08 diciembre 2013

Héctor Berenguer


















El retorno de Nietzsche





Un hombre igual a él,
quizás yo mismo.

Estará de nuevo aquí
dentro dentro de su carne.

Para mirarse otra vez más
entre las cosas de este mundo.

No sólo una vez,
sino infinitamente.

Este poema
será escrito igual que ahora
como un múltiplo.

Descubrirás también
en cada cosa,
su plagio eterno.

Su arquetipo indefinido como una falla cósmica.

Este que hoy es
su carne y sus ideas,
es otro,
pero es nadie.

¿Donde está ese original?
¿Ese infinito original que abrió las puertas de las repeticiones?

El poeta es su propia profecía.

Soy sólo Dionisio crucificado,
dijo él y su voz estaba extasiada de amor y dolor.

Su mirada que aún me persigue,
parecía decir;
"Somos el agotamiento de lo mismo"





La casa de arena





Gusto a sal en la boca,
principio y fin de todas las cosas.

Cuando el verano termine
el viento me tallará como a una duna.

Mi arrepentimiento es no terminar a tiempo
y que mis deseos permanezcan más allá de mi mismo.

Anoche tuve un extraño sueño...
Podía ver pasar la vida,
como se da la mano o la espalda.

Las cosas cambian su sentido y con ellas se detiene lo previsto.

Sé que hay otro mar e irrumpe en sueños su larga travesía,
piedra horadada que recoges lo que el cielo desprecia.

Vulnerable es el hombre nacido al amparo de su luz.

Cuando era niño solía susurrar exigente
el término del miedo,
ahora cuando llamen por mí, habré desaparecido.

Amo este día porque todo se pierde,
el estar aquí nada más que por nada,
cautivo y libre en un instante eterno.

Asumo esta vida extrañado
como si fuera de otro.

¿ Acaso no seré mi propia sombra ?


Héctor Berenguer (1948, Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina)

Fuente: Facebook
Imagen: www.sembrarpoesia.blogspot.com



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