Edel Morales



En la línea verde





Leyendo a Baudrillard en la línea verde del Metro
entendí por un instante, en toda su ironía,
aquello de que el objeto y el sujeto son lo             
      mismo.
Es la verdad de este mundo:
el asesino y la víctima,
el origen que se dilata y estalla,
el destino que se contrae y estalla.
Una dualidad de mirada y reflejo
que el devenir resuelve
en la incertidumbre de la huella en la Nada.
Acogidos por la transparencia
los pueblos del espejo entraban y salían a sus anchas
en el espacio-tiempo de los vagones silenciosos,
con toda su alteridad a cuestas:
eran ellos mismos y distintos,
una misma persona,
en último término, en última instancia:
la certeza imposible de lo Uno.
O quizás no llegué a entenderlo del todo
y fue solo una ilusión,
apenas un instante, lo he dicho:
la pasión de la ilusión que se muestra y huye,
sacudiendo el vértigo
de un cuerpo arropado en duermevela;
o el paso de una partícula inestable,
yendo y viniendo en los dispositivos de la línea verde,
con la lucidez de una mente enfocada,
perseguida hasta la desaparición,
por el ojo inflexible de las cámaras de vigilancia,
bajo el centelleo eficaz de otras imágenes hiperreales,
ya carentes de inocencia.





De: "Lejos de la corriente", Ediciones Unión, 2004





Corte de luz





Toda la noche la casa ha estado vacía.
Viajaba en esa oscuridad:
Babilonia, Atenas, el Cuzco
—ciudades que invitan a vivir otra vida
en calles trazadas para el ejercicio y el goce del amor.

Echado en la cama durante toda la noche
mira al techo vacío de la casa:
es blanco y está totalmente limpio de significados.
Pero hay tanta promesa de vida en la contemplación,
tanta posibilidad en las preguntas
que la incertidumbre y la blancura de un techo aceptan.

Barcelona, Buenos Aires, La Habana
—ciudades que ha visto pasar desde siempre
en el tiempo de la meditación que impone una casa apagada
(ni demasiado suyas, ni demasiado ajenas,
ni demasiado iguales)
invitándolo a vivir una vida distinta
en calles trazadas para el ejercicio y el goce de la libertad.

Las mira desvanecerse mutuamente
después de habitar en ellas durante muchas horas.
Sabe que volverán en el próximo corte de luz.
Como vuelve en el techo iluminado de la casa
el tiempo de la realidad y de la poca acción.





Edel Morales (1961, Cabaiguán, Cuba)
Fuente: www.isliada.org

Imagen: pagina 1- jose pivin.blogspot.com











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