Gustavo Weisberger


Los hechos





Te doy mi corazón como un papel de calcomanías.
Te doy luz eléctrica una vez que pase la tormenta
por ambos cuerpos perros.
Porque lo cortante se halla al ras de la tierra y tu amor es mi cabeza apoyada en pasto reo.
Te doy una canción de Luis mientras escasea el agua en este mundo.
Te doy un vaso de vino tinto a las siete de la tarde.






Por la calle Alem





Bolsas de basura abiertas durante la noche
que pasó con su largo cabello frío, van apenas tres días
de empezado el invierno
y se nota, así nomás, la fe drogada en lo profundo del iris
de los que me cruzo camino al trabajo
a los cuales saludo con un leve movimiento de cabeza encapuchada
como quién no tiene raíz y no quiere saber mucho de nada
excepto de la irrealidad de lo ya caminado o dejado atrás.





El cuitado






Fue para el cuitado la grosura de trigo subiéndole desde el talón,
el rosal a la izquierda, unas cuantas uñas de Yahvé incrustadas en el pecho
metros de cuero agrio para cubrir la pateada bandera argentina
y en ese mismo lustro de vida, cruzarse de piernas de modo ordinario
a quién no se le da un mínimo de bola
y se le palmea la espalda y se le marca la ruta, allá, le dicen
aquél camino de parásito y chatarra.


Gustavo Weisberger (1966, Buenos Aires, Argentina)
De: "Coz"




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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.