Jüri Talvet



Tienes derecho a poner en duda aquello en lo que no creas






Una nube blanca se desliza fiel sobre las cimas de los abetos,
junto a las vías del tren.
La identidad está fijada con clavos al discurso, afirma
alguien con vehemencia.
Hemos llegado a Lappenranta, anuncia una autorizada voz femenina
que conduce el hilo del pensamiento.
Mi pequeña hija. El conductor del tren. Un fondo azul claro genera
inevitablemente confianza,
sin depender de si el ordenador como sustituto temporal del brujo
en las islas Salomón acumula las angustias del mundo y las reparte
cinco mil veces más rápido que antes, o si en África la filosofía
en el sentido que le damos en Europa puede exisitir del todo,
y si los filósofos negros, si realmente son negros y si realmente
existen,
tratan el fenómeno de esa nube blanca ontológicamente o
por el contrario epistemológicamente,
pese a tu cerebro exacerbado, pero confortablemente colocado
sobre una almohada blanca, para pasar la noche.





Jüri Talvet (1945, Pärnu, Estonia)
De: www.artepoetica.net

Imagen: impedimentatransit.blogpost.com

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.