22 febrero 2014

Miguel Ángel Petrecca



La voluntad





Es la hora en que los sillones se desinflan despacio
y los hombres van hundiéndose sin darse cuenta de ellos
mientras ponen a girar en su cabeza un disco rayado.
Afuera las casas nuevas con sus fachadas de cotillón
sugieren un consenso alegre que las de otra época,
en vez de desmentir, se encargan en silencio de reforzar.
Figuritas en pose de declamación ilustran el libro de texto
que hojeaba esta mañana sentado con una pierna sobre otra
gozando de la perspectiva que provee la historia:
no encuentra inspirador ahora el alarde que otros
hicieron de su propia voluntad, pero también odia
dejarse llevar por el tibio, tóxico interés en el pasado
que surge a veces en las mudanzas del encuentro
con una vieja bitácora. Gira sobre sí mismo ahora,
y gira sobre sí mismo, dos veces, y gira de nuevo
una vez más y siente que si sigue girando así
una y otra vez va a terminar por perforar el piso,
y va aparecer de golpe en las antípodas de su propio dpto,
mirando la cara de su vecino como quien cavando un pozo
desde acá se encontrara de repente cara a cara con un chino.




Enlaces: El poeta ocasional
De: "La voluntad", Bajo la luna

Imagen: editorialexcursiones.com

1 comentario:

  1. mui bueno te felicito
    http://gargulasdark.blogspot.com.br/

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