Ana Lafferranderie

Fuente: Facebook



No puede usar ese anillo,  las cosas llamativas  la delatan.
Cubre su cuerpo y  si dibuja  evita lo deforme.
Siempre supo que lleva  la exuberancia como un tatuaje oculto
que podría extenderse y estallar.


Vive sola  en la casa de  infancia. Persiste el sonido punzante de aquellos pasos. Una luz siempre alerta en la cocina. Ella ansía despojar el espacio, que reine el cuerpo. Pero se
pierde en  los pequeños dominios, abstraída en rituales.


Por el  pasillo la madre vuelve con la  manta, hecha de lanas gruesas.
Aunque la hija disponga de su arsenal de abrigo siempre va a estar desnuda, vulnerable  a  ese  peso.


Estás para evitar que la noche sea noche y yo recuerde que este día termina. Tu descanso llega a mí. Un cuerpo pequeño respirando en su hueco es protector.  De otro modo estaría yo  acurrucada en el rincón último de la cama, atenta a cada movimiento de la cortina.


Distendimos el gesto con los ojos cerrados en lo alto frente al sol. Después, seguí tu espalda  hacia el centro del paisaje. Al  pasar sobre el río ojos de madre apaciguaban la mirada como ocurre cada vez que se cruza un puente.


Ana Lafferranderie (1969, Montevideo, República Oriental del Uruguay). Reside en Buenos Aires
De: "Volcar la cuna", Ediciones del Dock, 2012




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