22 noviembre 2012

Poesía del presente, por Patricio Zunini



En la década del noventa, la poesía consiguió desplegar una potencia que no se dio en otras ramas de la literatura. Durante esos años se fue conformando un generación de poetas que, como si hubieran tomado la premisa hegeliana de “la verdad es concreta” como bandera, desbordó las propuestas de las décadas anteriores con la conciencia de que la poesía no debía aislarse del mundo práctico y la época presente.
Una década más tarde, con una Argentina diferente, Violeta Kesselman, Ana Mazzoni y Damián Selci revisitan ese fenómeno desde La tendencia materialista. Antología crítica de la poesía de los 90, en donde reúnen una muestra breve pero efectiva de aquella vasta generación: Juan Desiderio, Fabián Casas, Fernanda Laguna, Martín Gambarotta, Washington Cucurto, Alejandro Rubio, Sergio Raimondi.
En esta entrevista, los tres antologadores hablan de cómo se pensó el recorte, qué efectos produjo la poesía de los noventa y por qué la labor de la crítica es un pilar fundamental en la constitución de un sistema literario.

¿Cómo afecta el peronismo a la poesía de los noventa?

Damián Selci: El peronismo de los noventa es el peronismo de Menem, es la traición del peronismo. En aquel momento los poderes fácticos consideraban haber logrado lo impensable: que un dirigente peronista les entregara el aparato partidario y el control de las bases. Esa lectura era la interpretación local del fin de la historia; el escándalo era que el peronismo se convertía en el ariete social de las políticas neoliberales. En ese marco, los poetas tienen una posición claramente antimenemista; sobre todo aquellos con un compromiso ideológico con la izquierda o la izquierda peronista, con la tendencia socialista en general. Ellos tienen que hacer un juego muy complicado para la época como es el de diferenciar al menemismo del legado histórico del peronismo.
Violeta Kesselman: El movimiento de Alejandro Rubio fue muy arriesgado. El poema “Metal pesado” es una larga enumeración de un sujeto alienado en un cuarto, con imágenes fragmentarias, que al final dice que lo único que rescata entre las cenizas es una efigie de Perón a caballo. Ahora es casi una contraseña de época, pero hablar del peronismo en ese momento era una apuesta muy potente, muy arriesgada y muy incómoda. Hay también otras vertientes: Gambarotta con las instancias revolucionarias de los setenta es otro modo de que el peronismo afecte a la poesía de los noventa. Incluso Raimondi, a quien uno no lo llamaría poeta peronista, pero que al tener los poemas de las operaciones que realiza en el espacio, la regulación de la economía, apunta a eso.
Damián Selci: La situación de los noventa es una situación atípica en el peronismo: es un momento en donde el peronismo parece haberse vendido, parece no haber un punto de apoyo popular. El gesto peronista de Alejandro Rubio era muy difícil. Ni hablar de cualquier tipo de contacto con la militancia revolucionaria de los setenta como en el caso más claro de Gambarotta: eso directamente era tabú. ¿Cómo afecta el peronismo a la poesía de los noventa? Yo creo que se podría pensar al revés: cómo la poesía de los noventa afecta a la idea del peronismo.
Ana Mazzoni: Ese es uno de los puntos por los que nos interesó hacer una antología sobre la poesía de los noventa. Teníamos la sensación que en ninguna otra esfera del arte, ni en el cine ni en la narrativa —salvo excepciones—, había una percepción tan vivaz de los proyectos sociales y de la vida cotidiana en el sentido material y no intimista. Además había determinados casos en los que se revelaban puntos de vista totalmente originales sobre un proyecto político. Por eso el título es La tendencia materialista.

La lectura que hacen sobre la poesía de los noventa parte desde la izquierda: ¿se debe a una posición ideológica de ustedes o porque los poetas están parados desde ese lugar?

Damián Selci: Habría que hacer una precisión acerca de lo que es una lectura desde la izquierda. Obviamente cualquier lectura tiene una orientación. Para nosotros lo principal consistió en seleccionar aquellos textos del corpus existente que nos parecían los mejores. No vamos a invalidar autores por su situación ideológica, no se trata de eso: se trata, en todo caso, de ver cuál de todas las lecturas posibles de la poesía de los noventa era la que nos parecía más interesante, que es aquella que realza la línea más material del enfoque de la poesía de los noventa. La poesía de los noventa logra trabajar en relación con el mundo, con los objetos, desde una perspectiva materialista. En el libro se explica que consiste en determinar los enunciados que puede ser desde localizarlos, convertirlos en objetos, en percepciones nítidas. Esto no significa que no haya margen para el delirio o la imaginación, pero el punto de partida está ahí. Es una poesía que desmiente el mito convencional sobre la poesía como una especie de cosa romántica, hermética y en el límite de ser un deporte femenino en el sentido machista de la palabra.

La tendencia materialista no es un título ingenuo.

Damián Selci: No, claro. Y nosotros quisimos remarcar eso. Claramente tiene repercusiones ideológicas, pero no conviene empezar desde lo ideológico sino desde lo estético: se llama La tendencia materialista. Antología crítica de la poesía de los noventa. Es crítica en la medida en que los escritores incluidos tengan una justificación, un juicio de valor, una evaluación. En el prólogo se dice que si todas las antologías son arbitrarias por lo que dejan afuera, esta lo es más. Otras antologías tienen 25, 30, 40 poetas: eso pierde al lector y no constituye una intervención.
Ana Mazzoni: Antologías como Poesía en la fisura o Monstruos, que surgieron durante la efervescencia de este grupo, tenían por objetivo ser divulgadoras, propagandísticas: “este es el gran grupo de poetas que está produciendo en esta época”. Nuestra antología no puede tener ese mismo cariz. Forzosamente tiene que hacer una selección y una lectura. Obviamente hay un montón de poetas que vale la pena leer, no son estos 7 los únicos recomendables, pero sí son los que presentan una línea común y tiran las bases de un movimiento más amplio.
Violeta Kesselman: La idea es hacer un balance de la poesía de los noventa y decir estos son algunos de los más grandes aciertos del corpus, para que también les sirva a los escritores que en muchos casos —sobre todo en narrativa— parecen estar escribiendo como si nunca hubiera sucedido. Hablan, por ejemplo, del peronismo con una liviandad casi pop, mientras que en la poesía de los noventa hay lecturas críticas mucho más audaces en un contexto completamente desfavorable. Como decíamos, no son estos los únicos poetas que valen la pena leer; de hecho, al final del libro hay una cronología de publicaciones en la que realmente había muchas cosas y eso me parece que es otra cosa a atender: cómo puede ser que en los noventa, en un contexto totalmente desfavorable, donde no había el desarrollo tecnológico para hacer circular poemas en blogs y ese tipo de cosas, haya habido tal explosión de muchos buenos poetas.
Damián Selci: La respuesta que ofrecemos como tentativa es que la poesía de los noventa constituyó un sistema literario: tenía instancias legitimadas de valoración (léase Diario de poesía), instancias que coordinaban el surgimiento de nuevos poetas (talleres) e instancias de publicación con editores comprometidos de corazón con lo que estaba pasando. Esos son los tres puntales. Después hay un grupo de jóvenes que se van insertando de distintas maneras y el sistema empieza a ganar productividad. La crítica de la poesía que se producía durante esos años era intelectualmente honesta. Las tres o cuatro patas básicas del sistema literario de los noventa produjeron que haya 25 poetas de excelente nivel; nosotros seleccionamos a siete.

¿De quiénes son hijos los poetas de los noventa y de quiénes son padres?

Damián Selci: En general, la ideología reinante en los poetas de los noventa, es muy parecida. Seguramente no son hijos de la poesía de los ochenta aunque hay ciertos autores que son rescatados. Tampoco de los setenta ni de los sesenta. Los poetas de los noventa trabajaron con el mito de origen de creación ex nihilo.

Bien, pero ustedes destacan en el libro la influencia, por ejemplo, de la poesía estadounidense.

Violeta Kesselman: Sí. También es importante la presencia de Diario de poesía. Quizá no se veían como hijos o herederos de la camada de los poetas de los ochenta, pero el Diario del poesía era importante como un instrumento de publicación. Era una plataforma de circulación de material muy importante.
Ana Mazzoni: Otra de las fuentes donde abrevan es el objetivismo, pero siempre con lecturas muy personales, muy particulares.
Violeta Kesselman: Y muy dispares: Raimondi tiene atrás una biblioteca clásica muy importante. Punctum de Gambarotta, pero también Poesía civil de Raimondi tiene atrás una presencia muy fuerte de El Guadal de Daniel Helder. Va variando.
Ana Mazzoni: Ezra Pound, Joaquín Gianuzzi…
Violeta Kesselman: Lamborghini.
Ana Mazzoni: En el caso de Cucurto, la poesía latinoamericana. En la antología hemos puesto un pequeño prólogo a la obra de cada uno de los poetas seleccionados en la que, en ocasiones, se señala quiénes son los poetas de los que toma ciertos elementos. Pero es importante destacar que en todos los casos se rescatan determinados puntos de los programas estéticos, ninguno de estos poetas copia lisa y llanamente a su influencia, sino que la retoma.
Violeta Kesselman: Por eso puede haber una hibridación entre objetivismo y neobarroco. El libro debería servir para demostrar que los recursos no son ahistóricos. No es lo mismo tener un personaje abúlico que mira tv y dice frases fragmentarias sin sujeto ni predicado en 1995 que ahora. Parte de la potencia de la poesía de los noventa viene por ese lado. Ellos supieron tomar de cada poeta que leían lo que era útil para pensar su contexto y para escribir en el presente.
Damián Selci: Adaptaron. Le dieron un carácter material, concreto, situado y lo convirtieron en algo productivo. Una lectura valiente y audaz de Pound, Catulo o de quien sea va a depender de qué nivel de pertinencia se le puede dar en un contexto determinado. La poesía de los noventa tiene muy claro que está escribiendo en la Argentina en los noventa y no en un lugar y momento equis. Esa es la clave para que haya sobrevivido al clima de época.
Violeta Kesselman: Sobrevive porque es fuertemente histórica. Logra insertarse en la coyuntura o en el contexto de una manera productiva. Algo fundamental en la poesía de los noventa fue la lectura entre pares: cuando tus pares empiezan a influenciarte y te despegás de figuras tutelares, se puede hablar de cierta madurez intelectual y, sobre todo, de un nivel de honestidad importante para poder leer y valorar lo que hacen tus contemporáneos. Una honestidad que permite percibir algo como productivo y no solamente por el amiguismo.
Damián Selci: En la poesía de los noventa se discutía objetivismo y neobarroco, realismo, vanguardismo, peronismo, se discutía la poesía del sesenta, el legado del imaginismo. Se pueden mencionar diez, doce temas importantes de discusión: eso habla de vitalidad. El mismo ejercicio con la narrativa de los noventa no da el mismo resultado. Se puede medir la vitalidad de un sistema literario en relación a las discusiones que se están dando y el nivel de intensidad que tienen: en la poesía fueron muy intensas. El resultado es que se eleva el piso de exigencia. Los críticos son más exigentes, los pares son más exigentes, los amigos son más exigentes. Por qué tenemos veinte o veinticinco poetas tan buenos, algunos que han escrito tres o cuatro libros buenísimos o excelentes y otros que solamente diez poemas excelentes (lo que es mucho, igual). Cómo puede ser. O hay una explicación por la vía biológica-genética o había un sistema literario. Nosotros nos inclinamos por la segunda opción.

¿Por qué se cerró el sistema de la poesía de los noventa con Poesía Civil de Raimondi?

Violeta Kesselman: Poesía Civil es un libro de 2001. Paralelo a la crisis, pero venía escribiéndose desde unos años antes. Rubio dice que Poesía Civil mató a la poesía de los noventa, no en el sentido de que invalidara todo lo anterior, sino en el sentido de que puso un nuevo piso. Después de Poesía Civil ya no se puede seguir escribiendo el mismo tipo de poema político o materialista. Introduce una serie de variables a nivel formal pero también a nivel ideológico que te obligan a reordenar una serie de cosas. Y, además, seguir escribiendo como en la poesía de los noventa después del kirchnerismo me parece un movimiento errado: los recursos, los procedimientos, los temas, los tonos son históricos. No hay nada más histórico que un tono. Poesía Civil es un cierre en términos formales.
Damián Selci: Es el último libro de la generación que aporta una novedad formal clara, distinguible e indiscutible. Cualquier lector habituado a la poesía de los noventa creo que coincide con el juicio.
Ana Mazzoni: Poesía Civil extrema la tendencia materialista. Por eso cierra también cierra la antología. Hay un poema que se llama “Qué es el mar” donde, en lugar de perderse en elucubraciones románticas acerca de qué clase de entidad enorme e indefinida es el mar, Raimondi especifica cada uno de los negocios, de los tratados internacionales, de los elementos que se pueden producir a partir del mar. Poesía civil es una especie de historia económica del puerto de Ingeniero White, que pasó de ser una ciudad pequeña de pescadores a ser el polo petroquímico más grande Latinoamérica. Ese es el procedimiento que prima en el libro y que de alguna manera es la culminación de esa tendencia materialista que nosotros registramos en la poesía de los noventa en general.

¿Por qué no se armó un nuevo sistema con la poesía del dos mil?

Damián Selci: Yo lo explicaría por la debilidad de los puntales del sistema literario que eran tan firmes en la poesía de los noventa. Básicamente se pierde el eje de gravitación que tiene el periodismo crítico en el Diario de poesía y las instancias de reconocimiento general.
Violeta Kesselman: Hay muchas más publicaciones pero sin una contención de términos estéticos y de formación. Es muy importante acompañar al escritor cuando está escribiendo. Si no lo contenés, si no lo acompañás, es más difícil que el sistema se consolide, crezca y salgan cosas realmente nuevas.
Damián Selci: En los noventa hay veinte, veinticinco poetas, una biblioteca clara. Después no. Una de las causas, seguro, es la desaparición de las instancias consensuadas de legitimación. Está también el tema de que en la medida en que el sistema pierde fuerza, el mito de la poesía de los noventa crece exponencialmente. En el medio, el país cambia cultural y políticamente. Cambia un montón de cosas y me parece que todavía no hay poetas contemporáneos que se preocupen por eso. El poema promedio contemporáneo tienen la misma tonalidad de la poesía de los noventa, apagada, neutra, cínica, con la imagen bien construida… hay un problema. Decrece el materialismo. Por más que el poema hable de cosas concretas, el materialismo no consiste en lo sensible sino en el hecho de que los escritores trabajen en relación a las condiciones concretas y materiales en las cuales se están moviendo.
Ana Mazzoni: Creo que coincidiríamos que en lo que falla la poesía contemporánea es en la incapacidad de ver cuál es el espíritu de la época.
Violeta Kesselman: También se da en la narrativa. Algo que sucedía en los noventa y ahora sigue ocurriendo. Tiene una suerte de falso materialismo, la utilización de referencias políticas como puro insumo literario sin que haya nada atrás, un falso materialismo.
Ana Mazzoni: Pareciera en algunos casos que hablar de, por ejemplo, el kirchnerismo alcanzara para que la novela fuera contemporánea. En realidad hay poco registro en la literatura joven en general sobre qué alcance tienen esos cambios materiales, cómo nos han modificado la vida cotidiana. Parece que eso no termina de entrar en el poema. En algún momento nos preguntábamos qué pueden tener en común una poesía naïf de Fernanda Laguna con el estilo monográfico de Sergio Raimondi, por qué están juntos en una antología hoy, por qué formaron parte y se reconocieron en un colectivo. Bueno, justamente porque compartían una percepción del espíritu de época.
Damián Selci: Finalmente, tener una perspectiva materialista es razonar desde donde se está, tener una conciencia histórica de los recursos. Algo que me gusta personalmente de la poesía de los noventa es la falta de ilusión de los sistemas usuales de consagración: a nadie le importó eso. Hay pequeñas enseñanzas éticas en distintos autores sobre qué puede esperar un escritor de verdad respecto del sistema de consagración convencional.

¿Es tan importante la crítica como factor constituyente de un sistema?

Violeta Kesselman: ¡Sí! En términos de formar nuevos lectores y, repito, de formar escritores. Los escritores se forman, no solamente en los talleres o con lecturas entre amigos, sino también leyendo crítica. La crítica tiene una función pedagógica. No sé por qué mucha gente se empeña en decir que es autoritaria. Supongo que es por pereza intelectual o por deshonestidad. No hay nada de malo en la crítica.
Ana Mazzoni: Sucede que últimamente la crítica puede aparecer desdibujada. Hay críticas en las que se adjetiva poco, se escatiman las argumentaciones concretas. Hay reseñas en las que no entendés si el reseñista piensa que el libro está o no está bueno, si le gustó o no, si le gustó pero no sabe por qué, etc. Otras veces hay enunciados fuertes, jugados, arriesgados, pero sin argumentación que los justifique.
Violeta Kesselman: Una buena crítica, fundamentada, tiene que enseñar. Hay mucho temor a que la crítica cierre, pero es justamente al revés: te permite leer otros textos, te permite pensar cosas sobre tu contexto y, si sos escritor, te permite escribir mejor.
Damián Selci: Si la valoración no es establecida por la crítica, entonces ¿quién lo hace? Respuesta: los que tienen más poder, los que ponen un afiche más grande en la calle, los que tienen mejores contactos. O sea: volvemos al medioevo. La crítica devuelve la posibilidad a todos desde cero. En la medida en que la crítica es un lazo social, es un discurso que se establece en democracia donde todos tienen derecho a publicar su texto, discutiendo y exhibiendo argumentos. El mejor libro es aquel que pueda defenderse con más y mejores argumentos. La poesía de los noventa tiene un sistema literario, ¿qué tiene la narrativa de los noventa? Un mercado. En el momento se lee un montón; diez años después no los lee nadie. O casi nadie. Tiene que haber instancias de crítica en lo posible consensuadas por la mayoría. Si no tenés una instancia crítica reconocible como tal tenés guerra y el empate perpetuo entre los grupos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...