Irma Elena Marc

El linaje de Pierángeli





“La niñez es un cuchillo atascado 
en tu garganta, imposible de arrancar…” 
(diálogo del filme canadiense “Les Jumeaux”).



Hubo una vez
al sol y a la intemperie,
otra muñeca,

se llamaba Elenita,

hundía sus raíces en el sueño
y el nombre, en ciertas leyendas familiares.

Elenita tenía ojos muy brillantes,
para conjurar la negrura del bosque,
que amenazaba con gritos de grandes bocas
en los alrededores.

La muñeca oía
lo que las nenas educadas
no deben escuchar,
a cambio, la Nena la abrazaba, apretándola fuerte
sobre su corazón.

La muñeca era lo único apetecible para la nena.

Cuando una miraba a la otra,
un destello azul las volvía incandescentes,
bajo esa luz,
y mientras ninguna parpadeara,
estarían protegidas,
pero cuando el sueño iba a buscar a la Nena,
la noche se derramaba
como sangre seca
en recipientes de cristal
 (a veces los rugidos
 de las grandes bocas
 del bosque,
 los hacían tintinear hasta romperlos).

Una noche,
tanta sangre ahogó a Elenita.
Subió una bruma
hasta la Nena
que estaba de pie al final del arco iris,
porque mientras se ahogaba,
Elenita
le regaló sus ojos,
que al encontrarse con los ojos de la Nena,
se transformaron en un arcoiris
para que pudiera huir

del bosque sangriento.

La voz de la nena cantó toda la noche el memorial de la
muñeca:
carrozas negras arrastradas por caballos
ávidos de silencio
cruzaban el canto,
flores calientes y débiles
que se deshacían en la noche

silbando como murciélagos

y un corazón
doblado sobre sí mismo,

que la Nena nunca más
abrió.




Irma Elena Marc (1951, Rosario, Provincia de Santa Fe. Reside en Corral de Bustos, Provincia de Cordoba, Argentina)
De: "Los ojos", Ediciones Ruinas Circulares, 2013

Imagen: www.laescueladenadie.wordpress.com

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Notas

Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER


(fragmento)

Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.