6 de mayo de 2013

Marcela Morel


Fuente: Propiedad de la autora
Soles, pajarera
la materna vista tierna
de las casas derrumbadas.

Corazones en el Centro
furgoneta, daban vueltas a la chacra,
la comanda un tío bueno:
el que " nunca tuvo hijos ".

Salvada caricia,
moneda del día,
¿quién paga? La misma
cordura que luego, jangada
de imágenes sacras, aquellos burlesques
devuelven al tío, Avenida Corrientes.

Sueños en hilera se aproximan,
¿quién paga el pulso, el devenir idiota,
la mañana?

Constante boliviana con las frutas,
pimentones y corpiños,
¿y el azar? Surco exacto entre los pelos,
quintaesencia.

¿Quién paga  a los ajenos muertos,
tatuaje del recuerdo y el arroz yamaní
integral? 

Calla el verso, costo impuesto
de un marido, libertades infligidas
a los días.

La música, salvando el habla
con el miedo del que olvida
sin deseo ante el azar.

La lluvia cava el lodazal del sueño,
un parpadeo entre las hojas de los libros
previos.

Y escalada de ojo abierto,
sonidos alternan en la sombra
tu presencia ingrata.

Silencio diera al concentrar
la palabra macerada,
el letal deterioro de la noche
y los días.





Dípticos





Caireles fragmentan
en rayos la mirada.

Tibias carnes gimen,
las tres de la mañana.

Perduran: el viento,
la sal medieval.

Arfando el agua
 mecida en sueños.

La noche clara,
... la callada.

Un mateo en extinción
circunvala monumentos.

... estúpida existencia,
... burguesa duración.

Las cortinas
mistongas, mal colgadas.

La vela
se apaga.

Ni Platón
con sus palabras.

Diera al verso
ritmo ajeno.

Corto vuelo.
... el pelechar.

Soliloquio del insomne,
la mentira matinal.

Suspicacia permitida:
humo, incienso, Paraná.

Recuerdo es un ave.
Se posa, se va.


Marcela Morel (1968)

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