3/11/13

Carlos Vicente Castro



Todo y nada





Habría que decidirlo más que decirlo,
decir, decir, obse­sion­ado estás con ese decir,
Dile­tante. No quiero aparentar que caes
y des­de­cirme. Pero caes. Bien, a veces,
y no es por dárte­las de trovador, de esos de man­te­les verdes
en pre­senta­ciones de autodidactas.
Hemos avan­zado cual si se nece­si­tara para hacerlo
nada más. Nada más que nada. Ni crees en el sentido,
y eso es decir mucho, un decir. Por si fuera poco,
por si la nada fuera poco, Dile­tante. Sísifo está azorado
con tus gestos de buena vol­un­tad en el canal de la TV
que siem­pre evita, y que hoy de pronto se le puso enfrente
como una baila­r­ina exótica, expósita.
No ame­drentas, no sirves un exce­lente café
y no gus­tas de semi­l­las de café doradas y cubiertas
de choco­late. Es decir, es un decir, vales
sor­bete. ¿Madre? Eso ni se men­ciona. Y no sor­bas, no es momento. No es
una invitación a tu baile de más­caras en un yate de lujo
como el de un Pres­i­dente habituado
al shop­ping en heladeras. Y esto, todo, la nada,
para decir poca cosa.




Carlos V. Castro (1975, Guadalajara, México)

Fuente: revistacritica.com/
Imagen: Revista Crítica

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