04 abril 2014

José Watanabe


Fábula





En el cauce del río seco
una espigada yegua orina sobre un sapo agradecido.
Yo, que voy de paso, sonrío y recuerdo
             una antigua ley de compensaciones
de la magia: más feo el sapo
más bello y deslumbrante el príncipe.

Ay, pero la abundante orina de la yegua no es amor
Y, aunque amorosamente regada,
              no rompe los hechizos más perversos:
es sólo un poco de agua ácida en esta sequedad solar

La yegua se aleja trotando aliviada, moviendo
las ancas
como una muchacha. Yo voy por los espinos resecos
recordando al sapo:
               el pobre no tenía encantamiento
y se quedó solo
y soportando su fealdad inmutable
                                      y ahora meada





Vivero





La luz del sol atraviesa las cañas de la ramada
y cae moteada
                 sobre los helechos muertos.

Más allá la luz es atmósfera. Aquí
                 ss una lluvia de círculos intensos
que se hunden
como el humus y las plantas pútridas.

                  Amo esta luz
porque es el albor enterrado y fértil

que tiene toda serena corrupción.



Enlaces: El poeta ocasional
Imagen:http://www.discovernikkei.org/




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