14 septiembre 2013

María Lyda Canoso

Fuente: Facebook












siempre nunca





siempre nunca habrá un primer plano de chicos
jugando a construir un castillo

mar con viento y la arena sal amarga tan a
contraluz como la maledicencia

ella empieza el cuaderno azul intimidada por los
debe y los haberes

encuentra en lo escrito razones para creer que se
es feliz ¿alguien puede asegurarlo? no tanto
ahora que lo abre para que salgan los
moluscos que se le incrustan cuando de noche
el mar se mueve

batido del agua motor oceánico a tres tiempos
que no para de latir

corazón sobreactuado por quien le adjudica
víscera al milagro de la vida   pero no

los mecanismos del amor   pero no

motor que bombea el agua que alisa las pisadas y
borra heridas del alma   te imaginarás que no de
todas   ella se extiende y espera ola sin
esperanza

estuvo aquí exactamente

en esta arena otra en este mar otro que va y que
va   recuerdo de lejano infierno de playas
idénticas   eneros cargados de aceite de coco y
esas lonjitas de la piel

por el temor de dios se bate el agua a punto de
merengue   maquinaria incesante nunca jamás
el mismo sol crece dos veces

la cuña del viento se clava y filtra zumbidos
hipnóticos por rendijas y grietas dactilares del
caparazón soleado

pájaro que sangra
ojo que castiga

miles de puñalcitos uno al lado del otro clavados
con total prolijidad

así es el mar   guarda la memoria y deja que
uno sea   siempre

atravesar macizos hormigonados y luego un
pastizal al ras y no encontrar las cavernas
no   no encontrar las cavernas de la infancia
sí ver olas desconocidas arena en disposiciones
caprichosas y un cartel oxidado cocacola

-¿Será idea mía, madre? (nadie puede contestar)

el hotel majestuoso enorme ahora se muestra
afantasmado
la fiebre hace ver los corredores vacíos con
puertas alineadas sin falleba

el resplandor del resplandor del brillo del brillo

-Pero no.





restricciones del paisaje de campo





todo verde todo verde sucio que a contraluz se
hace azul oscuro casi negro   casi gris casi
marrón casi bordó de un auto o esos caños

recortado como una servilleta de confitería de
esas que ponen debajo de las tortas algo brilla
y es un techo no veo nada más en esta cinta
móvil toda igual espacio que transita el micro
hacia otro lugar idéntico   pero más allá debí
haber tomado un micro que fuera de un paisaje
mental a otro   pero no   si eso hubiera sido las
paralelas convergirían hacia el punto de fuga en
el horizonte habría espejismo allí donde la vista
lo borronea todo y en el espejismo un oasis con
palmeras y dátiles y un pozo con brocal eso por
un lado por el otro iría de atenas al colegio de
wimbledon de una mano a otra mano de un
asado crepitante a un pastel de papas de sur a
norte y de norte a sur todo el tiempo todo a un
tiempo   un expreso al frío y otro al fondo de la
pileta cerca de la rejilla allí donde eso zumba
zumba la proximidad del ahogo visión de
tablero y hoja en perfecta escuadra un árbol es
como otro un cilindro y un cubo   el plano
horizontal fuga fuga fuga al infinito   los autos
van todos en una misma dirección como en uno
de esos jueguitos alienados   dejemos de lado
su color en el plano horizontal hay clavados
innumerables palitos una diagonal lleva un
camión   ahora veo una pantalla de conos que
terminan en aguja gótica y que dan miedo
miedo de que suenen con el viento como el
llamador de ángeles del balcón de enfrente




María Lyda Canoso (Casilda, Santa Fe, Argentina)

De: "Abajo de abajo", Editorial Imaginante, 2013)




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