D.H. Lawrence




Piano





Suavemente, al atardecer, una mujer me canta; 
llevándome a la perspectiva de los años, hasta ver
a un niño sentado bajo un piano, estremeciéndose en la resonancia 
de las cuerdas
y presionando el pequeño y sereno pie de una madre que sonríe mientras 
canta.

A pesar mío, la insidiosa maestría de la canción
me traiciona y lleva hacia atrás, hasta que el corazón mío llora por pertenecer
a las viejas tardes de domingo en casa, el invierno afuera
con himnos en la sala confortable, la resonancia del piano nuestra guía.

Entonces, ahora es en vano que el cantante rompa en clamor
con el appassionato del gran piano negro. El encanto
de los días de la infancia me rodea, mi adultez está anclada
en la marea del recuerdo, lloro por el pasado como un niño.


David Herbert Lawrence (1885, Eastwood, Inglaterra / 1930, Vence, Francia)
Versión: Marina Kohon



Piano


Softly, in the dusk, a woman is singing to me; 
Taking me back down the vista of years, till I see 
A child sitting under the piano, in the boom of the tingling strings 
And pressing the small, poised feet of a mother who smiles as she sings. 

In spite of myself, the insidious mastery of song
Betrays me back, till the heart of me weeps to belong 
To the old Sunday evenings at home, with winter outside 
And hymns in the cosy parlour, the tinkling piano our guide. 

So now it is vain for the singer to burst into clamour 
With the great black piano appassionato. The glamour 
Of childish days is upon me, my manhood is cast 
Down in the flood of remembrance, I weep like a child for the past. 

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NOTAS

// ALICIA SILVA REY: Una presentación solemne / Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida. // VALERIA CERVERO: En septiembre de 2016 salió "Sin órbitas", en la bella edición de El ojo del mármol, y el mes pasado presenté "madrecitas", gracias a la cuidada edición de Barnacle. Podría ser la última tarde aquí o tal vez el tiempo se detenga sin pedir permiso. El cielo es allá afuera, casi árido, y esta casa se esfuerza en su tarea de abrigar, de sostener lo suyo. Las risas de los hijos quiebran el volumen que permite entender las voces; la mirada llega sola a cada personaje y la historia es la misma y otra a la vez. In the mood for love: insiste la palabra a través de la muerte. La música multiplica el instante y casi invita a olvidar cada tono. Pero el secreto es un hoyo pequeño en un muro que brota. (De Sin órbitas)