Damián Lagos Fernandoy

Fuente: Facebook

El desierto


A la memoria de Juan José Saer (1937-2005)




Nosotros, que nunca supimos de dónde éramos, 
que de pronto despertamos 
y estábamos allí, 
junto a esa caravana de hombres oscuros 
y callados, 
cruzando ese desierto 
al que ellos jamás nombraban con otra palabra; 
a nosotros –digo mejor- 
nos fue invadiendo 
gradual 
un presentimiento, una sospecha 
que se abría paso 
a medida que pasábamos de una fila de dunas a otra. 
Nosotros seguiríamos avanzando, 
atravesando el desierto y el tiempo, 
entendiendo al final de nuestros días, 
como ese hombre, 
que la arena que dejábamos atrás 
no volveríamos a verla, 
no bajo esa forma palpable, 
sino como una sensación, 
cuando llegara la noche y el fuego. 
Y todos los días de nuestra marcha, 
como la arena, 
se amontonarían en otro lugar 
que no es ni el resto del camino, 
ni el resto de los días que nos quedan por vivir; 
una zona que nunca podremos precisar, 
pero que siempre estará acechando alrededor 
por las noches y ante el fuego.

Nosotros, 
que de pronto aparecimos junto a esos hombres, 
ahora seguimos el camino invisible sobre la arena, 
y detrás nuestro 
-y esto lo sabemos sin necesidad de que 
nadie nos lo haya enseñado-, 
detrás nuestro, 
el viento mueve las dunas, 
juega a cambiarlas de lugar, 
para que el desierto sea siempre 
el mismo.







De nada sirve el desconcierto al despertar.





El silencio de la habitación, 
los asomos de luz en la persiana,
brotan en la conciencia 
como señales de un lugar 
al que se va llegando.





Kabawata





Amanece sin prisa
y te miro dormir.

Sobre tu espalda desnuda
dibujo caracteres con mis dedos,
los signos que aprendí cuando niño,
y que quedan, invisibles,
los trazos de un antiguo poema
sobre tu espalda desnuda.

Luego me duermo lentamente,
mientras escucho tu voz 
recitando los versos
que dejé sobre tu espalda dormida.


Damián Lagos Fernandoy (1981, Temuco, Chile. Reside en Viedma, Provincia de Río Negro, Argentina)  



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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.