Silvina Ocampo




Espera





Cruel es la noche y dura cuando aguardo tu vuelta
al acecho de un paso, del ruido de la puerta
que se abre, de la llave que agitas en la mano
cuando espero que llegues y que tardas tanto.
Crueles son en las calles los rumores de coches
que me dan sueño cuando estoy junto a tus ojos.
Cruel es la lluvia suave, furiosa que fascina
las enormes tormentas, las nubes con sus islas
cuando espero que llegues y que el reloj enclava
sus manecillas de oro en el corazón ávido.
Cruel es que todo sea precioso hasta el retorno
de la espera, y el lento padecer del amor.
Cruel es rezar sin tregua la promesa olvidada
de volver a ser buena, de sentir que redime
estar bien preparada sólo para la dicha.
Cruel es la luz, perfecta, de la luna y del alba
el alma de las horas sobre el campo y el mar
y crueles son los libros, la voluptuosa música,
hasta la anomalía de las caras etruscas.
Y es cruel aún después tener que ser humana
no convertirme, al verte, en perro, de alegría.





Silvina Ocampo (1903 / 1993, Buenos Aires, Argentina)
De: "Amarillo celeste", 1972


César Vallejo



¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.
¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!

¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coje un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!
¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez; amado sea
el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas,
el que lleva reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!

¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!
¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!





Enlaces: César Vallejo

Silvio Mattoni: "Si no escribo, no veo nada"


Antes de ayer, fui a leerles poemas, en uno de los colegios más caros de la ciudad, a chicos y chicas de diecisiete. En sus caras saludables, en los tonos de pelo castaños y rubios, en el interés de algunos y el desinterés de otros que miraban sus teléfonos, se podrían analizar modos en que los grumos del capital procuran seleccionar formas apropiadas, cuerpos decididos. Pero no hizo ni falta. Después de los poemas, uno trágico de un muerto, otro jovial de un amigo, uno mío que les contaba cosas bastante amenas, entre las preguntas forzadas por el poco brillante profesor de literatura que me había invitado, surgió lo evidente: “¿es rentable escribir?” Mi respuesta fácilmente negativa esconde otras satisfacciones, un modo derrochador y entrópico de entender la plata. Tuve que hacer de conde ante niños burgueses. 
Entre los suvenires que me dio la directora, empleada o ama de llaves del lugar, estaba esta birome con la que escribo hoy, grabada con el escudo moderno del establecimiento y su dirección en internet. ¿Será rentable la niebla de este cielo plomizo que hizo bajar el frío finalmente de un otoño que se acaba? Mi renta es el color verde apagado de los árboles en el día uniforme, bajo esta luz homogénea, sobre el prado que separa la biblioteca del rectorado. Pero también acá todo es expectativa, planificación, servicio al interés. Y si es un interés común, más servicial todavía. En un rato daré una clase sobre las cumbres de la experiencia que se alcanzan cuando no se las busca. Y a la noche, leeré más poemas entre jóvenes poco aptos para la supervivencia laboral en el mundo de la acumulación. Buscaré esas heridas o grietas en lo que son, lo que no se sabía y se presentía en ellos. Quizás en vano hasta que llegue el vino, la renta sustentable de las inútiles presentaciones de libros.



///




Una profesora que, podría decirse, fue una belleza bastante evidente aún vive sus cincuenta y pico con altivez. La veo comiendo delicadamente una ensalada de frutas afuera del bar, con una camisa blanca sin mangas y pantalones ajustados de rayitas blancas y negras muy finas. Ahora prendió un cigarrillo y sonríe a una altísima egresada que une su pelo castaño y largo a la mesa de la simpática fumadora. 
El tumulto es grande hoy. Parece que el mundo hubiese hecho nacer multitudes. Brillan en la cara maquillada de la amiga profesora sus ojos claros bajo unas cejas negras bien trazadas. Me miró un instante. ¿Tendrá todavía prendido el radar de saber cuándo la miran como una simple apariencia? Habla todo el tiempo. Casi raro fue verla un rato en silencio, pensándose. No creo que sus ideas sobrepasen la discusión de lo que comunican los canales de la actualidad. ¿Tendrá poemas guardados de la infancia? ¿Tendrá alguna preocupación que no sea política o amorosa? Hace años que no la miro bien, aunque hace un cuarto de siglo que la conozco. Si no escribo, no veo nada.


Notas extraídas de Facebook

Imagen: Obra de Carlos Alonso en www.arnoldogualino.blogspot.com



Andrea López Kosak

Fuente: Facebook



















Las raíces flotan
apretadas
adentro del jarrón de vidrio

¿qué jarrón?

se retuercen poseídas por el mismo
diablo: ¿lo ves?
ahí arriba

una reacción
provocada por la dosis que previene del contagio

flotan adentro apretadas por el mismo jarrón las raíces

.................

mentira, todas nos ahogamos en una copita y cada invierno
volvemos a generar
expectativas falsas

¿eso?

no, ahí no, más arriba

nos previene pero al final de la alucinación que provoca

..................

me toca a mí
meter la mano
sacar del fondo
una planta que desaconsejan
para interior

...................

un diablo pero no el mismo
que me poseyó había advertido sobre los efectos
del anticuerpo, las raíces que flotan

...................

¿qué jarrón?
lo transparente detrás de lo cual se advierte un interior retorcido

...................

se abren los malvones
rojos
al día
y a la noche todavía perfuman los narcisos

eso
no lo había advertido nadie





/





Pero es así de grave, un niño solo en el recreo. Sueña con saltar.
El arco de fútbol cae sobre él a la altura de la garganta.
Pasan la noticia en la televisión.
El mundo es un lugar muy peligroso. Nos concentramos en contra.
De lo seco.
De lo austero, de lo pobre.
La maleza del monte es descubierta, en la hoja del machete, reflejada.
Soy la protagonista. Estoy a favor. Lucho.
En lo denso. En lo oscuro. Montan el sueño y su desenlace fatal.
Y en la carretera interceptan un camión de ganado. La gente tironea, descuartiza. El
taxista lo recuerda bien.
El hambre, me dice.

Hay que ser salvaje como una flor amarilla.


Andrea López Kosak (1976, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina
De: "Le dan hueso", Cinargo Ediciones, 2012)



María Cristina Ramos

Fuente: lmneuquén.com.ar

Música





Corté su azul como un hilo de encanto,
como un racimo que ya no prospera.
Como un cauce donde tal vez había
el cristal que el agua alumbra de la nada.
Corté su escaso cielo por lo sano,
ya no más la suavidad del escondite,
música donde bebía mi silencio.
Suele pasar con retoños tardíos
que brotan, indefensos,
de la rama quebrada.
                             




Viaje





Ha traído un baúl lleno de historia en pena
y está en la galería posado su silencio.
A su lado es el hombre el que viaja y no llega
desde su origen al puerto inesperado.
Madera descubierta con metal afligido,
el baúl guarda en celo su búsqueda viajante.
El hombre está parado a orillas de este cielo
que ajeno se desborda de estrellas ignoradas.
El baúl toca tierra de rincones esquivos,
él se pliega en el hondo recelar de sus años.
Las aves migratorias siempre son extranjeras;
nunca se vuelve al cielo que una vez se ha dejado.






La que huye





Tengo que hablar seriamente con la liebre.
No sé por qué me busca con un rabo de sombra,
la he visto complacerse en la hierba,
alumbrar su pelaje en escondites.

La he visto con sus largas alertas
detenerse y mirarme,
                   como quien esgrime una pregunta
y después esfumarse en hebras de desierto.

Tiene que haber un modo
                   de entender su mirada,
con razonable pausa alcanzar su carrera.
Llevo siglos en esto, ya no aparto la alfalfa,
                   me tomo este sosiego
de esperar que algo cambie
                   en un claro del mundo.





María Cristina Ramos (1952, San Rafael, Mendoza, Argentina)
De: "En un claro del mundo", Editorial Ruedamares, 2012

María Laura Decésare

El guardián de bigotes largos





Me despierta
con su pata sobre mi cara
lo miro de reojo sin entender
el coraje en su mirada.
Será que una vez más
me salva de la pesadilla
para aliviar con su ronroneo
el sobresalto anterior.








Luna triste





La noche no sueña
y es temprano todavía,
un bocinazo a lo lejos
luces fijas en un punto
docenas de párpados abatidos
deambulan
por espacios habituales
y la luz del hospital
nunca se apaga.
Una leve brisa
balancea las maderitas
del balcón de al lado,
interrumpe
por un instante
el llanto de los gatos.


María Laura Decésare (1969, Rufino, Santa Fe, Argentina)
De: "Vida de gatos", Ediciones del Dock, 2012

Diego Filloy




Tan lejana
y concisa
esta tristeza

Tan pausada
sobre mis hombros

Esta tristeza,
un lúcido desmoramiento
de rutina y ocaso.





//





Tragos,
rigurosos tragos,
con este mero rigor de lo inevitable.
O con este apego omnímodo,
esa nómade
                   precisa paciencia,
ese estricto candor
de vislumbrar en el aire
la oceánica reticencia de las estrellas.





Plagio menor a Carlos Baudelaire





Amantes del solaz y de la guerra,
los gatos indistintos, portentosos,
de por sí contrariados, veleidosos,
mas de temple voraz en la desferra

De asertos oreados, sigilosos,
los colma fría el alba de la tierra,
mientras la noche urdida los aferra
en desvelos ajenos, poderosos.

Sus orejas aguzan tempestades
y reticentes formas de verdades;
observan ellos todo en lejanía

Con el designio del fervor oculto,
con el sesgo a trasluz, con la armonía
imperial de lo bárbaro y lo culto.


Diego Filloy (1978, Villa Huidobro, Provincia de Córdoba. Reside en Buenos Aires)
De: "Poemas en línea de fuego", Ediciones del Dock, 2013



Anníbali / Di Benedetto

Fuente: griseldagarcia.blogspot.com

Elena Anníbali: Los trenes





un día los viajes cesaron

a las dos, a las cinco,
los trenes cruzan el pueblo
vacíos,
fantasmales

su vapor se confunde con la niebla
que ciega a los caballos
con el humo de neón
de las cafeterías públicas
con el tabaco amargo de los suicidas
que a esa hora
en grupos
van a mirar los rieles
a oler el perfume del aceite ardido

una noche recordé a la mujer etrusca
que sacó un pañuelo blanco
por la ventanilla
y me hizo la seña del adiós

así de antigua es la felicidad
así de inexacta

las máquinas no hallan
las salidas

su timbre de soledad
nos hace doler el corazón


Enlaces:Elena Anníbali
Fuente: comunicacionpatagonca.blogspot.com

Bruno Di Benedetto: Construcción  del espejismo





No es indispensable un desierto.
Se puede prescindir sin pena de beduinos y  palmeras.
Alcanza con una superficie plana recalentada al sol,
aire frío sobre aire caliente, un rayo de luz quebrado
y torcido por la anomalía, guardar la debida distancia y ya:
se confunde eso que llamamos cielo
con agua que te ha de salvar.

(Un espejismo está hecho de cosas que apenas existen
dispuestas en el orden correcto y en línea con tu ojo.
Lo que da realismo al conjunto es la agonía de tu sed).


Enlaces: Bruno Di Benedetto

Blas de Otero

Fuente: www.trianarts.com

Lo fatal





Entre enfermedades y catástrofes
entre torres turbias y sangre entre los labios
así te veo así te encuentro
mi pequeña paloma desguarnecida
entre embarcaciones con los párpados entornados
entre nieve y relámpago
con tus brazos de muñeca y tus muslos de maleza
entre diputaciones y farmacias
irradiando besos de la frente
con tu pequeña voz envuelta en un pañuelo
con tu vientre de hostia transparente
entre esquinas y anuncios depresivos
entre obispos
con tus rodillas de amapola pálida
así te encuentro y te reconozco
entre todas las catástrofes y escuelas
asiéndome el borde del alma con tus dedos de humo
acompañando mis desastres incorruptibles
paloma desguarnecida
juventud cabalgando entre las ramas
entre embarcaciones y muelles desolados
última juventud del mundo
telegrama planchado por la aurora
por los siglos de los siglos
así te veo así te encuentro
y pierdo cada noche caída entre alambradas
irradiando aviones en el radar de tu corazón
campana azul del cielo
desolación del atardecer
así cedes el paso a las muchedumbres
única como una estrella entre cristales
entre enfermedades y catástrofes
así te encuentro en mitad de la muerte
vestida de violeta y pájaro entrevisto
con tu distraído pie
descendiendo las gradas de mis versos.



Blas de Otero (1916, Bilbao / 1979, Madrid, España)



Javier Galarza


220





tengo un lenguaje
donde romperme
donde decir no
no era esto
lo que buscaba
ando pasado
enchufado
a 220 volts
trato de bajar
con pastillas
pero sigo
ardiendo
no sé
si me
curaste
cuando
estuve
roto
no
no me
curaste





callados




días
del tiempo
en silencio
las
palabras
duermen
lo que
dijimos
y
lo que
no





pasión





cuerpos
en reversa
contra
el espejo
la calle
tiembla
la
eternidad
dura
hasta
que me
pongo
el saco






periferia




bahías astilleros
hangares
puertos de luz
lumbres y relumbres
del tiempo en la avenida
destellos y reflejos
de la aurora
en las vidrieras
claros de suspensión
del tiempo y lo finito
hacia donde la vida
cobija sin lugares





cántico





toda
verdad
instaura
lugares
a
devastar
pues
no es
morada
la certeza
que más
vale
devastar





Javier Galarza (1968, Buenos Aires, Argentina)
De: "Refracción", Añosluz, 2012)

Imagen: www.letradecambiogeneraciónveintiuno.blogspot.com


Tomás Watkins

Fuente: www.laseleccionesafectivas.blogspot.com

Sade





Pocos hombres
al reverso
del espejo
son lo mismo





Quijote





El juicio prepara el concepto
yo me aferro a mi lanza
y jalo las bridas del viento

Mi cabello se funde en las crines
de lo irrevocable
de lo que es
hacia lo incierto y el futuro

Represento la voluntad del hierro
soy héroe por amor y por olvido





Byron





Los monstruos celebran el exceso

El viejo mandamiento
de amar y sufrir
calladamente





Tomás Watkins (1978, Neuquén, Provincia de Neuquén, Argentina)
De: "Mitología", EDUCO, 2012



María Belén Aguirre

Fuente: Facebook
Estoy seca.





Para romper la piedra,
el viento basta.
Y la ola.

A mí me quiebra
el hálito de un niño
en la distancia.

Estoy seca.
Por las noches cuando sueño
ya ni sueño.

Todo es tan solo
de repente
real.

Estoy seca.

El diario anuncia un aguacero
que aquí no mojará.
Le faltan gotas.
Le sobran alcantarillas.

Preferiría que pudieras
-si quisieras hablarme
de París
en Montparnasse...




//





Ahora te escribo desde la última rama
del árbol más alto de este mundo.

Es otoño y el viento
ha tendido
sobre la mansa tierra
su hojarasca crepuscular.

Te escribo para contarte que estoy bien.
He comido y bebido como un pájaro.
Lo necesario.

He aprendido a escalar las ramas secas sin
romperlas.
A seducir sin estrépito a las aves de presa.
Y a huir a tiempo.
A desconcertar a los gatos.
Y a robarles entre risas un rasguño de aire.

Te escribo para contarte que estoy bien.

En el cielo una nube
acaricia la cresta de mi peinado nuevo.

Es alto y firme.

Ahora juego a prolongarme.


María Belén Aguirre (1977, San Miguel de Tucumán, Provincia de Tucumán, Argentina)
De: "Praga en dos", Ediciones de la Eterna, 2012)


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Señalador




...Esto es lo que cae: agua helada
en las manos; lo que das lo recibo
con un espasmo.
Fría, más que helada,
es el agua. Cae de a poco.
Esto es lo que doy:

mi necesidad arde
como una rosa en sereno...



...La noche traspuso los umbrales del horizonte
la vida transcurre ahora más lentamente
El silencio traza surcos de soledad
sobre la tierra desnuda
y el tiempo,
más detenido que nunca
golpea aún nuestro cuerpo...

Pablo Seguí

Fuente: www.poetassigloveintiuno.blogspot.com


Este cuerpo





Cuerpo que canso, que camino, que
hago sentar, que duermo, que desnudo:
pétalos de sudor,
y volverse a esperar.

Cuerpo oxidado, escolopendra en quiebre,
manija sin destino, esparadrapo:
pétalos de olvidar,
y volver a querer.

Yacija resentida
por mi viente abombado,
por no poder decir.

Silla que se acogota
de verme tan pasivo,
de despreciar mi sed.

Cuerpo proclive al morbo, a la torsión,
huesitos, carnecitas, mucha grasa:
nadie quiere besar
este cuerpo, y se va.





Con otra cosa





Habría que intentar otro pesar,
otra alegría, un sitio
distinto para esta alma que se espeja,
sombra de gestos, nido
de nimiedades. Algo como el ojo
renunciando al sopor
que lo distancia de los vates, sino
volviendo a pernoctar
con la estrellas. Brisa que restalla
en la conciencia, gracias
que doy al mundo indiferente que,
sin embargo, me roza.
Ojo de letras, gestos que la muerte
me sabe sin pensarlo,
catafalco que, urdido, se establece
por años, esparciendo
lo mórbido hasta un punto en que me ciega,
ojo que no respira,
pronunciación de un álamo gregario
que a Caronte se dio
porque creció. Volverme, de algún modo,
hacia la mesa, o hacia
el paladar llagado, o hacia el muelle
del nunca partí,
que no me espera, pero que es anuncio
de una viva emoción.
"Rosa posible, espera la esperanza,
atada a lo presente",
podría murmurar. Pero yo sé
que el sedimento sólo
con otra cosa se desprende que
con la paciencia. Nada
que ver con la voluntad. Sólo un desvio
del átomo, un relámpago.





Cada uno por su lado





Hoy también callaremos, como calla el osario
de lo que no nació, torpes y recurrentes,
y beberemos mucho, y reiremos más,
con la jeta torcida, desalmados sin gracia.

Y el fecundo presente proveerá de excusas
para las horas de ángel, aljibe que se ahoga,
y nos criticaremos sin piedad, minuciosos,
distantes, enervados, eje que se deshace.

Somos tan predecibles...La mañana se acerca
y vos despertarás y leerás, calculo,
estos versos que buscan matices que te traigan,

Fuimos tan imprudentes...Me acostaré queriendo
- sin mucha fe, no creas - que suene el celular,
que me digas que no, nada que ver, yo nunca...


Pablo Seguí 1973, Ciudad de Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina)
De: "Naturaleza muerta", Ediciones del Copista, 2011