
a su derecha o
(tras de las palmas de los cocoteros
alegres
y del viento)
como un cinturón azul
y ardiente
el mar
golpeando su tambor

que
desde el estanco
no se escucha

¿Qué tiene el mar que ver
con estos plátanos
                     ya manchados de muerte
que a nuestro
lado viajan
rumbo al caos
                y se van fermentando
y ardiendo en agua y ácidos
camino de la noche
en su vertiginosa lentitud?

¿Qué tiene el mar que ver
con este estruendo
de aguas sucias
que hierven en los plátanos
con estas voces que hablan de vecinos,
de culos, de cachaça?
¿Qué tiene el mar que ver con este ruido?
¿Qué tiene el mar que ver con este patio?
Aquí, de azul,
apenas hay un trozo
de frasco de leche de magnesia
(hueso de ángel)
que se perderá en la tierra blanda
con la acción giratoria de la noche
y del perfume en las hojas
de la menta
              Ningún alarde
ninguna alarma
aun cuando el verano va gritando
sobre nuestros tejados
Poco tiene el mar que ver
con este baño de cemento
y zinc
        donde el silencio es agua:
        una esmeralda
        engarzada en el tanque
        (y que
                suelta
        se va por los desagües
        que hay bajo la ciudad)
En todo aquí hay más pasado que futuro
hay más muerte que fiesta:
                              en este
baño
de agua salobre y sombra
        mucho más que de mar
                               hay de floresta
Mucho más que de mar
en este baño
hay de podridos plátanos de estanco

y no tanto por el agua
en que se liman (donde
un fuego al revés
huye en azúcar)
más por la tersura de esta vida
de fruta
inserta en la vida de familia:
la tersura de un baño a media tarde

La tersura de una casa en el Nordeste
con sus cuartos y sala
con su baño
que esta tarde atraviesa para siempre

La tersura de una luz que hiere la vida
en el cuerpo de la gente
al fondo
donde plátanos podridos mar azul
hambre tanque floresta
son un mismo estampido
un mismo grito

Y la gente platica
en la cocina
o en la sala cuenta cosas
y en el habla en que habla
(ese ruido)
tanto estruendo hace el mar cual la floresta
tanto
fulgura en miel la tarde
- podrido fuego –
                como fulge
la esmeralda de agua
                que se fue

¿Sólo tiene el mar que ver con sus estruendos
con sus martillos blancos
su diurno
relámpago
que nos ciñe la cintura?

El mar
        sólo tiene el mar que ver con este baño
con este patio verde y este estanco
        sólo tiene que ver
        el mar
con esta nocturna
tierra del patio
donde gravitan perfumes y futuros
        el mar el mar
con su pistón azul y con su fiesta
        tiene que ver que ver                 
con estos plátanos
        donde la tarde se pudre como una
carnaza vegetal que atrae abejas
panteoneras
        tiene que ver con esta gente estos hombres
que lo traen en el cuerpo y hasta el nombre
        tiene que ver con estos cuartos tan oscuros
con estos muebles quemados de pobreza
con estas paredes viejas y esta poca
vida que en la boca
es risa y en el vientre
es hambre

Al fondo del estanco
en la penumbra
                hierve la llaga de la tarde
con sus moscas;
en torno de esa llaga está la casa
y están sus clientes
el barrio
la avenida
las calles y más patios más estancos
y otras casas con sus cristaleras
otras plazas laderas miradores
de donde se ve el mar
nuestro horizonte 

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