Clara Fernández Moreno

Fuente: intercuerpos.blogspot.com
Mujer que llora





ella llora con ojos anegados como esos patios por donde corren las grandes lluvias
o las paredes en que las tormentas resbalan
extendidamente el ancho de una mano sobre su nivel

sus pestañas son breves aleros donde el agua se acumula resbala sobre las mejillas
toma la forma de la cara cubre cada pliegue
baja sobre los labios
entre los labios y el mentón
hasta llegar al encuentro de garganta y nuca

está impregnada entre las ropas
las frentes de otros apoyadas en las suyas no la calman
una voz cálida la desata
moja con lágrimas plomizas un pañuelo calado llora ávidamente
estirando sus pelos enjuta y apagada con duelo
con lujuria

es que su llanto empieza en los tobillos sube por las caderas








Ensueño





Desde ahora
el tiempo me adormecerá me dejaste el relámpago
el bauprés de la tempestad una bahía donde el sol no cae detuviste el tiempo
el zarpazo del día mi amado


dulce como las frutas bosque oscuro y brillante veloz y furtivo rayo nocturno


Clara Fernández Moreno 
De: "El día de la vida", Ediciones del Dock, 2012



1 comentarios

  1. Serena belleza de la soledad instalada en lo cotidiano, que es donde vivimos y desde donde Clara expone su palabra poética, su magia. Alto vuelo en estos poemas. Gracias, Pedro. Celia.

    ResponderEliminar

Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.