Ducha cartaginesa
a Mora y Valentino Ortiz
Primero lavé mi cuerpo
con el runrún de unos grillos extraviados en la fulgurante
noche
Luego lavé mi cuerpo
con el secreto de los árboles
Y lo lavé
con la cadencia de una mañana que creía olvidada
con la cadencia de una mañana que creía olvidada
Lavé mi cuerpo
con la audacia de un relámpago atronador
Con un ladrillo lo lavé
Con una canción oxidada
Lavé mi cuerpo con una mujer violeta
Y por mas que lavé y lavé mi cuerpo
el trompo negro del corazón de mi tristeza
no se ha disipado
él brilla entre las uvas del sol.
De: "Elogios y otras intemperies", 2012
Biografía
Cuando ella lo dejó, primero las lágrimas le arrebataron el
horizonte.
Y así nació la ceguera del corazón.
Y así nació la ceguera del corazón.
Más tarde, inconsolable, se mordió las manos hasta sangrarse.
Y así nació el hambre de las noches.
Y así nació el hambre de las noches.
Luego, escribió frases ilegibles en el barro, que después
borró la lluvia.
Y así nació la sed de la memoria.
Más tarde aún, el búfalo de la vigilia le derribó el sueño, repetidamente.
Y así nació la sordera del insomnio.
Al fin, pudo ver en el espejo que un solo día le había costado cien años.
Y así nació la sed de la memoria.
Más tarde aún, el búfalo de la vigilia le derribó el sueño, repetidamente.
Y así nació la sordera del insomnio.
Al fin, pudo ver en el espejo que un solo día le había costado cien años.
Así nació la pena.
De: “Un caballo con una oreja azul”, inédito
Los días muertos
Escribo que te amo, mientras bebo el secreto licor del
desvarío.
Escribo bajo el peso suspendido de tu ausencia
-escorpión alado y mudo-
Escribo que te amo, en la noche anegada y afirmo:
tengo
corazón que tiembla y suda,
como un caballo rojo.
¡Oh corazón mío!
¡Caballo palpitante y mojado!
¡Matungo de nubada enrojecida!
Le haré una pampa, con éste, tu silencio,
escribiendo que te amo,
inclinado
y solo,
semejante
a un puño hundido, en la noche anegada.









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