Raymond Carver




Circulación




Y al fin todos están reunidos
                Louise Bogan



Para cuando empecé a notar dolor
y desperté, la luz de la luna
inundaba el cuarto. Tenía el brazo paralizado,
sujeto como un viejo ancla bajo
tu espalda. estabas soñando,
dijiste luego, que llegabas pronto
a un baile. Pero después
de un momento de ansiedad, estabas perfectamente
porque en realidad era un mercado
callejero, y los zapatos que llevabas,
o no llevabas, era los adecuados para eso.

"Ayúdame" - dije. Y traté de alzar

el brazo. Pero allí se quedó, doliéndome
incapaz de alzarse por sí solo. "¿Qué te pasa?"
- y me quedé mudo, inmóvil.
Le gritamos, y aumentó el miedo
cuando no respondió. "Se me ha dormido" -
dije, y al oír estas palabras
comprendí lo absurdo que era. Pero
no conseguía reir. Nos las arreglamos,
entre los dos, para levantarlo. Este no es mi brazo -
es lo que seguía pensando cuando
le dimos golpes, lo pellizcamos, y
lo devolvimos a la vida,
Nos dijimos pocas palabras uno al otro.
No recuerdo qué. Lo que suelen decir
para tranquilizarse las personas
que se quieren entre sí
dada la hora y la extraña
situación. Recuerdo
que señalaste que había suficiente
luz en la habitación como para que
distinguieras ojeras en mi cara.
Dijiste que necesitaba dormir de un modo más regular
y estuve de acuerdo. Fuimos uno detrás del otro
al cuarto de baño y volvimos a la cama
por nuestros sitios respectivos.
Nos tapamos. "Buenas noches".-
dijiste, por segunda vez aquella noche.
Y quedaste dormida. Quizá
dentro del mismo sueño, o de otro distinto.

Quedé tumbado hasta que se rompió el día, manteniendo

los dos brazos sujetos encima del pecho.
Moviendo los dedos de cuando en cuando.
Mientras mis pensamientos hacían círculos,
volviendo siempre adonde habían partido.
Ese hecho ineludible: hasta cuando
emprendimos este viaje
había otro, mucho más extraño,
que todavía debíamos hacer.





Sencillo






Un claro entre las nubes. El perfil

azul de las montañas.
El amarillo oscuro de los campos.
El negro del río. ¿Qué estoy haciendo aquí,
solo y lleno de remordimientos?

Continúo como quien no quiere la cosa terminando

el tazón de frambuesas. Si estuviera muerto,
me acordaría de mí, y no las podría
terminar. No es tan sencillo.
Es así de sencillo.





Enlaces: El poeta ocasional
De: "Bajo una luz marina", Colección Visor de Poesía, 1990
Traducción: Mariano Antolín Ratto

Imagen: www.laperiodicarevisiondominical.wordpress.com





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