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| Fuente: www.ana-lafragua.blogspot.com |
Siesta
Nos dábamos la espalda
ese sonido ahogado
madre, qué era:
por primera vez te escuchaba llorar,
me quedé quieta
apreté la almohada contra la oreja
la almohada con el olor de tu pelo
no pregunté
no me di vuelta
esperé que pasara pero crecía
tu llanto
entre las dos.
Hicimos lo que pudimos, quedarnos
cada una en su lugar
y en algún momento dormirnos.
Como y duermo con un desconocido
Lo que un avión
permite:
el filo moderado
de un cuchillo,
dos o tres formas
de acomodar el papel metal
plegado
prolijamente o hecho un bollo, las mismas formas
de acomodar el cuerpo en el asiento
ahora que la
azafata apaga las luces sin palabras de despedida
como una madre
severa o muda,
esta cabeza
desconocida no encuentra el lugar
no se entrega al
sueño
cae en mi hombro,
se levanta
prudente
oscilación
del vino en la
copa descartable
no cruzamos
palabra
pero algo cruza
cada tanto
la frontera del apoyabrazos
mi mano que
alcanza
la copa a la
azafata, o el ritmo de esa respiración
que se agrava, se
resigna
se quedó dormido,
pienso
pero quién
se quedó dormido
no tiene nombre
se quedó dormido
insisto y mis
párpados
se van cerrando
como una madre
cierra
lentamente la
puerta
hasta escuchar el
click
mi cabeza cae,
estoy
en el hueco de un hombro.
Silvina López Medin (1976, Buenos Aires, Argentina)
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1 comentarios :
¡Bien! Gracias por publicar estas dos poetas que acabo de leer.
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